INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Apuntes sobre la incursión de las cineastas en México

Las brechas de género en la participación de las mujeres en el cine mexicano
/assets/images/placeholder.png
Miguel Domínguez
A manera de secuela del texto de febrero en el que se revisa la presencia de las lenguas originarias en el Anuario estadístico de cine mexicano del IMCINE (el documento estadístico más relevante de la cinematografía nacional), en esta edición se hará un repaso centrado en la figura de la cineasta.

Es de destacar que desde el primer y hasta el último Anuario se desglosa la presencia femenina en la Industria del Cine Mexicano (aunque al tema se le dedica, literalmente, solo un párrafo en el Anuario 2010). Pero, a diferencia de la peculiar y deprimente transición —de nada a la subida-bajada— que sufrió la estadística en el rubro de las lenguas originarias (acentuando su situación periférica), la cineasta se mueve con las tendencias. Lo que significa que desde 2010 ha visto un importante incremento tanto de números brutos como de las áreas tomadas en cuenta por las herramientas de investigación estadística, de las cuales fueron brotando subrubros como la mujer indígena y la mujer queer.

Inesperadamente (y con ironía) fue con el predecible y más amplio recorrer estadístico de la cineasta que pude poner el dedo en el gran problema que no vislumbré con la temática del primer texto: que las lenguas y comunidades originarias no fueron los únicos grupos en desaparecer de la estadística. Las previamente mencionadas identidades queer —bajo la categoría de Diversidad Sexual— desaparecieron junto con los temas de discapacidad y accesibilidad. Eso deriva en que, al buscar la palabra «mujer» en cada Anuario, las 150 menciones que se promediaron entre el Anuario 2021 y el 2023, de la nada cayeron a 82. 

Esta búsqueda de palabras es una forma un tanto rústica de medir la presencia de cada tema en los documentos, pero es el propio Anuario el que termina por validar la preocupación inicial que suscita esta caída sin contexto en la herramienta de búsqueda; así, y de manera ruidosa, se constata la pérdida de más de un tercio de volumen. La desaparición de estas temáticas no parece estar sustentada en un decrecimiento de sus números, ya que los tres temas: diversidad sexual, discapacidad y accesibilidad, y comunidades originarias, cuyo crecimiento, aunque sutil, era paulatino. Y, en dado caso de que su ausencia sí se deba a un decrecimiento numérico, aquello también debería ser un tema de enfoque en coherencia con las preocupaciones de los anteriores Anuarios.

No se debería dejar de mencionar esas ausencias dado que los abordajes de éste y el texto anterior se asimilan, pero también es válido reconocer el luminoso crecimiento tanto numérico como de herramientas utilizadas para desglosar la presencia de la cineasta en los últimos quince años. Es pertinente mencionar que IMCINE comenzó el proyecto del Anuario en 2010 con la primera mujer a su cabeza, Marina Stavenhagen. Ese año, 15 de las 69 películas producidas fueron dirigidas por mujeres (20%), mientras que en 2024 ese número incrementó a 58 de 240 (24%).

Es aquí donde se refleja la tendencia que las cineastas parecen seguir en cuanto a la fluctuación de la industria: tanto las películas dirigidas por mujeres como el total de filmes producidos en el país se cuadruplicaron por igual, siendo 2022 el mejor año, lo que es interesante dado que aún se puede considerar como temporada pandémica: 83 películas fueron dirigidas por mujeres (más de cinco veces la cantidad de 2010), representando el 32% en un momento en que se produjeron 258 películas. Pero esto es solo contando el trabajo directoral, que tiende a ser la medida más icónica e identificable. Conforme los años, el Anuario acrecentó el desglose de actividades no directorales, como guionistas, productoras y cinefotógrafas; actividades no relacionadas directamente a la producción de las películas, como docente en carrera, posgrado, talleres, cursos, diplomados, capacitación comunitaria; distribuidoras y exhibidoras; coordinadoras de espacios alternativos, así como cuerpo y cabeza de Festivales de Cine. También queda clara la creciente y dominante participación femenina en el cine documental, como su concentrado de premios dentro y fuera del país (tendencia cuya chispa parece recorrernos al muy premiado y permanente documental de 2016, Tempestad de Tatiana Huezo). Y antes de su repentina ausencia en el Anuario 2024, también se desglosa un creciente número de cineastas indígenas y queer.

Desde hace un par de años, las cineastas han acaparado alrededor del 40% del personal de la industria, la docencia y en las labores de distribución y exhibición. Alrededor del 50% del personal en Festivales de Cine son mujeres, con un margen de entre el 30% y 40% dirigiéndolos (incluyendo varios de los más importantes del país como el FICM, FICUNAM, FICG o el GIFF). Alrededor de 35% están siendo premiadas dentro y fuera del país. Y en una extraña incisión de doble filo, mientras aumenta la cantidad de películas dirigidas por mujeres, las películas con temática de género disminuyen, pues siendo un tema tan relevante para el país queda la incógnita de a qué se debe esta baja de 41 películas en 2022, a 22 en 2023, a 11 en 2024; no obstante, esto concreta la idea de que la cineasta está perviviendo más allá del tema fácilmente asociable a su figura, por lo menos pensando en la constancia de tales abordajes en las filmografías de nuestras directoras mejor sonadas.

A todo esto, hay otro doble filo en esta ampliación numérica. Por un lado, porque nos recuerda que el ideal de una industria sana, en términos de género, es algo que apenas asoma la cabeza; por el otro, el ir notando este añadido —de poco en poco— de las labores del cine que teje una concepción de que lo cinematográfico va más allá de la hechura de las películas. El cine también está en la formación de sus espacios, en armar proyecciones, en mover las películas a través del país, en la coordinación de proyectos, en la formación tanto de quienes harán las películas como de quienes ejercerán todas las tareas que florecen en su entorno y a través de las que seguirá floreciendo el cine.

Repitiendo el final del texto precuela —pues de qué otra forma podrían cerrar ambos—, queda ver hacia dónde nos llevan estos números y lagunas. Pues siempre queda por ver, entre esto y aquello, la pausa.

Miguel Domínguez Miguel Domínguez

 Nací en Lázaro Cárdenas, pero llevo 7 años siendo leonés. Escribo sobre cine a pesar de espantarme con Shrek cuando era niño (¿o debido a eso?). Mención honorífica del Sexto Concurso de Crítica Cinematográfica del Festival Internacional de Cine de Los Cabos. El tomate es mi comida favorita.