INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

El arte y la disidencia

La disidencia busca espacios en el arte, espacios que cambian y se transforman
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Rolando Ramos Cardona
La disidencia solo se puede desenmascarar cuando se le nombra en un lugar y a una hora determinadas porque lo disidente se contrapone a lo normativo, pero lo normativo muta todo el tiempo y es tan extenso como la geografía del planeta. Hay tipos de opresión de las que son víctima el 15%, el 50% o hasta el 90% de la población mundial. Las resistencias son diversas aun ante las mismas formas de violencia (clasista, machista, racista, etc.) en función de sus propios paradigmas sociales, económicos, políticos y culturales.

La transformación de todos estos paradigmas es importante para las luchas sociales, y en ello, la batalla en el terreno cultural es vital porque el discurso hegemónico normaliza la precariedad hasta hacerla pasar desapercibida. Por ejemplo, en Estados Unidos se hizo popular el Blackface durante el siglo xix, un show ‘cómico’ en el que hombres blancos se pintaban la cara para ridiculizar a los afroamericanos, los blancos asistían al teatro a reírse de chistes racistas en una época en la que se cometían atrocidades contra la población esclavizada; mientras que a los afroamericanos los desmoralizaban para evitar que se rebelaran leyéndoles versículos de la Biblia convenientemente seleccionados.

Los esclavos, en última instancia, son responsables ante Dios, su Amo celestial y les recomienda trabajar duro para sus amos. (Tito 2:9 y Colosenses 3:22). 

La sociedad no tolera las atrocidades porque los humanos seamos ‘bestias egoístas y despiadadas’, sino porque la cultura hegemónica hace que parezca normal, justo, natural o hasta mandato divino.

En ese sentido, la tarea de las y los artistas disidentes suele ser pedagógica en su esfuerzo por cambiar la narrativa. Arte Acción es una plataforma que “cruza presentaciones interdisciplinarias entre el performance, el activismo, el arte y las intervenciones urbanas” (Chávez, 2014). Desde 2012 trabajan por visibilizar y combatir los feminicidios, violaciones sexuales y otras agresiones a las mujeres en Chiapas; sus performances se caracterizan por involucrar a las madres de mujeres víctimas de feminicidio y a la ciudadanía en general, por ejemplo, organizando sesiones con las madres para bordar los nombres de sus hijas o elevando globos de papel con los mismos nombres escritos, actividades a las que además invitan a participar a los transeúntes para fortalecer la memoria colectiva de la ciudadanía. “Todas estas acciones/performances son momentos pedagógicos de activismo decolonial. Involucrando cuerpos de la ciudad, manejamos el espacio público como sitio de lucha” (Chávez, 2014).

Los artistas tienen convicciones políticas, y algunos, como cualquier otro ciudadano, se organizan para impulsar cambios en la sociedad, por eso el arte disidente muchas veces se presenta como activismo y es difícil de reconocer, pero la acción de las y los artistas está ahí, alzada en manifestaciones, colgada en mítines, interviniendo las calles con performance, montajes, grafitis, stickers, etc. Por ejemplo, en 2018, el Congreso Nacional Indígena presentó una serie de siete carteles, uno por cada principio del ‘Mandar Obedeciendo’ (servir y no servirse, representar y no suplantar, construir y no destruir, obedecer y no mandar, proponer y no imponer, convencer y no vencer, bajar y no subir), por su calidad técnica y la tradición de lucha que representan, causaron un gran impacto en la popularidad del concepto y se les ve acompañando múltiples acciones zapatistas en todo el país. Fueron diseñados por ‘Gran OM & Co’, un estudio de arte ubicado en Ciudad de México que hace propaganda para causas de justicia social y se ha involucrado en diversos movimientos apoyando con su arte durante distintas coyunturas.

En su esfuerzo por cambiar la narrativa, el arte disidente empuja desde la otredad para obtener espacios de representación. Según el Grupo de Estudios sobre la Mujer ‘Rosario Castellanos’, solo 5 por ciento de la obra expuesta en museos es de artistas mujeres, mientras que el 85% de los desnudos son femeninos. Ante esta situación, artistas, maestras, curadoras, críticas, gestoras culturales y más, se han esforzado por repensar la historia del arte desde una perspectiva feminista y construir espacios que luchen activamente contra la brecha de género en el arte.

La batalla en el terreno cultural atraviesa por la transformación del mundo del arte. Cuando los artistas señalan las adversas condiciones para desarrollarse en el mundo del arte, también están criticando qué será del arte en consecuencia. En octubre de 2021 se realizó la exposición Balconadas en Guanajuato, las obras se imprimieron en lonas grandes y fueron colgadas en balcones del Centro Histórico, la artista Cosa Rapozo expuso una obra titulada Cadena de oración, en la que puso un Piolín y escribió el siguiente texto con el que quisiera terminar de ilustrar el punto:

Señor, pido por l@s artistas de la ciudad que no somos remunerados por nuestro trabajo. Que encontremos la luz y no permitas que el arte decorativo triunfe.

Rolando Ramos Cardona (Monclova, Coahuila. 2002). Reside en Guanajuato, estudia la Licenciatura en Fotografía en la Universidad Veracruzana. Colaborador del colectivo NI QUE FUERA POLÍTICA.

Referencia

Chávez, B. (2014). Decolonizando acciones públicas contra el feminicidio con cuerpos disidentes: El performance y la plataforma arte acción en Chiapas México. Calle14, 9 (14), 30-43.

Rolando Ramos Cardona Rolando Ramos Cardona

(Monclova, Coahuila. 2002). Reside en Guanajuato, estudia la Licenciatura en Fotografía en la Universidad Veracruzana. Colaborador del colectivo NI QUE FUERA POLÍTICA.