Éramos unos niños (Just kids) fue publicado en 2010 y es, sin dudas, un homenaje a una intensa amistad y al amor puro entre dos adolescentes que deciden crecer juntos —como personas y artistas— sin ataduras, juzgamientos o abandonos entre ellos, sin importar los caminos que toman de manera individual.
"¿A dónde conduce todo?, ¿en qué nos convertiremos? Aquellas eran preguntas de juventud, y el tiempo nos reveló las respuestas. Conduce al otro. Nos convertimos en nosotros".
A lo largo de cinco capítulos Patti nos cuenta, de manera cronológica, parte de su infancia hasta su adultez, terminando con la muerte de Robert en 1989; pasando por todas sus crisis financieras, de identidad sexual, de amores y desamores, así como por sus momentos de júbilo más intensos en sus muchas alocadas noches compartidas en NYC.
Y si bien, en tiempos actuales, Smith y Mapplethorpe son considerados artistas de culto que representaron la contracultura y la transgresión visual, literaria y sonora de una época donde el movimiento hippie estaba en su auge, llegar a esa cima de la consagración intelectual les costó hambre, incomodidades, desilusiones, duelos y un duro descubrimiento del ser con un desarrollo personal y profesional duro que no se suaviza o romantiza en ninguna línea.
En esos inicios de sus carreras, cuando ambos llegaron a la Gran Manzana por diversas causas personales, Nueva York no contaba con la fama, infraestructura y desarrollo cultural y económico por la que es famosa hoy en día. En los años 60 y 70, lugares como el Hotel Chelsea o Max’s Kansas City se convirtieron en espacios seguros para renegados sociales que se entregaban a las artes para expresar puntos de vista, por lo que fácilmente se convirtieron en hogar para esta dupla que encajó perfectamente entre escritores, pintores y músicos como William Burroughs, Andy Warhol o Debbie Harry (Blondie).
Por ese contexto, tan importante en sus historias personales, en el que Patti y Robert consagraron su amistad —que siempre fue más que una simple amistad—, es que Éramos unos niños funciona también como una especie de padrón que introduce a las y los lectores a ese fragmento de la historia del arte donde, en el auge del movimiento hippie y psicodélico, el Pop Art encontró su lugar y los íconos de rock y blues sentaron las bases de sus carreras.
Como conclusión, este libro, por su hermosa narrativa, fotografías que lo acompañan, el contexto en que se desarrolla y el peso cultural de su autora, me parece una gran recomendación de lectura para escritores, artistas visuales y melómanos.