A través de estas líneas, Lilia Martínez (curadora de la exposición) y yo, Brenda Galván (Servicios educativos del Museo de las Identidades Leonesas), te contaremos cómo fue el proceso de creación de Mujeres. Memorias y poderes.
Para iniciar, es importante decir que el proyecto nació de la iniciativa ciudadana de una mente reflexiva, crítica y activa: Carolina Moreno Vidallana, estudiante de la licenciatura en Cultura y Arte de la Universidad de Guanajuato, quien hizo sus prácticas profesionales en el Museo de las Identidades Leonesas.
Carolina, a su corta edad, ya ha reflexionado tantas veces y desde tantas miradas sobre los procesos institucionales y sus injusticias, los procesos sociales y sus consecuencias, y por supuesto, los procesos de creación artística y su entorno, pues ella los ha encarnado.
Entre trabajo, charlas y reflexiones, Carolina y yo, un día hablamos sobre cómo las mujeres en el arte han sido invisibilizadas, particularizando los casos de las leonesas. Hasta que cierto día y con ciernes de titularse me propone: ¿y si hacemos una exposición sobre mujeres? Entusiasmada, comenzó a describir sus inquietudes. Sin más, solo pude decirle: «¡A trabajar!, tú sabes investigar, diseñar y cotizar, preséntanos una propuesta completa», misma que pudo volverse exposición en 2020 pero la pandemia nos atravesó; además, yo me retiré para parir y gozar de mi incapacidad.
A mi regreso al museo, algunas cosas se sentían distintas, la pandemia había trastocado la vida, el trabajo y las relaciones interpersonales, también venían algunos cambios. Respecto al proyecto de exposición, requirió ser replanteado con la vos peritum de alguien que tuviese trayectoria en perspectiva de género y pusiera en un crisol a las mujeres que Carolina quería nombrar. Nora Delgado, entonces directora de Fomento Cultural y Patrimonio del Instituto Cultural de León, sugiere consultar a Lilia Martínez para abonar a las motivaciones e intenciones de Caro. Luego compartidas por todas: Nora, Pamela (entonces colaboradora en el MIL), Brenda y Lilia.
Siendo así como Mujeres. Memorias y poderes dio sus primeros pasos. Será Lilia quien contará el desenlace.
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Tomando la palabra, como bien señala Brenda, Mujeres. Memorias y poderes nació de la pregunta de Caro: ¿Y si hacemos una exposición de mujeres?, pero, ¿qué hay detrás de esta pregunta?
Primero que nada, la ausencia de las mujeres como protagonistas de los relatos oficiales, un vacío que dicho a través del “Y si…”, enuncia una posibilidad. También está la conexión entre Caro, Brenda y Nora, mujeres que insertadas en una institución encontraron la relevancia y la forma para traer a las mujeres a la sala del museo.
Yo aparezco en el proyecto luego de la invitación de Víctor Hermosillo, coordinador del Museo, para hacer la curaduría. Dejando clara mi carente formación en museografía, acepté participar porque sé imaginar y contar historias, pero sobre todo, soy una convencida de la importancia de visibilizar la vida de las mujeres en diferentes espacios, de ahí, recomendé que la exposición no fuera un catálogo o escaparate de unas cuantas mujeres sobresalientes, sino una vía que mostrara historias en las que nos reconozcamos otras; una exposición en la que se pudiera sentir, pensar y dialogar.
Vinieron las reuniones con Víctor para reflexionar y debatir sobre los contenidos, debíamos definir qué queríamos decir en cada muro de la sala. Hablamos de materiales, formas y recursos. Revisamos y nutrimos la selección de mujeres con apoyo de Luis Alegre, cronista de la ciudad. Pronto apareció el conflicto de tener que dejar fuera a muchas mujeres que han aportado a la región, pues no contábamos con el tiempo ni el espacio para incluir a tantas.
Aún con el montaje de la exposición anterior, visitaba la sala tratando de responder estas preguntas: ¿Cómo mostrar la vida de las mujeres a través de estos muros?, ¿cómo hablar del contexto en el que sus historias se tejieron?, ¿cómo provocar un diálogo con ellas?
Llegaron las horas de investigación, busqué a las mujeres en sus biografías, sus obras, en lo que otras personas han contado sobre ellas; indagué con conocidos(as) de sus municipios o con quienes trabajan en los colegios fundados por ellas. De algunas encontré bastante información, de otras su curriculum vitae o alguna mención, de unas más, ni su foto existe.
Paralelamente, necesitábamos retratos de ellas. Se invitó al ilustrador José Luis Pescador, su estilo y trazo era ideal para mostrar los gestos y la personalidad de las mujeres, las queríamos presentar de manera honesta y cercana; en este sentido, decidí redactar las biografías de manera sencilla y en primera persona, antes de iniciar su texto me preguntaba: “Si yo fuera ella, ¿cómo me gustaría que me narraran?”. En el camino encontré a mis favoritas, mientras más mostraban de ellas —aún sin coincidir en posición ideológica—, más me cautivaban sus historias.
Cuando llegó el momento de redactar los textos complementarios, cayó un peso en mi espalda, reconocí la enorme responsabilidad que implica la autoridad para nombrar e incidir en la memoria colectiva. Debía seleccionar entre tantas formas de pronunciarme, un texto suficientemente breve, contundente y digno de ser apropiado por las y los visitantes. Duré días contracturada. Poco a poco Víctor y yo fuimos llegando a las conclusiones: Todas las historias están cruzadas por el ejercicio o la lucha por el poder, quisimos cuestionarlo y denunciarlo como discurso dominante, por ello, ampliamos las posibilidades para ser en este mundo a través de un título que hablara en plural (contrario a la propuesta inicial). Paralelamente, en los muros dejamos la propuesta de rescatar la cultura matriztica vs la patriarcal, idea que se vio reforzada con la hermosa obra textil de Elena Martínez.
Pues bien, Mujeres. Memorias y poderes es un proyecto que visibiliza a las mujeres, las nombra y les pone rostro. Es una exposición que evidencia la importancia de contar historias de vida como vía para tejer vínculos y adoptar a las mujeres expuestas como referentes emergentes para ser y hacer, dejando claro que mientras más se sabe de alguien, más cercanía se tiene con esa persona, tal vez, te vuelves más persona en ello.
Mujeres. Memorias y poderes deja preguntas fundamentales: Si luego de tu paso por el mundo alguien más escribiera tu semblanza ¿qué te gustaría que contara de ti?, ¿cómo te gustaría ser narrada(o), recordada(o), expuesta?
Pues bien, que los muros de esta sala sean una metáfora de las páginas de la historia oficial que también escriben las mujeres; que estas paredes se vuelvan los lugares en el mundo para nosotras: espacios para habitar libre, tranquila y dignamente.
