INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Fiat lux

Usar los sueños para crear, inspiración que transforma otras realidades.
/assets/images/placeholder.png
Roberto Carlos Holguin Moreno
Entender el inconsciente para plasmarlo en el arte. Sueños, pesadillas, realidades o ficciones, ¿qué buscamos como seres humanos?, y, sobre todo, ¿qué somos y qué permanece en esa parte tan íntima e intangible que se manifiesta al dormir?

Llevo algunos años trabajando en la industria de la exhibición cinematográfica, en específico en la realización y coordinación del Festival Internacional de Cine de Horror: Aurora, el cual hace algunos días cumplió ya 17 años de actividades, y entre charlas con algunos amigos, llegué a tener algunas dudas de qué es lo que buscamos en el cine, y en específico en el cine de terror u horror; pareciera irracional buscar, ver o escuchar en una sala a oscuras aquellas cosas que nos atormentan y estremecen en la soledad del subconsciente.

¿Qué buscamos: realidad o ficción?, ¿será que nuestras sensibilidades se vuelcan hacia la condición abyecta y nos encanta sabernos frágiles e ignorantes? Es muy probable que eso incluso se pueda responder en los sueños. Pues en ocasiones me pareciera un acto terapéutico vivir la experiencia de presenciar una ficción en un recinto dedicado a la observación y la escucha, pues el reposarte en una butaca me recuerda a mis sesiones más álgidas y catárticas en el diván del psicoanalista. Ahora me pregunto si el mismo terapeuta tendría la misma capacidad creativa de escucharme de la manera más cinemática posible.

Sensorialmente me parece que hemos emulado ese instante en que el cácaro del subconsciente se prepara para darnos una de las mejores vistas de nuestras memorias o conjuntos de abstracciones vividas y por haber.

El cine es un sueño hecho realidad y, a veces, plasma las pesadillas que juegan con la tensión de la realidad con un elegante vacío que nos deja el saber que somos espectadores dentro y fuera de esa subjetividad. Pero dentro de esas pesadillas también se gesta una especie de luz que es proyectada por un lente menisco, que dependiendo de la posición en la que se encuentre distorsionará o corregirá la fidelidad con la que la luz es emitida. Me gusta pensar que es así como funciona analógicamente el cómo soñamos, pues creo que, para soñar, hay que recordar, y el recuerdo es construido a partir de memorias que solo son posible mediante el uso de la luz, en pleno uso de una razón emotiva.

La razón que nos mueve nos invita a abandonar la tiniebla del olvido

Itzel Figueroa es el nombre de una artista celayense que quisiera traer a colación, pues dentro de los asombros que deja conocer la obra artística de alguien en ciernes, tuve la posibilidad de intercambiar algunas palabras e inquietudes con ella; una charla fascinante donde me posicioné en el lugar del psicoanalista interrogándole decisiones, maneras de ver y crear que ella procura en su trabajo.

En el libro de artista Abre la cabeza, de Itzel Figueroa, se nota que hay una inquietud por entender mejor sus sueños, las emociones que rumean por ahí e incluso, que a veces otras personas que saben de ella perfectamente, han empatizado. Con una manufactura muy sutil y pensada para la interacción con el espectador, este libro recurre a las intenciones de reinterpretar, reeditar y montar con diferentes extensiones las imágenes que para la artista han sido un acercamiento a las imágenes que en sueños parecieran ser recurrentes y una base onírica. Esa empatía con la posibilidad del espectador interactuando con sus imágenes, siempre lo aplaudo, pues constantemente se nos enseñaron los usos y costumbres decimonónicos del museo que canta la consigna: no tocar. Poder tocar, sacar y reprogramar un sueño a placer, me parece una posibilidad creíble en un sueño dentro de otro sueño, ¿no es así? Bueno, es por ello por lo que mencionaba que poder hablar del cine como un sueño hecho realidad, es también referirme a que el arte, hace los sueños realidad. El cliché es una herramienta didáctica muy noble en algunos momentos de la vida, sin embargo, las constantes o los absolutos nos limitan a entender toda la gama de grises que hay entre los extremos de la razón.

El acercamiento que se hace a las imágenes oníricas en las fotos es pulido, pero también con una esencia muy tímida que busca el asomo de la mirada por un discurso oscuro de aprender a recordar lo que soñamos, aún siendo cosas bellas o disruptivas en esa esencia, pues eso somos. Tal vez el soñar es un mecanismo que nos recuerda que la razón es dolorosa y sesga nuestras emociones para dar pie a la civilidad hegemónica. El espacio onírico nos da herramientas que no solemos saber usar en la realidad, y para Itzel ese medio que nos brindan nuestras emociones encaminadas a sacar de una pequeña caja esas imágenes, es poder asumirnos como seres capaces de construir ideas, espacios más congruentes con la condición idílica que buscamos al recordar.

Hay algo que aún no podemos conciliar y el tormento es preciso en ciertas dosis para entender el gozo que es poder vivir bajo la luz de la memoria.

Estar rebotando todas estas palabras y preguntas en mi cabeza, me hicieron llegar a una imagen muy precisa que es el grabado Fiat lux de Gustave Doré, donde se esboza una idea de cómo fue creada la luz, la cual ha sido un recurso recurrente en este pequeño escrito, y no es para menos, ya que sigo considerando que para poder entender la creación, hay que ser sensibles a los estímulos que se nos son dados en nuestro entorno y esta encrucijada que nos brinda el sueño, es que hemos visto por tantos años con los ojos del cuerpo, pero rara vez vemos con la mirada mística de nuestra mente. Las palabras también construyen miradas y pequeños parajes donde descansar. Todos somos capaces de crear esa luz y, metafóricamente, entender que pensarnos también es iluminarnos o fotografiarnos para asimilarnos.

Lo último que me queda decir es que hagamos como Itzel, quien nos invita a trabajar los sueños: sacando de esa pequeña caja el celuloide de fotogramas dispuestos a ser expuestos a la luz, proyectándolos en nuestro subconsciente. Un acto algo parecido a lo que hizo Zeus al pedirle a Hefesto sanar ese dolor de cabeza, dándole un certero hachazo que dio vida a Atenea, dispuesta a iluminar con su mirada como el glaucopis que figura en la filosofía, iluminando la tiniebla. Recordemos, pensemos y sintamos nuestros sueños e ideas, aún cuando sepamos que el vuelo es arriesgado, pues algo podremos encontrar y nos forje entre las nubes de la tormenta.

Roberto Carlos Holguin Moreno Roberto Carlos Holguin Moreno

(León, Guanajuato, 1994. Coordinador del Festival Internacional de Cine de Horror: Aurora. Fotógrafo y escritor. Su obra ha sido publicada en medios como CUARTOSCURO y ha sido expuesta de manera individual y colectiva a nivel nacional e internacional. Con estudios en Artes Visuales y Filosofía por la Universidad de Guanajuato.