Hay composiciones que —con toda la intención o de forma construida— ya sea por el contexto histórico, por quién es o representa la/el intérprete o simplemente por el maravilloso sentimiento de compaginar una emoción con música, se volvieron himnos.
Para hablar de música y la población LGBTI+ investigué sobre los temas que históricamente han significado ser un himno que represente el ser y sentir a nivel universal, así como en el habla hispana. Este fue un ejercicio divertido, conmovedor y de mucho aprendizaje, porque aunque parece que la música tiene que ver más con el Pride, la fiesta, la búsqueda de derechos y la conciliación, resulta también una forma de encontrarse, bastante reconfortante.
Y es que, además de investigar en tesis, indagar en algunos libros, escuchar podcast y leer artículos, pregunté a un círculo de amistades si llamarían a una canción su himno y cuál pondrían en primer lugar en su playlist de vida. Y sí, hice la playlist porque tenía que ponerme en el mood.
Primero, la parte teórica.
Himno
Del lat. hymnus, y este del gr. ὕμνος hýmnos.
m. Composición poética en loor de los dioses o de los héroes.
m. Composición poética en alabanza de Dios, de la Virgen o de los santos.
m. Composición poética o musical cuyo objeto es exaltar a una persona, celebrar una victoria u otro suceso memorable o expresar júbilo o entusiasmo.
m. Composición musical emblemática de una colectividad, que la identifica y que une entre sí a quienes la interpretan.
En artículos académicos encontré que para que una canción sea considerada un himno LGBTI+ influyen la letra, el haber sido tomada en momentos clave, y la identificación con la personalidad que la interpreta.
Desde las remembranzas a la importancia de la era disco y sus movimientos sociales destacan temas como I will survive de Gloria Gaynor, Y.M.C.A. de Village People y I feel love de Donna Summer.
Pero, como señala Hubbs (2007), un himno gay no sólo se define por su letra, sino por la forma en que la comunidad se apropia de él y le da sentido dentro de un espacio social compartido.
“Claro que existen himnos LGBT+. El más contemporáneo es Born this way. Lo más relevante para mí de esa canción fue la frase «Dios no comete errores». Me hace sentir tan válido, porque es una manera de hacerle frente a esas personas conservadoras que anteponen la fe para crear discursos discriminatorios hacia nosotrxs. Es una canción empoderante, para mí escucharla a los 11/12 años, cuando recién me iba definiendo, me daba mucha ilusión de encontrar un espacio seguro con un camino más abierto por delante”, menciona Irvin León, embajador de BNI Diversidad.
A punto de cumplir 15 años de su lanzamiento (2011), esta canción de Lady Gaga marcó un hito en la representación LGBTI+ en el pop contemporáneo. Gaga dio letra abiertamente inclusiva; una artista que lucha abiertamente por los derechos de la comunidad, looks, coreografía y un clip ‘de alto impacto’.
“A muchos de mi generación nos tocó esa canción más en una etapa tan vulnerable como la adolescencia, donde nos sentíamos como apartados en la sociedad por nuestra orientación, esa canción nos dió el mensaje de que «nacimos así» y de amarnos a nosotros mismos sin importar tu orientación sexual”, señala @chemita_galletita.
Así, la música se convierte en un espejo emocional y político, un lenguaje común para visibilizar la diversidad y exigir derechos. Y es aquí donde podemos hablar de figuras como Madonna, Donna Summer, Mercury, Bowie, Diana Ross y más para repasar los temas protagonistas de varios lip syncs.
Para profundizar, te recomiendo leer a Doris Leibetseder con Queer Tracks: Subversive Strategies in Rock and Pop Music (Ashgate/Routledge, 2012), una fuente académica que brinda un análisis de cómo y por qué cierta música se vuelve simbólica o liberadora para personas queer.
Ahora, saltemos al habla hispana.
En la España de 1986, Alaska y Dinarama lanzaron ¿A quién le importa?, una canción que llegó en un momento histórico, pero fue hasta después que se volvió estandarte del orgullo en el mundo hispano; figura principalmente al ser el tema central del World Pride Madrid 2017 (Latino USA, 2018).
“Indudablemente hay canciones que retratan parte de las vivencias de la población LGBT+ y con el paso del tiempo se convierten en himnos indiscutibles. Si nos referimos a la experiencia sáfica, una de las primeras canciones que logró retratarla con la ternura y potencia que se necesitaba fue Mujer contra mujer de Mecano. Después, por mucho tiempo hubo pocas o casi nulas referentes hasta el parteaguas que significó para el pop latinoaméricano queer la llegada de Javiera Mena y su forma de retratar el amor y deseo entre mujeres con canciones como Espada. Y, afortunadamente, en los últimos años hemos sido testigxs del surgimiento de más y más canciones que abordan distintas aristas de esta experiencia a través de voces como Young Miko o Chappell Roan, quien en 2024 nos regaló el más reciente himno sáfico: Good luck, babe”, comenta Marlene Rivas de Océano Sonoro (@oceano_sonoro).
Por otro lado, encontramos referentes y representaciones latinoamericanas con gran fuerza e influencia. Para México, no es sorpresa que salte el nombre de Gloria Trevi quien consolidó Todos me miran (2006) como un himno queer desde su reencuentro con la comunidad que la apoyó en sus momentos más oscuros (Soto, 2023).
Finalmente, bastó una búsqueda en Spotify para encontrar variadas listas de reproducción con millones de escuchas bajo las palabras clave himnos gays y pride anthem, en donde se enlistan otras canciones como Libertad, dueto de Christian Chávez y Anahí, exRBD; Solo se vive una vez de Mónica Naranjo; Believe de Cher; RuPaul; Miguel Bosé; t.A.T.u.; Juan Gabriel, entre muchos otros.
A forma de conclusión y gracias al compartir de sentires, un himno LGBTI+ no nace, lo hacen. Como una medalla que se porta con gran orgullo, reluciente, como un símbolo de una carrera que sigue, por la que se hace que todos los días que pueda pronunciar sin miedo y sin estigma.
Porque aunque existan muchos significantes para una sola oración, las palabras y melodías nos construyen como personas, porque sí, somos iguales.
“Más allá de ser parte de la comunidad LGBT+, para mí estas canciones de Bad Bunny representan algo esencial: el reconocimiento de que soy un alma. Que el cuerpo, la identidad, la sexualidad… todo eso forma parte de este plano, pero hay algo mucho más grande y eterno que vive en nosotros.
El mundo es mío habla de esa libertad del ser y vivirte, de recordarnos que el mundo es tuyo, es mío, y que cada quien tiene el poder de vivir desde su autenticidad o como le dé la gana (evidentemente sin maldad). Bendiciones, por otro lado, salió en plena pandemia y me marcó en soledad, como a muchos. Es más como un mensaje de agradecimiento, de seguir caminando a pesar del caos, enviando bendiciones a todos. Me recordó que incluso en los momentos más oscuros hay algo bueno esperándonos adelante. Ambas canciones, en lo personal, han sido como himnos que me anclan a mi verdad y a mi capacidad de crear una realidad propia, desde el alma. El mundo es mío con empoderamiento y bendiciones con alegría”, cuenta Marja C. Rosales V.
