El dibujo figuró en su vida de forma protagónica desde su infancia, incluso recibía libretas para explayar sus impulsos creativos, aunque, por supuesto, ésta no era el límite pues “rayaba en todos lados”, menciona naturalmente. Desde entonces su familia apoyaba que esta parte de él se desenvolviera sin tapujos.
Sus habilidades con el lápiz siguieron desarrollándose y encontró la manera de vender sus dibujos entre sus compañeros de clase; a la par, sus virtudes como líder comenzaron a relucir, pues al cambiarse de escuela en la adolescencia, entró en el programa de Misiones en donde los mentores le vieron un gran potencial para ser guía de otros y otras jóvenes. Fue parte de estas actividades que realizó por casi diez años, en los que adquirió facilidad de palabra y de conexión con las personas, algo que daría muchos frutos en el futuro.
Cuando llegó el momento de elegir un camino universitario, Diseño Gráfico fue la carrera seleccionada y justo ahí comenzó la gran travesía en la que, impulsados por una convocatoria realizada por los maestros, varios alumnos se reunieron en torno al gusto por el cómic. Este proyecto orquestado por docentes no vio la luz, sin embargo, surgió La Iguana, una publicación independiente integrada por algunos alumnos, como Horacio Horax Hernández, Agustín Rivera, Napo Martín del Campo y Gastón Ortiz.

Al pensar este proyecto se puso sobre la mesa que el gusto por el chisme era un tema en común entre las y los jóvenes leoneses —dado el fenómeno de la revista Hey! en las preparatorias—, por lo que fue parte de la materia prima para el contenido, creando personajes a partir de compañeros de estudio. Así, entre irreverencias y creatividad, fue construyéndose este proyecto disruptivo que más adelante sería vetado. ¿La razón? En uno de los tomos integraron un regalo sorpresa: un condón —detalle inspirado a partir del cúmulo de embarazos no planeados que surgieron—. ¿Quién fue llamado a rectoría? Solamente el Iguanomayor.
Pero antes de que La Iguana fuera exiliada del campus estudiantil, ganó una gran popularidad en la comunidad universitaria y logró que aquellas personas que se sentían juzgadas por su gusto por el cómic encontraran una comunidad. Cada integrante recibió un sobrenombre en relación a sus características personales; iguano intelectus, iguano esto y aquello… y debido a su altura y su desempeño como líder, él se convirtió, desde ese momento, en el Iguanomayor.
“La Iguana, lo que hizo es que nos dio una identidad a cada quien, pero a mí me formó, o sea, sin La Iguana yo no sería”.
Ese ímpetu por el género también desembocó en Es Cómic!, el primer evento de historietas en León que se llevó a cabo en la entonces UBAC, para más tarde crecer y ser un evento, sí organizado por un comité de estudiantes, pero abierto a todas y todos los leoneses, logrando conseguir como sede el Teatro Manuel Doblado durante todo un fin de semana.
A partir de esos dos proyectos se logró: abrir el primer taller de cómic en la ahora Escuela de Artes Visuales Antonio Segoviano, una sección en el Periódico am que se llamó ¡Qué manía! y que estuvo presente durante 100 ediciones, entre otros precedentes que fueron marcando el camino de esta expresión creativa en la ciudad.
Una vez que les fue prohibida la distribución de la revista dentro de su alma mater, los esfuerzos se concentraron en llevarla fuera de ésta y la personalidad del Iguanomayor fue clave, una vez más. Este nuevo alcance los llevó a estar presentes en Ciudad de México y cuenta la anécdota que fue en la fila a un evento por allá que les pidieron autógrafos por primera vez, pues el público tuvo una recepción entusiasta por lo que hacían.

La inquietud desbordante por conocer más de este mundo creció sus ramas hacia la animación. Luego de que en una muestra de video independiente conocieron el trabajo de los salamantinos Miguel Ángel Martínez y Ramón Salas, se conectaron con ellos y ellos les compartieron su conocimiento, aprendiendo así a hacerlo por sí mismos. Así, mezclaron el cómic con la ilustración, narrativa y creación de personajes e iniciaron el primer estudio de animación en León: Cuarto de siglo, que los haría llegar a lugares que nunca se imaginaron.
Pronto comenzaron a participar por becas, concursos y a colaborar con proyectos como el GIFF, donde se comprometieron a animar las cortinillas de cada una de las categorías de premiación en el 2002. Este trabajo les consiguió un premio en el festival Pantalla de Cristal donde conocieron a Ricardo Arnaiz, quien inicialmente se molestó por haber perdido contra esos “desconocidos”, pero después los volvería parte de su proyecto La leyenda de la Nahuala. De ahí en adelante todo se transformó en un desenfrenado porvenir de trabajo y experiencias fuera de serie.
En esta película fueron 10 los minutos que animaron en primera instancia, entre estos la icónica escena en la que se coloca el altar de muertos. Para la edición de DVD de colección, les fue encargada la misión de rehacer una escena que en la primera edición estuvo a cargo de otro estudio, ya que Arnaiz no quedó satisfecho y ellos fueron los elegidos. En ésta, tuvieron la libertad de rehacerla como la habían imaginado, rindiendo tributo a Tin Tan y al Loco Valdés.
Lo que vino después incluyó su participación en las películas Nikté, La Revolución de Juan Escopeta y El Santos contra La Tetona Mendoza, así como en la radio, en conferencias y en espacios compartidos con personajes populares como los creadores de Huevocartoon, Ánima Estudios y otros proyectos tanto artísticos como de la iniciativa privada; pero uno de los sectores más importantes de su quehacer fue la formación de otras y otros jóvenes. De hecho, en alguna ocasión, varios chicos de una universidad en Oaxaca pasaron su verano realizando sus prácticas profesionales en ese espacio de aprendizaje e invenciones.
Como toda historia, los años transformaron la vida del proyecto y de cada individuo, entonces, naturalmente, los planes de cada uno tomaron rumbos diversos y fue el Iguanomayor quien permaneció de la mano de más colaboradores; pero poco antes de la llegada de la pandemia de COVID-19, el estudio dio su último respiro, ocasionado por una combinación de factores que fueron inevitables.
El capítulo que siguió para el Iguano fue el del activismo en favor de los animales, en pro del rescate y la adopción perruna; pero también realiza talleres de cómic, animación y tiene una gran motivación por crear un espacio de difusión para artistas y proyectos creativos —partiendo de lo difícil que fue que, en su momento, creyeran en su proyecto anterior al boom de las películas—. Esto lo ha logrado haciendo uso de sus redes sociales y su colaboración con El Pípila.mx.

Con nostalgia nos ha compartido que, luego de años de toneladas de trabajo que lo mantenían en movimiento desenfrenado, arribó una depresión creativa que lo ha conducido a una reflexión que merece la pena ser escuchada por todas y todos aquellos que vivimos apasionados por nuestros proyectos: “Apasiónate, pero no te manches”, a lo que refiere que por muchos años descuidó cosas que eran importantes —relaciones, familia, sentimientos— por sólo enfocarse en su labor.
“…Tenemos que equilibrar nuestros sentimientos, decir, wey, o sea, ¿por qué me tengo que esclavizar? (...) y entonces, yo creo que podríamos hacer el viaje, sí, pero de otra manera. Eso es la recomendación; sí podemos apasionarnos, pero no en el nivel de que te jode cosas…”.
La entrega del Iguanomayor y todas las personas que fueron parte, construyeron un precedente importante en la ciudad en cuestiones del cómic y la animación que quizá ha empujado a que sucedan otras propuestas en los años que siguieron. Quizá, ahora sea menos complicado ser parte de un escenario nacional, pero pensando en el contexto en el que La Iguana, Cuarto de Siglo y Es Cómic! nacieron, cada logro fue titánico.
Entregarte de lleno a lo que amas siempre traerá frutos, pero recuerda: “Apasiónate, pero no te manches”.
Y, si pudiera describirse a través de la música, estar serías las canciones que harían la labor: https://open.spotify.com/playl...