INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

La sabiduría de los años

La vejez como símbolo de sabiduría y guía en culturas antiguas.
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Pamela Pedroza
Ya sea en el cine o en la literatura, es muy común que nos encontremos con el valor de la sabiduría personalizado por un anciano o una anciana; un papel que siempre resulta clave por ser esa figura que acompaña y aconseja en la adversidad, guiando a otros por un camino de aprendizaje y resolución.

Esto se debe en gran parte a que, en diversas culturas antiguas, la vejez ha ocupado un rol protagónico en la transmisión de saberes para el desarrollo de la sociedad, trayendo información valiosa del pasado al presente con miras a que esto perdure por generaciones.

Incluso Carl Gustav Jung integra la figura del sabio (o viejo sabio) en su teoría de los arquetipos, en la que clasifica a las personas por los roles y personalidades que desarrollan al interactuar con la colectividad y que se repiten en las distintas sociedades y culturas, lo cual podrás concluir por ti mismo durante los siguientes párrafos.

Comencemos por las culturas asiáticas, las cuales tienen gran parte de sus bases en el confucianismo, donde existe un principio llamado piedad filial (xiào) que es la virtud de, no sólo respetar, sino poner por encima de sí mismo a los padres, los ancianos y los ancestros, pues se piensa a estos como la base de una sociedad buena; es devolver lo que ellas y ellos han entregado y, de esa manera, alcanzar la cultivación de la perfección. Esto no se enseña como una elección que cada humano toma, sino como una obligación, y se encuentra desplegado en relatos de diversas culturas asiáticas en las que, a pesar de ser practicantes de distintas religiones, es este un principio que comparten.

En la antigua Roma, a las personas de entre 46 y 60 años se les llamó senex o senior. A través de pinturas y bustos podemos ver que eran representados con características de dignificación, a pesar de que se hacían evidentes las características físicas de la vejez; esto nos habla de que ser parte de este sector de la población era una virtud. En esta cultura, los jefes de familias con muchos integrantes eran los hombres de mayor edad y tenían autoridad sobre sus hijos, sin importar su edad, hasta su muerte. Al igual que en la filosofía confuciana, existía una virtud filial considerada como una obligación en agradecimiento a su entrega como padres y madres, y es expresada en relatos como los de su fundación.

Refiriéndonos a la cuestión política de dicha cultura, desde los comienzos de esta República los ancianos eran quienes tomaban las decisiones importantes; así se crea el Senado como una congregación de ancianos (senes) que tenían una alta posición social o destacaban por sus habilidades y experiencia. De igual manera, en Grecia existía la Gerusía, un congreso integrado por hombres de más de 60 años con objetivos legislativos que decidían cuestiones relacionadas a la guerra y la paz, así como asuntos judiciales.

Desde otro punto del globo terráqueo, en la India, en donde el hinduismo es clave del constructo social, se habla de cuatro etapas del desarrollo de un humano clasificadas, principalmente, por intervalos de edad y papeles sociales. La vejez se encuentra en el vānaprastha y sannyasa, ligados al concepto de renuncia, en la que las personas, especialmente en la vejez, entran en un proceso de desapego de lo material y las obligaciones sociales; en estas etapas se dedican a alcanzar la más alta sabiduría y estado espiritual, lo que les convierte en consejeros de las generaciones jóvenes.

En los pueblos indígenas de Norteamérica, los humanos son valorados como poseedores de conocimiento, historia y espiritualidad en esta etapa de la vida, y en la colectividad toman posiciones de líderes y mensajeros de los valores tradicionales de su comunidad. Son una pieza clave, pues su conexión con la naturaleza se considera muy aguda; una característica que es esencial para la existencia de estos pueblos. 

Durante la época prehispánica de Centroamérica y Sudamérica, aunque no había una esperanza de vida alta, la vejez era un valor de sabiduría y experiencia que describía a aquella población de edad mayor que ocupaba puestos como el de sacerdote (uno de los más altos) o el de médico (por su amplia experiencia en herbolaria) y tenían alta injerencia en la preparación de la guerra y la fundación de las ciudades; de igual manera, asumían roles como el de preservar ritos y otras tradiciones, establecer las reglas familiares e, incluso, elegir al nuevo gobernante en una especie de Colegio electoral.

Las culturas africanas tradicionales difunden el respeto por los ancianos y ancianas como un valor central. Se venera el pasado más que el futuro y se considera al anciano por excelencia como dios mismo, es por ello que en el lenguaje de distintas regiones de África la palabra dios se relaciona con la manera en la que se nombra a las personas de la tercera edad, como ejemplo, las palabras Unkulunkulu y Mvidie Mukulu significan dios, y kulu refiere a los conceptos de excelente y viejo. Para esta cultura, después de la deidad van los ancestros, que son los más ancianos de la humanidad, pues de ellos se adquirió la tierra que habitan, las tradiciones, el lenguaje… Se les venera porque se les agradecen las posesiones de la actualidad.  

Para el Islam, el respeto a los mayores es fundamental, pues predica que honrarles es honrar a Alá, es por esto que en una jerarquía social sitúa a los ancianos en la cima. Ello lo ilustra por medio de pasajes en sus libros que son el Corán y el hadiz.

Si seguimos con un recorrido por otros sistemas de creencias, encontramos que en el judaísmo el interrumpir a un anciano o anciana, tomar su lugar o contradecirlos va contra las leyes judías. En esta religión es preciso rendir tributo a la vejez como una manera de honrar a Dios, por ello se menciona que estos protocolos no son precisamente para glorificar a la persona, sino a la deidad.

Otro ejemplo es la biblia cristiana, en cuyos pasajes también se utiliza la figura del anciano como una representación de sabiduría, liderazgo, consejo e incluso heroísmo. En muchos de los textos estos actúan como representantes o mensajeros de Dios en su comunidad.

La mayoría de estas referencias hablan de culturas originarias de los territorios que habitamos en la actualidad; en algunos, su cosmovisión aún identifica a la población y en otros (sobre todo los territorios colonizados como el nuestro) las creencias, tradiciones y orden social han cambiado con respecto a nuestros ancestros. 

Un ejemplo de tributos que permanecen se ubica en la India, donde un acto de reverencia es el tocar los pies de los ancianos (Charan Sparsh) con el propósito de recibir la bendición de su sabiduría. Se dice que al hacerlo provocas su felicidad; su corazón está en paz y tú recibes amor y bendiciones.

Actualmente, en Japón se conmemora el Día del Respeto a los Ancianos (Keiro no Hi), que celebra y honra a las personas de la tercera edad por lo que han contribuido en su sociedad y sensibiliza sobre la importancia de su experiencia. Se realiza el tercer lunes de septiembre y, como parte de las tradiciones, el gobierno envía un obsequio a aquellos que han llegado a los 100 años de edad. Además de las visitas a familiares, las infancias y jóvenes realizan presentaciones de canto y baile, y se da una cobertura mediática muy amplia.

Para China esta celebración es el festival Chongyang o Doble Nueve. Originalmente no tenía ese propósito, pero debido a que, en chino, la palabra nueve tiene la misma pronunciación que la palabra eterno, se le ha agregado el significado de desear longevidad y salud a la población de ancianas y ancianos.

En el mundo occidental se han establecido fechas que celebran el Día de los Abuelos en distintos países y, a nivel internacional, la ONU estableció el 1 de octubre como el Día Internacional de las Personas de Edad con el propósito de visibilizar la contribución social y económica de los adultos mayores, así como sensibilizar sobre los obstáculos a los que se enfrenta esta población. 


La lectura de estas referencias nos dejan ver por qué Jung menciona al viejo sabio como un arquetipo de personalidad que es parte del ecosistema social, y por qué aparece en tantos productos narrativos como lo es Yoda, Gandalf, Dumbledore,Tanana de Tierra de Osos, el árbol de Pocahontas, Rafiki de El Rey León, el señor Miyagi, entre miles más. Justamente las características de los arquetipos surgen de la vida diaria.


En el presente, el papel y valor que como sociedad hemos dado a la vejez en el mundo occidental ha cambiado drásticamente tras un protagonismo exagerado del concepto de productividad y en el que existe una preocupación desesperada por retrasar signos de la edad. Es preciso sensibilizarnos como humanos y otorgar el valor merecido a esta etapa de la existencia más allá de películas y libros, construir respeto y admiración por el  conocimiento y la sabiduría que los años vividos otorgan.

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