Joaquín Salvador Lavado (Mendoza, Argentina 17 de julio de 1932), mejor conocido como Quino, es el creador de la pequeña de abundante cabellera negra, vestido rojo y ojos grandes que parecieran mostrar una viveza detrás de la inocencia de una figura infantil; pero, para entenderla, habría que conocer un poco de la mente detrás y el contexto histórico en que surgió.
Hijo de inmigrantes andaluces, Quino era el menor de tres hermanos. Durante dos años asistió a la Escuela de Bellas Artes en Mendoza y desde temprana edad supo que lo suyo era el dibujo:
“Creo que la decisión la tomé a los tres años cuando me quedé una noche al cuidado de mi tío Joaquín[...] quien se puso a dibujar para entretenerme, y me di cuenta todo lo que podía salir de un lápiz. Yo quería ser dibujante de historietas, cuando debía comenzar la escuela mi mamá tuvo que convencerme: debía ir a la escuela porque para poder escribir los textos de las historietas que hiciera cuando fuese grande tenía que aprender a escribir y eso me lo enseñarían en la escuela”. Quino, 2005.
Su vocación se conjuntaría con el contexto de ese momento, pues cabe recordar que durante varias décadas se vivió una inestabilidad política en el país tras la salida del poder de Juan Domingo Perón, los constantes golpes de Estado e incluso el intento de asesinato de un expresidente; a la par, la juventud argentina comenzó a tomar relevancia como sector social y cultural diferenciado, y a nivel mundial se fortalecía la lucha por los derechos de las mujeres, así como los derechos por la paz debido a la Guerra Fría.
“En 1964 y en el marco de las tensiones provocadas por la proscripción peronista y la amenaza de retorno de Perón, se produjo en Argentina un frustrado atentado al ex presidente Arturo Frondizi (1958-1962). En su trama se articula el clima de violencia política imperante, tensiones partidarias, entre fracciones políticas y militares y el papel jugado por las organizaciones armadas de inicios de los sesenta y sus vínculos con la dirigencia gremial y la militancia peronista”.
Tomando en cuenta esta muy breve aproximación al entorno en que surgió Mafalda, parecería que la afinidad de sus ideales (o mejor dicho, los de Quino) con la sociedad fueron tomando relevancia hasta convertirse en una voz masiva. Así, lo que surgió como un boceto para publicitar el lanzamiento de la línea de electrodomésticos Mansfield (que como dato curioso varios de los personajes debían comenzar con la letra M y de ahí Mafalda) y que finalmente nunca vio la luz, llegara a convertirse en un histórico de los cartones.
A partir de esta tira también se han realizado diversos estudios y más de uno tiene como punto en común el papel de Mafalda en la lucha de la equidad de género a través de sus mordaces críticas y preguntas que por demás resultaban incómodas para muchos.
“En términos generacionales, el personaje de Mafalda quedó situado en una zona de desfasaje entre la maduración biológica y la maduración intelectual. Tenía razonamientos que eran propios de un adulto o, más bien, de una joven o adolescente conflictiva que refutaba a su padre y a su madre (...) Esta incongruencia provocaba la sonrisa. Descubría las debilidades de las personas adultas pero, al hacerlo, reinstalaba la ternura que despertaban los niños y las niñas. De ese modo, quedaba mitigado el efecto de la ironía”.
Ahora, y en este mismo tema, tomemos como referencia el personaje de Susanita, que se contrapone a los ideales de Mafalda aunque son mejores amigas. Susanita es el estereotipo de lo que se pensaba en ese momento era el rol de la mujer, alguien que desde la infancia debía tener como prioridad ser madre y procurar a su esposo, una meta de vida que se definía per se para las mujeres de aquella época.
“Mafalda no necesita decir que es feminista para serlo y hacer la crítica que todas las feministas hacemos todos los días; es quien siempre estará del lado de las causas sociales como los derechos de las mujeres y de la niñez. Ella nos aproxima a estos temas que son relevantes para lograr una igualdad social”, mencionó Karla Amozurrutia Nava, directora del Área de Gestión Comunitaria y Erradicación de las Violencias de la Coordinación para la Igualdad de Género para UNAM Global.
Pero éste no sería el único tópico que abordaría Quino a través de la tira donde poco a poco fueron apareciendo personajes que simbolizaban diversos aspectos de un mundo cada vez más globalizado, tal como lo representa el buen Felipe, un personaje soñador, enamorado y lector de El llanero solitario que en alguna ocasión lanzó la idea de que algún día se dará más valor a la cultura que al dinero; premisa que seguramente haría que Manolito Goreiro se infartara.
Es precisamente este último personaje quien representa al capitalismo, ya que antepone el dinero y los negocios a cualquier tema. Es hijo de un tendero español y nunca pierde la oportunidad de promocionar los productos de su padre.
Quino también dio vida a Miguelito, un soñador rebelde de ascendencia italiana que podía hacer preguntas a primera vista muy torpes pero con un trasfondo que bien valían la pena tomarse unos minutos para analizar. En tanto, Libertad es la más pequeña de estatura del grupo, tal como la libertad, pero con ideales más radicales a los de Mafalda; una niña antisistema.
La familia de Mafalda está conformada por Guille, su pequeño hermano, quien, a diferencia de ella, ama la sopa, tiene una fuerte adicción por el chupón y es el único que va creciendo a lo largo de la historieta. Sus padres son Raquel y Alberto; él corredor de seguros y ella ama de casa. La familia representa la clase media donde una cierta estabilidad podría ser suficiente para llevar la vida; es por eso que la pequeña niña constantemente cuestiona a sus padres.
Así, a través de viñetas y personajes con personalidades bien definidas y mordaces, Quino abordó temas que movían conciencias y que, a pesar de que ha pasado más de medio siglo desde la creación de Mafalda, sus temáticas siguen siendo vigentes, lo cual también nos hace cuestionar qué tanto hemos avanzado como sociedad.
Tanto fue —y es— el impacto que ha tenido esta tira cómica que incluso el mismo Umberto Eco realizó el prólogo de Mafalda la contestataria (1969), a quién definía como “un héroe de nuestro tiempo”.
“En Mafalda se reflejan las tendencias de una juventud inquieta, que asumen el aspecto paradójico de una oposición infantil, de una eccema psicológica de reacción a los medios de comunicación de masas, de una urticaria moral producida por la lógica de los bloques, de un asma intelectual originado por hongos atómicos. Puesto que nuestros hijos se preparan para ser —por elección nuestra— una multitud de Mafaldas, nos parece prudente tratar a Mafalda con el respeto que merece un personaje real”. Umberto Eco.
Referencias
Cosse, I. (2016). “Ese monstruito”: Mafalda, generaciones y género en una
construcción mítica. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 14 (2), pp. 1549-1561.
Torres, B. (2022, agosto 20). Mafalda, crítica de los roles de género. UNAM Global. https://unamglobal.unam.mx/maf...
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(N.d.). Gov.Ar. Retrieved November 18, 2022, from https://ri.conicet.gov.ar/hand...
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Mafalda: crítica a una sociedad global
La densa melena de Mafalda es conocida en todo el mundo, su ironía y la comedia involuntaria nos han hecho reflexionar sobre este mundo. Sin duda alguna, una de las caricaturas más influyentes en la historia.
05 dic. 2022
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