Comprender el papel de la mujer en la historia del arte en México nos remite a una ardua labor por parte de las y los investigadores. En el caso de la pintura, con la llegada del siglo xx, las mujeres mexicanas tomaron un lugar visible; dejaron atrás el hobby y el cobijo masculino para emprender paulatinamente su propio camino como artistas. En ese sentido, hay un campo vasto por investigar, reflexionar y difundir acerca del quehacer artístico y cultural de mujeres como Lola Cueto (1897-1978), Isabel Villaseñor (1909-1953), Aurora Reyes (1908-1985), María Asúnsolo (1904-1999), Inés Amor (1912-1980), por mencionar algunas.
El presente texto versará acerca de María Cenobia Izquierdo Gutiérrez, mejor conocida como María Izquierdo (30 de octubre de 1902 San Juan de los Lagos, Jalisco – 2 de diciembre de 1955, Ciudad de México), una pintora que tuvo un lugar relevante en el arte mexicano de la primera mitad de la centuria pasada; cuya obra forma parte de importantes colecciones públicas y privadas.
María Izquierdo Gutiérrez vivió su infancia en su lugar natal. Cuando tenía 9 años falleció su padre y se trasladó con su madre a Saltillo, Coahuila; donde la obligó a casarse a los 14 años con Cándido Posadas; juntos procrearon tres hijos: Carlos, Amparo y Aurora. Se matriculó en la Academia de San Carlos en febrero de 1928, institución en la cual conoció a Diego Rivera (1886-1957), en ese momento director de la institución citada y promotor de la naciente carrera de Izquierdo.
El año de 1929 fue un hito en la vida de la jalisciense. Después de separarse de su marido inició una relación amorosa de casi cuatro años (1929-1933) con Rufino Tamayo (1889-1991). En junio dejó los estudios formales para seguir por su propia cuenta. Meses después, en noviembre, expuso por primera vez en la Galería de Arte del Teatro Nacional (hoy Museo del Palacio de Bellas Artes).
El año de 1930 fue el principio de una trayectoria fructífera. María Izquierdo expuso en el Arts Center de Nueva York, hecho que la convirtió en la primera mexicana en presentar su obra en el extranjero. Entre 1929 y 1948 tuvo una vida agitada, pues complementó su quehacer pictórico como profesora de Enseñanza de Artes Plásticas de la Secretaría de Educación Pública y con una participación activa en grupos como la Liga de Escritores Revolucionarios (LEAR) o el 30-30. Entre sus amistades se pueden mencionar a Pablo Neruda (1904-1973), Antonin Artaud (1896-1948), Lola Álvarez Bravo (1907-1993), así como otros personajes importantes del momento.
Para 1945 María Izquierdo gozaba de reconocimiento en el panorama artístico mexicano, ya que su obra se consideraba auténtica, espontánea y colorida.
En ese año se le presentó una oportunidad que anhelaba: pintar un mural. El licenciado Javier Rojo Gómez (1896-1970), jefe del Departamento Central (cargo equivalente al que en la actualidad ocupa Claudia Sheinbaum), le extendió la invitación para decorar los muros de la escalera monumental y los plafones del Palacio del Departamento Central (inmueble que en la actualidad conocemos como Antiguo Palacio del Ayuntamiento). Con los andamios colocados el proyecto fue suspendido, después de algunos meses fue cancelado sin esclarecer los motivos; hecho que suscitó una fuerte polémica que ponía en duda su calidad como pintora.
Cabe apuntar que para 1945 las hermanas estadounidenses Grace y Marion Greenwood, así como las mexicanas Aurora Reyes y Frida Kahlo (dirigiendo al grupo de alumnos conocidos como “los fridos”) habían incursionado en el terreno masculino del muralismo pintando en edificios que no tenían con una gran relevancia histórica ni eran concurridos, a diferencia de los espacios que les asignaban los pintores.
La negativa para efectuar su proyecto mural le provocó una fuerte depresión que desembocó en una serie de hemiplejías que complicaron su estado de salud, hasta que falleció el 2 de diciembre de 1955 en la Ciudad de México. En ese momento preparaba una exposición con motivo de sus 25 años de carrera artística que se llevaría a cabo en el Palacio de Bellas Artes, en el primer semestre de 1956.
Con el correr de los años, la obra, así como el contexto que circunda a la pintora sanjuanense, han causado interés por parte de los especialistas pero, como podrá percatarse el lector o lectora, faltan aspectos por profundizar y puntualizar; asimismo, difusión para evitar que María Izquierdo siga en el límite del recuerdo y el olvido.
Referencias.
1 Octavio Paz, “María Izquierdo situada y sitiada”, Vuelta, núm. 144 (noviembre de 1988), 27.
