INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Más que cine, un acto de cuidado

Una ficción atravesada por lamemoria familiar y una mirada responsable sobre la salud mental
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Edgar A. Aguirre Vega
Durante años, Christian Cornejo mantuvo en su mente una historia que maduró en silencio, pero tuvo que transcurrir casi una década para que llegara el momento de ser contada a través de la cinematografía.

Dos hermanos de siete es esta narración que podría considerarse el trabajo más íntimo del cineasta salmantino. Una ficción atravesada por la memoria familiar, la experiencia personal y una mirada responsable sobre la salud mental, especialmente la bipolaridad. “Está inspirada en mi mamá, en mis tías, en las mujeres que han acompañado a mi tío durante más de veinte años”, comparte Christian.

El cortometraje cuenta la vida de Guadalupe, una trabajadora de una fábrica de calzado cuya rutina se ve interrumpida por una decisión inesperada: abandonar todo para cumplir un sueño postergado. Antes de partir, se reencuentra con Óscar, su hermano, a quien no ha visto en años. Ese encuentro los obliga a atravesar conflictos familiares y condiciones de salud mental que ambos desconocían. Cabe destacar que las actuaciones principales corren a cargo de Noé Hernández (ganador del Premio Ariel) y Gabriela Ruiz, figuras reconocidas en el panorama nacional.

“Hice este personaje ficcionado para darle voz a la fuerza femenina. Y con preguntas que siempre me volaron la cabeza: ¿qué pasa con las personas que viven con esta condición cuando se quedan solas en el mundo?, ¿qué pasa con las personas cuidadoras?, ¿dónde están sus sueños?, ¿dónde están sus ilusiones, sus cansancios?”.

El proyecto se articula a partir de tres ejes fundamentales: la salud mental, el lazo familiar y la experiencia de las personas cuidadoras. Lejos de buscar una representación espectacularizada, Dos hermanos de siete apuesta por lo íntimo y lo sensorial, volviéndose fundamental el trabajo en locaciones reales, sonidos ambientales y acciones cotidianas que construyen la emocionalidad del relato.

“Me gusta mucho, más que cosas rápidas, poder capturar momentos muy íntimos, muy interesantes, como tomar agua, ver una revista, ese tipo de cosas que yo creo que se pierden y que, a lo mejor, uno ya no lo percibe, pero que sí son muy interesantes, ¿no? La forma en que alguien agarra una taza de café, en que carga una pluma… Ese tipo de cosas creo que van construyendo la intimidad de cada personaje”.

En 2025, el proyecto fue seleccionado dentro del programa Impulso del Instituto Cultural de León. Más allá del apoyo económico, el cineasta destaca el uso de estas herramientas e instrumentos para la generación de alianzas que permitan reforzar los proyectos y asentar bases sólidas en el desarrollo de los mismos, sea cual sea su área.

“Es un gran impulso para poder desarrollar ideas, hacer cine independiente en Guanajuato es complicado y que puedan existir estas herramientas, estos fondos, realmente estamos en un área muy privilegiada a comparación de otros estados. Es una gran oportunidad para crear procesos artísticos. Te da una credibilidad también ante otras instituciones”.

Ahora el proyecto se encuentra en etapa de posproducción con miras a integrarse en festivales a partir de marzo, una ruta de exhibición que se espera dure alrededor de año y medio. Posteriormente, se busca una itinerancia acompañada de pláticas con profesionales que profundicen en el tema y ayuden a derribar tabúes y prejuicios respecto a la salud mental, especialmente en los hombres.

“Queremos que esta historia vaya acompañada de una retribución social; si hay una persona que se pueda ver reflejada, que sepa a dónde acudir, qué hacer, cuáles son los canales correctos para poder pedir ayuda. Para poder levantar la mano y decir, «yo estoy cruzando por una situación similar, ¿qué hago?»”.

Para ello, Christian respaldó su guion con asesoría clínica, contando con el acompañamiento de especialistas para evitar estigmas y caricaturizaciones; así, mezcló un porcentaje de su experiencia pero con la responsabilidad de estar bien informado. De esta manera, Dos hermanos de siete es algo más que un cortometraje, se convirtió en una forma de retribución, de diálogo y de acompañamiento; un recordatorio de que el cine también es un acto de cuidado.