La música hace amistades con las demás expresiones artísticas para compartir al mundo todo un concepto que comunique emociones, temáticas, posturas y toda la diversidad y complejidad de la existencia humana; por ello, sus mensajes resultan tan poderosos y logran conectar con masas integradas por distintos públicos que, finalmente, son movidos por un mismo motor: el arte.
En este mes del orgullo LGBTI+ nos damos a la tarea de visibilizar a aquellas y aquellos que han sido parte de la resistencia dentro de la industria de la música, que muchas veces ha actuado con la censura como aliada, pero que, con fortuna, no ha logrado sobreponerse a la expresión humana y artística.
En siglos pasados artistas como Tchaikovsky (1840-1893) se veían orillados a ocultar su orientación sexual para poder disfrutar del éxito de su trayectoria artística, pues la persecusión moralista y sin sentido era fatal —considerando también la rigidez ideológica de su país natal: Rusia—, sin embargo, años más tarde, Francis Poulenc (1899-1963), autor de obras clásicas como Gloria y Stabat Mater, vivió su vida en Francia declarándose abiertamente homosexual, por lo que ahora es considerado uno de los primeros compositores de música clásica perteneciente a la población LGBTI+.
Dentro de la música clásica también se encuentra la historia de Dame Ethel Smyth (1858-1944), compositora prolífica que además de intentar hacer un nombre dentro de un mundo masculino, ser parte del movimiento sufragista y escribir el que sería un himno de dicho movimiento y de la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU), era lesbiana. De hecho, esta obra fue escrita para su amante y se conoce que estuvo enamorada de la escritora Virginia Woolf. Si se trata de resistencia, ella es un gran ejemplo.
Anterior a ellos hay otros nombres, como Handel (1685-1759) y Schubert (1797-1828), de los que historiadoras han escrito que tenían preferencias románticas por personas de su mismo sexo, esto tras estudiar el contexto y el contenido de sus cantatas. Por otro lado, hay también evidencia epistolar de que Chopin (1810-1849) tenía interés por el género masculino, aunque por años la historia haya intentado omitirlo.
Pasando a principios del siglo xx, junto con uno de los géneros que rompieron estereotipos raciales en américa, estaba Ma Rainey (1886-1939) conocida como La madre del blues, quien en un contexto racista y sexista expresaba de manera abierta, en canciones, tendencias lésbicas y bisexuales. De hecho, se hablaba de que el lesbianismo entre mujeres negras del mundo del blues —llamadas coloquialmente bulldaggers— era un ‘secreto a voces’ y de que el movimiento artístico e intelectual del blues y el jazz fueron parte importante del llamado ‘Renacimiento de Harlem’, un espacio en el que las disidencias de la población negra sentían libertad y aceptación.
Parte de ese movimiento fue Gladys Bentley (1907-1960), mujer lesbiana que además de cantar expresamente sobre su orientación sexual y violencia de género, rompió esquemas con su estética, pues vestía con ropa masculina; su nombre de drag king fue Bobbie Minton. A pesar de ser considerada de lo mejor del blues durante la época de la Prohibición y la Gran Depresión, fue señalada y perseguida; pese a esto siguió siendo fiel a su arte y su comunidad.
De otro lado de la música está Wendy Carlos (1939-), pionera de la música electrónica, mujer trans que popularizó el uso de sintetizadores con la reinterpretación de música clásica que realizó en su álbum Switched On-Bach y también conocida por crear parte de la banda sonora de El resplandor y La naranja mecánica. Su transición (1972) fue motivo de señalamientos públicos, pero se enfrentó a hablar de ello en una entrevista en la que compartió su vulnerabilidad al temer cómo sería recibido esto en su entorno profesional; un acto de resistencia en sí.
Durante los años 70 surgieron varios fenómenos en la música, entre ellos el auge del glam rock nacido en Reino Unido y que por sí mismo desafió la estética tradicional del rock con estilos andróginos y teatrales, en donde la música no era la única protagonista, dado que la imagen pasó a tener gran peso. Marc Bolan (1947-1977) —líder de T. Rex— es reconocido como su creador, pero uno de sus grandes exponentes fue David Bowie (1947-2016) quien justamente adoptó identidades ambiguas de género. Este estilo traspasó lo musical y permeó la cultura británica durante esa década. Aunque con un público más conservador, en Estados Unidos el ícono del glam rock fue Jobriath (1946-1983), primer rockstar declarado abiertamente gay y firmado por una disquera; sin embargo, su carrera fue breve y marcada por la incomprensión del público y la homofobia de la época. En la actualidad algunos artistas han logrado reivindicar su legado.
Por supuesto, una de las personalidades importantes en el rock es Freddie Mercury (1946-1991), ícono LGBTI+, aunque nunca se declaró públicamente como gay o bisexual. Su marca en la música es protagónica por el éxito de Queen, sus alcances vocales y por romper estereotipos masculinos dentro del rock que se considera clásico. Otro de los exponentes de esta fractura de estereotipos del rock fue Kiss, pues su música con sonidos de heavy metal se mezclaba con la estética del glam rock y el uso de maquillaje y plataformas, elementos considerados dentro de un estereotipo femenino.
En esta misma década llegó la música disco nacida en comunidades gays, afroamericanas y latinas de ciudades como Nueva York y San Francisco. Rápidamente se convirtió en un espacio de liberación e identidad frente a la represión social de la época hacia esas minorías, aunque nació como una contracultura, en lo underground, como muchos de los géneros musicales. Artistas como Donna Summer (1948-2012), Gloria Gaynor (1943-) y Sylvester (1947-1988) posicionaron el género dentro de la música comercial. El legado de este último perdura como pionero del sonido disco y como un emblema de la resistencia queer en la música popular, pues fue un cantante afroamericano reconocido por su voz de falsete, su estilo de género fluido y abiertamente gay.
Entre finales de los 70 y mediados de los 80, Judas Priest se consolidaba como una de las bandas más influyentes del heavy metal —un género asociado con la heteronormatividad y la hipermasculinidad— que, además, popularizó el estilo del cuero negro, las tachuelas, las cadenas y el look de motociclista que es ahora tan íntimamente ligado al género. En ese momento no era sabido, pero su vocalista Rob Halford (1951-) declaró su homosexualidad en una entrevista con MTV en 1998, por lo que se conoce que ese estilo metalero estaba asociado a la moda fetichista gay de los años 70. Silenciosamente introdujo elementos queer en una subcultura considerada masculina.
En los 80 apareció otro ícono queer cuyo legado musical ha sido ejemplar en el funk, R&B, pop rock, soul etc., pues desdibujó fronteras entre géneros musicales siendo un compositor, productor y multiinstrumentista que luchó por la dignidad laboral de los músicos. Prince (1958-2016) fue un camaleón musical y estético que subvirtió la imagen de la masculinidad negra dominante usando maquillaje, tacones, encaje, ropa ambigua o femenina; dejó una gran huella en la historia de la música y en las condiciones de la industria misma.
Estos legados abrieron el camino para muchos artistas que vinieron después, como Madonna(1958-), un ícono de liberación sexual que desafió los tabúes sobre el cuerpo, el deseo, el género y la religión, lo que la convirtió en una aliada clave de la población LGBTI+, ella encarnó una revolución en el mainstream en donde utilizó la controversia para exigir libertad y abrió caminos para nuevas generaciones de artistas como Lady Gaga, Chapell Roan, Lil Nas X y una lista interminable.
En la actualidad podemos hablar de artistas como Sam Smith y Harry Styles que borran las líneas de un estilo estereotipado por géneros y simplemente lo hacen parte de su persona y de su expresión artística. También, aunque ya no tan actual, t.A.T.u en el pop rock representa aún a una comunidad muchas veces invisibilizada y crearon uno de los que yo consideraría himnos lésbicos de estos tiempos —desafiando también sus orígenes rusos—, así como Mecano en el habla española creó otra de las canciones representativas de esta población.
A pesar de estar en una década que debería considerarse libre de discriminaciones y juicios morales, la diversidad continúa siendo controversial para gran parte de la sociedad, sin embargo y afortunadamente, ahora acuerpamos más la libertad de expresar lo que somos y hay muchas voces representándonos en la cultura mainstream, tanto estéticamente como en canciones, como Rosalía, SOPHIE, Young Miko, Villano Antillano, St. Vincent, Troye Sivan, Kim Petras, Mykki Blanco, Phoebe Bridgers, Tokischa y un listado enorme de nombres e historias que podrían caber en este artículo.
Ahora, cuando escuches el clásico y molesto “es que ahora está de moda…” tendrás mucho por contar.
Si no podemos encontrar la felicidad en nuestras vidas personales, a veces la obtenemos en nuestro mundo profesional o en el mundo de las artes y las letras.1
Gladys Bentley.