Le pedí a Chat GPT hacer un breve análisis de 100 palabras sobre cómo el ser humano interpreta a la vejez. Ésta fue su respuesta:
La vejez ha sido vista de distintas formas a lo largo del tiempo. En muchas culturas antiguas, se valoraba por su sabiduría y experiencia. Sin embargo, en las sociedades modernas, suele asociarse con pérdida, decadencia o inutilidad, sobre todo por el culto a la juventud y la productividad. Para muchas personas, envejecer implica mirar atrás, enfrentar cambios físicos y emocionales, y adaptarse a nuevas realidades. Las mujeres, además, enfrentan prejuicios por dejar de encajar en los ideales de belleza. Aun así, hoy surgen nuevas voces que reivindican la vejez como una etapa valiosa, llena de sentido, dignidad y aprendizaje.
La intención de hacer este ejercicio era que un ‘ente analítico’ ajeno nos diera un panorama de cómo los seres humanos percibimos esta etapa de la vida, tener una mirada externa; pero, a la par, también podríamos tener otro ángulo de cómo nos vemos a nosotros mismos en la vejez y es mediante el arte, ya que éste, sin duda, siempre ha sido un fiel reflejo de nuestro paso por la Tierra.
Siendo más específicos en este último rubro, dentro de la historia del arte podemos encontrar personajes que han centrado su atención en capturar a la vejez como concepto y/o el proceso que ésta conlleva: desde lo físico hasta lo emocional.
En la antigua Grecia existía una marcada diferencia entre cómo se proyectaba la juventud y la vejez; mientras la primera era un símbolo de belleza y el ‘ideal’, la segunda se representaba de una forma más realista o con desprecio, con representaciones de arrugas, piel flácida y expresiones cansadas o reflexivas.
En el arte griego arcaico y clásico, las figuras jóvenes se representan con mucha más frecuencia que las ancianas. Cuando se trata de ancianos, suelen ser tutores y sabios o, en el caso de las mujeres, sacerdotisas y niñeras. La escultura helenística trata temas más variados que la griega clásica, pero sigue representando a los ancianos con cierto desprecio.1
Si hablamos de la vejez en el arte, tenemos que mencionar a Rembrandt sí o sí, pues el pintor holandés no sólo la evocó en parte de su obra al, incluso, retratar a sus padres en esta etapa de la vida; sino que también documentó su propio proceso de envejecimiento a través del autorretrato.
Y es que para él no era sólo ver cómo cambiaba el aspecto físico, sino que iba más allá y trataba de capturar esa sabiduría que sólo llega con el paso de los años y a través de las experiencias de vida. A los 23 años pintó su primer autorretrato y fue cuatro décadas después, en 1669, año en que murió (tenía 63 años), que creó el último de estos. De acuerdo con estudios este proceso también fue una forma de lograr el autoconocimiento.
Sus pinturas de rostros ancianos no adulan ni escudriñan, no niegan ni repelen la edad, sino que saborean los efectos del tiempo. A Rembandt le interesa, sobre todo, el interior, el misterio que se esconde tras los ojos de alguien, y las distracciones del glamour juvenil sólo se interponen en esa búsqueda. Un rostro anciano enmarcado por un cuello de gola blanco sobre ropas negras le permite ver más profundamente.2
En este mismo afán de plasmar más allá de los inevitables signos del paso del tiempo en las personas, el pintor Lucian Freud, nieto del psicoanalista Sigmund Freud, retrató por más de 15 años a su madre.
Todo inició en 1970, cuando el padre de Lucian, Ernst Freud, falleció a los 78 años. Fue entonces que Lucie, madre del pintor, cayó en una depresión que la llevó a un intento de suicidio. Para compensar el tiempo que no estuvo a su lado, Lucian comenzó a pasar más tiempo con ella y a retratarla, creando la serie La madre del pintor. Sin duda, fue una de sus principales musas, además de que confiaba en que, a través de este proceso, podría regresarle el interés en la vida.
Cada mañana, recogía a su madre en su casa de St John’s Wood, la acompañaba a desayunar en la Maison Sagne en Marylebone High Street y luego la llevaba a su estudio, primero en Maida Vale y después en Holland Park.
No necesitaban conversar; ella se sentaba o se tumbaba, él dibujaba y pintaba.3
El último retrato que Lucian hizo de su madre fue en el lecho de su muerte. Pidió permiso al hospital y la única condición fue que durante el proceso estuviera presente un celador. De ese momento nació la obra La madre del pintor, muerta.
En el cine también existen múltiples filmes que han representado la vejez. Uno de los ejemplos más representativos de los últimos años es Amour (2012), de Michael Haneke, que narra la historia de Georges y Anne, una pareja de músicos jubilados cuyo amor se pondrá a prueba luego de que ella sufra un ataque durante el desayuno.
Su dinámica de convivencia cambia desde ese momento y el proceso de intentar restaurar ‘el antes’ es demasiado complejo. Aquí se abordan temas como el rol del cuidador, la paciente y la resiliencia que siempre es una constante en la vida. Un filme en el que inevitablemente terminas con al menos un sollozo y un suspiro por el retrato profundo del ocaso de la vida.
Una película que también aborda a la vejez y es aún más reciente, pero no por eso menor, es El Padre (2020), de Florian Zeller. Filme que además le dio el Oscar a Mejor Actor al célebre Anthony Hopkins.
En ésta vemos la perspectiva de un paciente con Alzheimer y, junto con él, vivimos el proceso degenerativo de la enfermedad que, de acuerdo con informes médicos, aparece regularmente a los 65 años.
Logra algo que muy pocas películas, sobre el deterioro mental en la vejez, han conseguido plasmar de esta manera: nos sitúa en la psique de alguien que está perdiendo la cabeza, y lo hace a través de una mente en la que todo parece una experiencia racional y coherente.4
Gran Torino (Clint Eastwood, 2008), Nebraska (Alexander Payne, 2013), El exótico hotel Marigold (John Madden, 2011), Elsa y Fred (Marcos Carnevale, 2005), Limelight (Charles Chaplin, 1952) y Unforgiven (Clint Eastwood, 1992) son otros filmes que también han abordado la vejez en sus narrativas, desde múltiples facetas.
The Sun is the same, in a relative way
(El Sol es el mismo de una manera relativa)
But you're older
(Pero eres mayor)
Shorter of breath
(Te falta el aire)
And one day closer to death
(Y estás un día más cerca de la muerte)
Time, Pink Floyd
Para retratar nuestra perspectiva sobre la vejez pueden bastar solo unos minutos. A través de la música se han creado grandes homenajes a las y los adultos mayores, como en la clásica, e infaltable en la celebración del Día del Padre, Mi viejo, de Piero.
Así, dentro de la música podemos encontrar varias perspectivas de cómo se aborda este tema: como algo lejano a lo que algún día llegaremos, la comparativa entre el joven y el viejo y la remembranza de las experiencias pasadas.
Les voy a contar la historia de dos muchachos
que en su juventud solían llevar serenata a la misma chica
el tiempo los separo y fue también el tiempo
que se encargó de reunirlos otra vez
y esto fue lo que sucedió al reencuentro.
Así comienza la canción Maracas, que en 1988 hicieran famosa Alberto Vázquez y Joan Sebastian; una historia de dos hombres enamorados de la misma mujer, aún en su reencuentro años después.
En español, los boleros se han convertido en un género que con frecuencia hablan sobre la añoranza, el paso del tiempo, los recuerdos del amor… la vejez. Por ello, es común escuchar frases como que “es la música de los abuelitos” y quizá sí, pero también es cierto que conforme uno crece estas canciones van cobrando mayor sentido.
El compositor mexicano Roberto Cantoral dejó una joya musical con el tema Reloj, que se posicionó como la canción más exitosa del país en 1957 y que, años después, retomara también de forma célebre Luis Miguel.
Reloj, detén tu camino
Porque mi vida se apaga
Ella es la estrella que alumbra mi ser
Yo sin su amor no soy nada.
En 1959, Eydie Gormé y Los Panchos popularizaron Sabor a mí, del compositor Álvaro Carrillo, donde cuentan cómo, aunque pasen más de mil años, el amor perdurará.
Y así como estos, hay miles y miles de ejemplos más de cómo la vejez y la expresión del inevitable paso del tiempo han dejado su marca en el arte; porque, aunque es incomprensible durante los primeros años de vida y tarde la sabiduría llega a nosotros, es quizá, una de las etapas de vida que más reflexión y cuestionamiento provocan en el ser humano.