INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Teatralizar la historia

A través de la puesta en escena, Cronopio Teatro es un compañía que rescata y revive la historia.
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Silvia Palacios
Rescatar la historia mediante la oralidad está lejos de ser aburrido; mucho menos cuando se le da un toque de drama o comedia a través del teatro.

Acercar la historia para conocer y reconocer a los personajes que la han construido es esencial para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos como sociedad. Muchas veces ésta se cuenta a través del arte, principalmente con documentales o canciones, pero  el teatro también puede ser una disciplina y herramienta que transmita los hechos históricos.

Ejemplo de ello es la labor de Cronopio Teatro, compañía que contribuye al rescate y difusión de la historia de una forma diferente y divertida, dirigida principalmente a las infancias, pero donde los adultos también disfrutan y aprenden; todo esto además de realizar un trabajo de oralidad histórica que parte desde la investigación hasta la ejecución del montaje, pasando por la dramaturgia.

A través de este tipo de puestas en escena (que sumaron a su repertorio tras una solicitud de la red de museos del Instituto Estatal de la Cultura) podemos conocer más de la tradicional Judea del Rincón y el trabajo del pintor Hermenegildo Bustos; de Diego Rivera y la historia de José y Tomás Chávez Morado, dos silaoenses que destacaron en las artes plásticas nacionales; por cierto, la historia de estos dos hermanos fue la primera que presentaron.

Luisa Victoriano, actriz y dramaturga de Cronopio Teatro, nos cuenta cómo es el proceso de creación y adaptación de un hecho o personaje histórico para llevarlo a los escenarios, principalmente en los museos.

“El método en el que yo lo hago, es leer, leer un montón, investigar un montón, y creo que eso es lo que luego lleva más tiempo”.

Menciona que en ocasiones encontrar información es muy rápido, como en el caso de la historia de Diego Rivera, pero hay otras en que se requiere de un trabajo más a profundidad, sobre todo si se trata de personas que no fueron reconocidas en su tiempo o si es sobre edificios históricos.

“Eso es lo complicado, que como son personas que existieron y edificaciones que existen, no puedes inventarte algo, como en un cuento ficticio. No puedo mencionar una fecha o un hecho histórico que yo diga como que esto va a levantar, ¡no!, tiene que ser algo que ya existe”.

Luego del proceso de investigación viene el bajar toda la información y darle la estructura de una obra de teatro. Ahí es enfrentarse a varios retos, principalmente hacer una pieza entretenida que pueda dejar un conocimiento al espectador; pero como cada vez la audiencia está más acostumbrada a consumir contenido de forma inmediata, hay que generar ‘ganchos’ que los mantengan atentos durante toda la obra.

“Aquí es donde entra el trabajo de la dramaturgia para niños, de cómo lo voy a llevar, cómo lo voy a hacer para que sea divertido, para que sea dinámico, didáctico, entretenido (...) Nuestro trabajo y objetivo siempre es abordarlo (el hecho o personaje) de tal manera que la persona después se acuerde aunque sea del nombre. Entonces esto también ya viene con un método de repetición que nosotros podemos meter en la dramaturgia, que nosotros podemos meter en el montaje escénico para que las personas se acuerden. 

Y es que pasa, y tristemente pasa, que muchas personas no saben que tenemos edificios, museos o lugares que son tan importantes a nivel estado, país, humanidad; o también artistas que no fueron reconocidos ni valorados en su tiempo, y nosotros lo que intentamos es que las personas se acuerden que existió y de lo que nos dejó”.

A este trabajo creativo también se suma el proceso de confección de vestuario, creación de la escenografía y de títeres. Los ensayos, hacer ajustes, más ensayos y todo lo que conlleva la realización de un montaje escénico; todo para que la presentación salga lo mejor posible y que, al final, el público se lleve un conocimiento extra sobre la historia guanajuatense.

A la par, está también la contraparte, cuando, luego de una presentación, recuperan historias de gran valor en voz de aquellos que conocieron o presenciaron el hecho y con ello queda más que clara la necesidad de tomar al arte, como el teatro, para conocer el pasado en común.  

“Ha habido gente que se me ha acercado y me ha dicho «me gustó mucho», gente de la tercera edad que me dice «oye, yo conocí a la esposa, era mi comadre…», entonces esas cosas pues son invaluables porque eso es trabajo de campo que no te vas a encontrar en ningún lugar, que no vas a ver en ningún video, que no vas a leer en ningún libro; es invaluable porque es alguien que te está compartiendo cómo lo conoció o incluso gente que dice «yo tengo un cuadro de él en mi casa» o en alguna ocasión una maestra me dijo «mi bisabuela tenía un cuadro de Hermenegildo Bustos y lo usaba de recogedor», y yo «¡no, cómo crees!»”, comparte Luisa.

Ésta es quizá una de las múltiples recompensas que tienen y que les quedan para, por qué no, en un futuro añadirlo a la obra; porque al final, son los testimonios los que contribuyen a ir entretejiendo la historia, nuestra historia.

Silvia Palacios Silvia Palacios

Comunicadora de formación. Ha trabajado en prensa escrita para formatos impreso y web. Actualmente se desarrolla en Comunicación Social. Foodie (por no decir de buen diente), viajera, melómana y entusiasta de la ortografía.