Una artista que destacó en el ámbito cultural nacional es Amalia Hernández (1917-2000). Nacida en Ciudad de México, Amalia fue una mujer que trascendió fronteras, y que, con su talento, sensibilidad, elegancia y disciplina, enalteció a México en los principales escenarios dancísticos. Luchó por promover la grandeza de esta disciplina, desarrolló su talento como bailarina, coreógrafa, directora, organizadora y empresaria cultural. Fue una mujer inteligente, creativa, valiente, generosa y con una gran visión.
La investigación que llevó a cabo en las diferentes regiones de México la guiaron hacia la creación y organización de un ballet que paulatinamente se transformó en lo que hoy conocemos como el Ballet Folklórico de México. Con un pensamiento de vanguardia, diseñó un espectáculo y creó un modelo de gestión cultural que se caracterizó por la eficiencia y profesionalismo en el escenario; al mismo tiempo, consolidó una agrupación con sentido de disciplina, constancia y trabajo en equipo, misma que se erigió como la primera compañía profesional en la historia de la danza en México.
Amalia Hernández tiene un lugar entre los grandes de la danza internacional, entre sus múltiples logros se encuentra el trabajo que desarrolló en el siglo xix, mismo que revolucionó la danza, la mujer y el cuerpo. La incursión de la danza premoderna y moderna, así como el apoyo que dio para la danza contemporánea y posmoderna mexicana, trajo enormes aportaciones a México para la conformación, consolidación y diversificación del campo. Su presencia y aportaciones fueron fundamentales.
“Todos los niños nacen artistas, el problema es cómo seguir siendo artistas al crecer”.
Pablo Picasso
Amalia descubrió su vocación a los 8 años. Su madre, Amalia Navarro, fomentó las prácticas artísticas a sus cinco hijos; mientras que su padre, Lamberto Hernández, consintió que su hija recibiera clases privadas (solo podía bailar en su casa y ante familiares), por lo que construyó para ella y sus hermanas un estudio de danza en casa. Ahí, Amalia tomó clases con grandes figuras de la época, esto de forma independiente a las que recibió en diferentes instituciones y en el extranjero.
Como parte de la tradición familiar, ella y sus dos hermanas ingresaron a la Escuela Normal, pero al poco tiempo Amalia la abandonó porque quería bailar. Para ella la danza folklórica era el desarrollo de lo tradicional o autóctono a partir de las técnicas académicas que había aprendido; ella disponía de la danza clásica y moderna para hacer de sus creaciones un fascinante espectáculo artístico imbuido de un genuino espíritu popular, así como de un alto nivel de perfección técnica. Como bailarina profesional empezó a desarrollar la idea de convertir el folklor mexicano en un espectáculo teatral mismo que con el tiempo se dio a conocer tanto nacional como internacionalmente.
Su amor por la danza, esfuerzo, grandes logros y preparación personal fueron un parteaguas para que el folklor mexicano fuera conocido y llevado a un sinfín de lugares, que el mundo conociera, a través de la danza y sus espectáculos, las bellas costumbres y tradiciones mexicanas. Aunque para Amalia, su escuela y compañía fueron su vida, también mostró un gran interés por otras manifestaciones artísticas, además de que contribuyó a la formación de muchos bailarines becando a varios para que recibieran clases en el extranjero. El 4 de noviembre del 2000, Amalia Hernández falleció a los 83 años dejando un legado que logró capturar la esencia nacional a través de sus coreografías. Fue una mujer que cobijó la danza en uno de los momentos más difíciles apoyando a los grandes talentos y convocando a destacados artistas para contribuir en su crecimiento.
Como bailarina y directora del Grupo Infantil del Oratorio de San Felipe Neri, tuve la fortuna de que éste fuera elegido para trabajar con la compañía de Amalia Hernández en diciembre de 2011, durante tres días en el Teatro del Bicentenario. Fue una experiencia sin palabras ya que ciertamente se buscaba a un grupo con determinadas características para poder llevar a cabo este trabajo y afortunadamente fue el mío. Como docente, mi objetivo siempre es trascender y transmitir a las nuevas generaciones el amor por nuestro país y que tengan una visión diferente de la vida a través del arte. La vida es arte, por eso, haz de tu vida un bonito cuadro que pueda ser admirado por todo el que lo contemple.
