INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Vivienda old-friendly

Modelos de vivienda comunitaria promueven autonomía, bienestar colectivo y cuidado compartido para adultos mayores.
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Mafer Menag
Que nadie se ofenda por el título de este artículo, te prometo que encontrarás información y ánimo para sumarte a la narrativa de una megatendencia que, cada vez más, se hace presente en México.

La primera vez que escuché sobre el Nuevo Urbanismo de Andrés Duany, y todas las posibilidades que hay para habitar un espacio de vivienda integrado con la ciudad, imaginé las maravillas que podría ofrecer a la calidad de vida y, en particular, al medio ambiente. Diseñar una experiencia completa para envejecer. Este modelo plantea que las casas y barrios se diseñen para toda la vida, de modo que una persona pueda residir en la misma comunidad durante todas sus etapas vitales1.

Aunque parezca un sueño o un modelo europeo más que “deberíamos adoptar”, en México ya se estudian mejores formas de vivienda para personas adultas mayores. Las nuevas tendencias en arquitectura y construcción promueven el ‘envejecimiento en casa’ o aging in place 2.

Incluso, algunas inmobiliarias mexicanas ya incluyen en su discurso de venta la posibilidad de adaptar habitaciones en planta baja para acoger a familiares mayores. Además, los modelos familiares han cambiado: cada vez hay menos descendencia y suena mucho más atractivo ese plan de envejecer con una ‘familia elegida’. Es decir, adquirir una casa de retiro con amistades para cerrar el ciclo de la vida de la mejor forma: en compañía, con accesibilidad, cuidados y dignidad.

Un concepto innovador es el del cohousing (vivienda colaborativa), originado en Dinamarca en los años 60 como alternativa a los asilos tradicionales. Se trata de que un grupo de personas, usualmente entre los 50 y 70 años, diseñe su propia comunidad: cada quien tiene una vivienda privada, pero se comparten espacios comunes como cocina, jardín o sala de actividades y se acuerdan reglas de convivencia autogestivas3.

Otra forma en la que te invito a explorar los beneficios de este estilo de vida, es el documental Vivir 100 años (Netflix, 2023), que retrata comunidades centenarias en distintas partes del mundo. Estas personas no sólo alcanzan longevidad, sino que lo hacen en comunidad: socializando, retando el paso de los años con actividades cotidianas, aprovechando al máximo la infraestructura de sus pueblos.

Estas regiones, llamadas ‘zonas azules’, están principalmente identificadas en Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Icaria (Grecia), Loma Linda (California) y Nicoya (Costa Rica). Todas comparten fuertes lazos sociales, actividad física natural, sentido de propósito y apoyo mutuo4.

Algo esperanzador es que en México ya existe un primer cohousing senior,  La Guancha, en Malinalco, Estado de México. Este proyecto surgió en 2009 a partir de una iniciativa de la Dra. Margarita Maass (UNAM) enfocada en la calidad de vida en la vejez. Ahí, amistades conviven en un predio con espacios verdes, huerto, alberca, áreas recreativas y hasta un bar comunitario.

“Esta es una muy buena solución para las personas que se quedan solas, porque implica vivir juntos; para quienes tienen poco dinero, porque se comparten gastos; y para quienes enfrentan problemas de salud, porque al estar juntos comparten médico”, afirmó la Dra. Maass en entrevista5.

Si pensamos en nuestro entorno, por ejemplo en los barrios de León o colonias céntricas, podemos reconocer algunas características que la Dra. Maass menciona como ideales para comunidades senior. San Juan de Dios es uno de ellos: todo está cerca, desde el templo y los días de danzón en la plaza hasta tiendas, farmacias, un centro DIF, nieves... Claro que la gentrificación podría alterar este equilibrio, pero si nos sensibilizamos, podríamos reconsiderar nuestros hábitos de consumo en estos espacios.

Entonces, ¿en qué debemos pensar si adquirir vivienda es cada vez más complejo para personas jóvenes? Quizá en modelos más asequibles y comunitarios, vialidades pensadas para caminar, espacios arbolados y seguridad garantizada por la vida que hay en la calle.

Y aunque estas comunidades se piensan para adultos mayores, su vocación comunitaria puede atraer a todas las generaciones. A diferencia de un asilo, un espacio compartido con pares, que respete la autonomía, ofrece mayor bienestar.

Hace poco escuché a alguien decir que su plan de retiro era compartir enfermeros con su amiga. Lejos de parecer una broma, es una excelente idea: podría hacer accesibles e integrales servicios de salud si se integra a modelos colaborativos de vivienda para futuros viejitos y viejitas.

Desde esta perspectiva, el miedo a envejecer se desdibuja y aparece la confianza en un modelo de vida centrado en el bienestar colectivo donde no se subestime a las personas mayores, donde carreras como la gerontología cobren relevancia como vías para la salud preventiva y la mejora de calidad de vida a largo plazo.

Sí, me emociona envejecer. Espero tener el privilegio de hacerlo de esta forma, siguiendo esta tendencia, pese a la adversidad ambiental, social y urbana que enfrentamos. Si abrimos el diálogo, podríamos vislumbrar modelos sostenibles y comunitarios desde nuestros círculos cercanos. Crear desde hoy lugares old-friendly con espacios seguros, accesibles, empáticos. Porque sí, hacia allá vamos.

Mafer Menag Mafer Menag

Mafer Menag es estratega creativa y narradora de historias que inspiran acción. Desde hace más de una década acompaña a marcas, personas, instituciones y proyectos a conectar con su comunidad a través de relatos auténticos, ya sea en palabras, redes sociales o experiencias que dejan huella.

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