INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

A escribir se aprende escribiendo

La escritura es la herramienta más poderosa de la comunicación y los talleres literarios, lo ideal para aprender a utilizarla.
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Ulises Torres
Para escribir, lo importante no es hablar de ello, sino hacerlo; por malo o mediocre que sea el resultado, lo que cuenta es el proceso y la producción, no sentarse a teorizar sobre la manera ideal de escribir, o sobre lo bien que una podría hacerlo si realmente se lo propusiera y tuviera el tiempo necesario. Sylvia Plath

La escritura es la herramienta más poderosa de la comunicación. Sumerios y egipcios se disputan el invento que cambió el mundo para siempre. Con la escritura llega el nacimiento formal de la historia, la aparición de civilizaciones más complejas y la posibilidad de superar las barreras del tiempo mediante la preservación de la memoria oral, el registro de los mitos y la posibilidad de satisfacer una de las necesidades más básicas del ser humano: contar historias.

Los talleres literarios

En la antigüedad, era muy común que quienes deseaban adentrarse en el conocimiento de un oficio asistieran a un taller para aprender los secretos de un maestro experto en la materia. Desde entonces sabemos que la mejor manera de adquirir habilidades es aprender haciendo. Esta dinámica basada en la construcción colectiva de conocimiento es la esencia de los talleres literarios, cuya materia prima, es el lenguaje. 

Es probable que el antecedente más remoto en México sea el del año 1490. Tecayehuatzin —Señor de Huejotsingo— convocó a los principales poetas del mundo náhuatl para que entre todos descubrieran el significado de la expresión Flor y canto. En esa búsqueda, cada poeta elaboró un canto en el que plasmó metafóricamente lo que para él significaba aquel simbolismo de la tradición náhuatl. 

Ya en la actualidad existe una coincidencia más o menos generalizada en considerar a Juan José Arreola como el pionero de los talleres literarios. En 1951, en el número 8 de la calle Río de la Plata en la Ciudad de México, Arreola logró reunir a un grupo de jóvenes entre los que se encontraba Elsa Cross, José Agustín, René Avilés, entre otros. La dinámica no era muy distinta a la de los talleres actuales: un grupo de personas se reúnen para leer sus textos y analizarlos en conjunto. Según el propio Arreola, sólo eran necesarios dos elementos para llevar a cabo el taller: una persona capaz de conducirlo y un grupo de personas que, con modestia, humildad y sin mala fe, sean capaces de examinar los textos con honradez y que estén dispuestos a exponerse a la crítica.

Al día de hoy podemos encontrar estos talleres en casi cualquier lado: centros culturales, escuelas, cafés y hasta en cantinas. La importancia y necesidad de los talleres literarios es innegable. Si un futbolista, una patinadora o una corredora de velocidad entrenan todos los días para mejorar sus habilidades, ¿por qué una persona que quiere mejorar en la escritura no debería hacer lo mismo? Se piensa que la escritura es algo que nos viene dado, que basta con plasmar sin la menor conciencia lo que sentimos al contemplar una mañana lluviosa o al observar un atardecer. Se piensa que no hay que prepararse para escribir y que no hace falta conocer las mil puertas que se abren al trabajar con el lenguaje. Esto es un error, el primer paso para escribir es leer y no hay mejor lugar para conocer autores, géneros, escritoras y escritores poderosos e historias sorprendentes, que un taller de literatura.

¿Es necesario ser parte de un taller para crear tus propios cuentos, poemas o para darle vida a esa novela que siempre has querido escribir? La respuesta es no. Ya sea que la escritura sea tan solo una afición o que tu sueño sea dedicarte a escribir, debes saber que existen muchas ventajas en ser parte de un taller literario, entre ellas podemos mencionar las siguientes: adquirir el oficio de la escritura constante, descubrir nuevas plumas, conocer personas con tus mismas inquietudes, adquirir seguridad para mostrar tus textos, descubrir tus puntos fuertes y los puntos débiles para fortalecerlos, encontrar el método de escritura más adecuado para ti, tener la guía de un profesional de la escritura y, lo más importante, enamorarte de la escritura.

Nuestra oferta de talleres 

Es verdad que en los talleres literarios no se aprende a escribir, pero ciertamente se encuentran cómplices para hacerlo.                       

Eduardo Langane

En Casa de la Cultura Diego Rivera se ofertan, desde hace varios años, los talleres de creación literaria y escritura experimental que te permiten adquirir las herramientas necesarias para que tu escritura siga creciendo; por su parte, la Casa de la Cultura Efrén Hernández ha creado una plataforma integral de profesionalización para quienes desean conocer los secretos de la escritura en voz de sus autores. Por esta razón se ofertan los talleres de literatura habituales, pero además se crean actividades a lo largo del año. El método es simple, invitamos a escritores y escritoras de amplia trayectoria para charlas virtuales, entrevistas, presentaciones editoriales o bien, para que en un fin de semana se acerquen a su público y realicen ejercicios enfocados en el género que desarrollan. Esto nos ha permitido contar con la experiencia de personas como Carmen Ros Aguirre, Karla Gasca, Delia Galván, Marjha Paulino, Elik Troconis, Alejandro Toledo, Juan Manuel Palomares, Pedro Omar Rivera, Marco Ornelas, Caleb Solórzano y Max Santoyo, entre otros. 

Así que la invitación está abierta, acérquense a nuestras Casas de Cultura y no abandonen su idea de escribir. Únanse a nuestros talleres literarios, lean, léanse y no olviden que la lectura y la escritura son también una forma de felicidad.