INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

El arte del estío

Entre la fiesta, el sol y el descanso; el verano también nos invita a hacer pausa y pensar en nuevo ciclo.
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Jorge Flores
Dentro de las cuatro estaciones que conforman cada año; el verano reúne el calor, el descanso y la diversión en una pausa que termina y continúa ciclos; estos elementos han servido de inspiración en el arte a lo largo de la historia y en esta edición de Alternativas, recorremos algunos ejemplos.

Los días más largos y las noches más cortas, el espacio donde danza la inspiración con el ocio, el descanso y la energía, pensar y hacer, el cobijo del sol y el abrazo del mar, la sombra del árbol y el calor de una tarde de julio; el arte veraniego. 

El verano es presente, pero también es pasado, en él se encuentra la nostalgia de las vacaciones de primaria, del viaje con los amigos, de las citas románticas, ahí en ese resquicio de recuerdos, la poesía encuentra un camino y va regando versos con los tonos rojizos del atardecer. 

Un Verano, de la poeta uruguaya Idea Vilariño, es una dolorosa rasgada de desamor, el recuerdo que pesa y carcome de abandono. 

Cómo he de hacer amor, para vivir aún, para sufrir aún este verano.

Idea Vilariño posando en un jardín, Michel Sïma | Tomada del libro Idea Vilariño: vida escrita.

Por otro lado, Villa Gesell, del argentino Rubén Guerrero, nos describe el arrepentimiento y lo que pudo haber sido mientras que nuestra mirada y pensamientos se pierden en un trozo de carne, asándose en una parrilla, fundirse con los secretos del universo mientras el carbón se achicharra y calienta el asador. 

Hoy sería todo de otra manera,

sería todo un poco más fácil.

Ahora miro la carne en la parrilla

y pienso

en su reclamo.

Recordando a grandes nombres de la poesía, Gabriela Mistral también tiene su Verano, así como César Vallejo; pero mientras la poetisa chilena lo adula, lo enaltece y describe sus bondades, el escritor peruano lo ve con melancolía, como algo que pasa y se va con su calor y su vida. 

En el mismo renglón de la literatura hay obras clásicas que usan esta temporada para armar sus narrativas, imposible no mencionar a William Shakespeare y su El sueño de una noche de verano, una novela que marcaría la pauta para todas esas historias de amor de verano donde la vida se pausa y se deja libre al corazón.

Lamentablemente esa pausa no siempre es un remanso de calma, un trago de felicidad, a veces esa intermitencia nos permite darnos cuenta de cruentas realidades, ahí quiero hablar de Los Abismos de la escritora colombiana Pilar Quintana, que aunque no es una novela que ponga en su boca al estío, el aire caleño, las temporadas vacacionales en la casa de campo y la naturaleza que crece como abismo y que acompaña la narración, nos remiten a unas vacaciones donde nuestra protagonista enfrenta los fantasmas de una madre frustrada y triste, reflejo de una estructura misógina y adolorida.

Sin salirse de la literatura escrita por mujeres latinoamericanas, El invencible verano de Liliana, de la mexicana Cristina Rivera Garza, es un libro desgarrador sobre las consecuencias del seximo y el terrorismo patriarcal en las relaciones amorosas; una mujer que quiso vencer su invierno a través de su verano. 

El invencible verano de Liliana, Cristina Rivera Garza, 2021.

Y para cerrar con los libros con el verano como personaje, It, la célebre novela del prolífico Stephen King, cuenta sus aterradores sucesos mientras un grupo de valientes niños se enfrenta a sus peores temores en un verano.

El impacto del arte visual es también una canal por el que el verano se ha colado, artistas como Edward Hooper con obras como Summertime o Sea Watchers que a través de la pupila enmarcan el verano, sus colores, sus sensaciones y sus texturas. 

Sea Watchers, Edward Hooper, 1952.

La obra del español Joaquín Sorolla también es un inmejorable ejemplo del verano como inspiración artística, El pescador o Niños en el mar, playa de Valencia describen con sus pinceladas las sensaciones de una tarde en la playa. 

Moviendo un poco la mirada a la fotografía, Beach, del fotógrafo alemán Andreas Grusky, es el resumen perfecto de unas vacaciones en una ruidosa y atiborrada playa. 

Beach, Andreas Gursky, 2005.

En el cine, el verano es el clima perfecto para crear. La temporada de calor y sus pausas permiten que las aventuras sucedan y que así se cuenten impresionantes historias. 

En este rápido repaso por el séptimo arte y el estío, encontramos clásicos imperdibles como Le rayon vert (1986) de Éric Rohmer o To catch a thief (1955) de Alfred Hitchcok, que tuvo a Cary Grand y Grace Kelly en una emocionante aventura veraniega. 

Recientemente nos llega a la mente la música de Mamma Mia! (2008) de Phyllida Lloyd, una divertida historia de una chica que busca a su verdadero padre, mientras el verano y el romance van acompañando las canciones de ABBA, también en lo actual, tenemos a Call me by your name (2017) de Luca Guadagnino, una historia de amor y verano que se convirtió en un gran éxito tanto en taquilla como con el público. 

Mamma Mia!, Phyllida Lloyd, 2008. 

Y qué es un verano sin la infancia y la juventud, sin las risas de quienes buscan aventuras interminables desde la inocencia de la vida antes de la adultez. Ahí, Wes Anderson y su Moonrise Kingdom proponen una historia de amor juvenil con el verano como marco, el director estadounidense utiliza su peculiar cuidado con el arte para montar una película que transmite esas formas y colores estivales en cada momento. 

Moonrise Kingdom, Wes Anderson, 2012.

Para completar los sentidos, la música es también espacio para refugiarnos y sentir el calor del verano. Here comes the summer de la banda punk británica The Undertones es una canción de 1979 que envejeció bastante bien y continúa siendo un himno veraniego. Mientras que Nightswimming de R.E.M. es también un transporte al mar y su inmensidad pero desde la melancolía con la luna como cómplice, un tema que es parte de probablemente el mejor disco de la banda norteamericana, Automatic for the people. 

PIE DE FOTO: Automatic for the people, R.E.M., 1992.

Como estos, hay un sinfín de ejemplos de cómo el verano se filtra en la mente del artista y se transforma en obras invaluables, en piezas que se convierten en clásicos y que nos acompañan en esas tardes en que el sol más abraza y que la pausa nos permite pensar y encontrarnos.

Jorge Flores Jorge Flores

Licenciado en Ciencias de la Comunicación. He trabajado dentro de la narrativa y difusión cultural desde hace más de 10 años, en plataformas digitales, medios tradicionales y proyectos culturales relacionados a la música, literatura y cine. Necio consumidor y creador de productos culturales.