Y, por último, están todos aquellos que todavía tienen la esperanza de creer en el diálogo que existe en su interior cuando se encuentran con alguna obra que les deja con cara de atónito y hasta se cuestionan si de verdad entraron a la sala correcta de la galería. Son situaciones que suelen tener un tono humorístico, pues a todos nos pasa; yo aún no termino de conectar con algunas situaciones que me parecen demasiado crípticas, pero lo esencial de todo este proceso, es que el arte contemporáneo ha intentado conectar aún más con las formas más íntimas y cotidianas de crear simbolismos, a comparación de algunas obras que se han convertido en un referente de la encriptación simbólica, rayando en un desfase de ideas y contextos que son sujetos al espacio y tiempo de donde devienen.
Supongo que es más sencillo andar por el camino que ha sido ya una vez alumbrado, y que constantemente emite esa llamarada del conocimiento. Si alguno ha caído en el camino “malinterpretando” algún sentido de grandes obras, es sólo uno más de los mártires que el arte nos ha negado. Ese falso dilema que nos obliga a entrar en una lógica del sesgo del superviviente, en donde sólo nos concentramos en aquello que logra superar ese embate del tiempo, es lo que merece ser apreciado dentro del mundo del arte, nos limita a entender que el que no está dispuesto a ver la luz adecuada, no podrá sentir el calor del mundo en el que anda.
El arte contemporáneo ha buscado en diferentes vías, actuar y hablar sobre narrativas que difícilmente eran visibles en un espacio dedicado a la belleza como una galería o un museo. Esa posible brecha que abre los artistas es lo que nos ayuda a ser más empáticos, pues la tiniebla que se ve de frente a un nuevo mundo en donde podemos pensar que nuestra intuición y emociones son herramientas útiles para lograr un diálogo con la obra, es lo que no ayuda a ver la luz por el nuevo sendero.
Hay que arriesgarse a caer en la tiniebla: la aventura. Las cosas han de siempre caer en algún lugar común para el espectador y de ahí partir el diálogo, desde lo común y lo íntimo.
Me es mucho más sencillo empatizar en el cómo pudo haber sido de doloroso para Félix González-Torres haber llevado todo ese proceso de reflexión con respecto al dolor de la desaparición, la ausencia y la pérdida de alguien amado, con su trabajo, a diferencia del cuadro de Botticelli La primavera , que dicho sea de paso, me parece una obra de gran belleza simbólica pero de gran encriptación a comparación del nivel de encriptación que puede tener el trabajo de González-Torres.
En un mismo tenor de lo que podría significar esa empatía no acercamiento a nuevas formas de generar un discurso, me atrevería a mencionar que el trabajo de los artistas que son de carácter regional, suelen ser más intimistas en ciertas formas de considerar la idea de un diálogo.
Caso de la obra artística de Monserrat Pantoja López que en su proceso creativo usa elementos que la han vinculado con sus orígenes geográficos, siendo ella de Moroleón, Guanajuato; su técnica con la cual ha experimentado en sus últimos trabajos es con el procesado de imágenes en textil, sobre algunas telas para cocina que comúnmente puede uno encontrar en cualquier hogar de México. Las imágenes que plasma en dichas telas son fotografías de una escena muy común en el estado de Guanajuato, como la ausencia por el motivo que sea que se genere, es lo que nos hace cuestionarnos qué de todo lo que hacemos a diario, nos une de manera involuntaria a las cosas que usan estas personas ausentes, o incluso los espacios y la comida que compartimos.
Esto tampoco es una carta abierta a la “quema de brujas” del arte clásico; al contrario, es sólo un pasaje que me gustaría se ensayara en la soledad de quienes me leen, para que caigamos en cuenta que a veces somos nosotros los críticos que podemos buscar para apreciar el arte que, desde nuestra condición anónima necesitamos, pues nadie nos debería juzgar por el nivel de intelectualismo o de emotividad que podemos manejar en estos momentos que nos damos por querer ir a un museo y simplemente quedarte haciendo las inmensas preguntas que te invaden al ver obras con objetos muy comunes, en un espacio que aparentemente ha sido dotado de un valor de santidad, pues sólo aquello que el clérigo del arte consagra con la crítica, nos es posible adorar. Sospecho mucho de la idea del arte como reliquia, pues no es por nada que incluso,
Los críticos de arte pecan de una ceguera por esa fatiga que les genera el andar por caminos tan iluminados por los restos del arte que han leñado en su camino.
Roberto Carlos Holguin Moreno
Pero el espectro lumínico del arte se extiende hasta las tinieblas del hogar de cualquier persona, queriendo decirle al mundo, que tal vez su primavera no incluye a Mercurio en sus días.
