Iniciar una reflexión sobre algo que se extraña es difícil. Omitiendo el asunto sentimental o evocativo, el hecho de enfrentar con palabras la maraña que se teje cuando un recuerdo vívido trastoca el aquí y el ahora, resulta confuso, denso. Días antes de entrelazar imágenes para este artículo —acudiendo a uno de mis paradigmas—, me preguntaba qué fue lo que sintió el poeta Ted Hughes después de volver del funeral de su exesposa, la también poeta Silvia Plath, y en el silencio de su departamento ver empotrado en la pared el teléfono por el cual se enteró de la trágica muerte. Ese teléfono se convirtió de pronto en un objeto funesto. Cuántas veces no hemos escuchado de alguien que se duele por la ausencia de otra persona mencionar que siente un hueco dentro de sí. Nunca como ahora me siento tan identificado con esta frase.
La obra del recientemente fallecido artista norteamericano/guanajuatense Randy Gerard Walz Piersinski (1957-2021) merece un análisis profundo y detallado de su poética, que parte —entre otras cosas— de una reflexión vital, la experimentación con la historia de arte y la imagen como poesía.
Randy era del tipo de personas que difícilmente regalaba un día a la añoranza, es por ello que aunque convivimos mucho durante varios años sé muy poco sobre lo que vivió antes de su llegada a México: de una familia relativamente numerosa proveniente de Michigan, estudia la licenciatura y maestría en artes visuales en la Eastern Michigan University hasta 1982. Después de terminar el posgrado y realizar una estancia en Italia, vive en Nueva York donde trabaja como museógrafo para la galería Matthew Marks. En 1999 obtiene la beca Pollock Kranser y cambia su residencia a Paracho, Michoacán, para producir la serie de sus primeras obras en México. En 2001 es invitado a ser profesor de la entonces Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guanajuato. Para 2008 ya era director del Departamento de Artes Visuales, cargo que conservó hasta 2015; después siguió en la misma escuela como académico además de formar parte del consejo consultivo de museos del Instituto Estatal de la Cultura. Durante el tiempo que fue profesor y director, impulsó iniciativas que llevaron a la escuela a convertirse en una de las mejores del país.
Los objetos con Randy
Las primeras pinturas de Randy Walz realizadas en México estaban impregnadas de esa cadencia que observamos en algunos artistas preocupados por la naturaleza del raciocinio humano. ¿Cómo es pensar? ¿Cómo expresamos lo que pensamos? Una respuesta sencilla a estas preguntas nos llevaría a decir que pensar es coordinar una serie de ideas dentro de un argumento que enlace de manera correcta las ideas y que generalmente lo exponemos por medio de la lengua; pero casi siempre que pensamos en algo, no en que estamos pensando en sí, entonces tenemos que tomar en cuenta el objeto del pensamiento. En la mayoría de las obras de Randy producidas a fines de los 90 e inicios del 2000, se vislumbra una organicidad que se aseverará en sus trabajos posteriores.
Para Walz, pensar en un objeto no es lo mismo que hacerlo acompañado del objeto; me explico: toma la hoja de cualquier planta y describe su forma, significado y función mientras creas una imagen de ésta, eso es pensar en ella. Pensar con un objeto implicaría tomar esa hoja y concebir una idea desde la comprensión de que el espacio en el que vives no solo es tuyo, sino con los objetos que te rodean. Agrega que estos pensamientos pueden ser arte y quieres expresarlos claramente: la abstracción surge como una especie de diapositiva que reúne el espacio, tiempo y percepción en un solo plano, es decir, un lenguaje puro, primario.
Creo que una de las primeras preocupaciones de Randy Walz como artista fue el asimilarse con la historia del arte. En su primera etapa mexicana podemos denotar que mantiene un vínculo fuerte con cierta literatura que a inicios del siglo xx había abandonado el romanticismo pero que emana de él, como Faulkner, Joyce y Proust. Es notorio que en este anudar su destino al del arte, Randy acudió desde el filtro de la pintura minimalista norteamericana a experimentar con estructuras y formas que se sostienen y se inventan a sí mismas. Estás obras de Walz son de una particular belleza, imponentes y frágiles, como un gran árbol que se fija desde un solo punto a la tierra. Fue este momento quizá, una etapa en la que el artista aprendió a ser con su entorno.
Después de vivir los años 80 en la liberadora resaca de una sobre teorización de la producción artística de los años 70 y la heroica poética de la zozobra de la llamada generación del SIDA, Randy llega a Paracho a producir una obra que se sostiene en las formas clásicas de una abstracción analítica intimista. Me atrevo a decir que en este momento, Walz se estaba reconociendo como el artista que ya era.
Los objetos desde Randy
¿Qué hace un productor de arte después de haberse asumido como tal? Algunos artistas que conozco fijan este momento con rituales sociales o personales, o con un periodo de silencio productivo o incluso hay quien destruye su obra anterior. Creerse artista y formarse como artista no es lo mismo que ser artista, y quien lo es entendió esto claramente. Ahora que veo la obra de Walz en perspectiva, no puedo evitar pensar que este momento llegó a él desde que se concibe como un espectador consumado y al mismo tiempo comenzaba a producir su obra. En varias ocasiones lo vi extasiado con la escena de la reacción emotiva de alguien que por primera vez se encuentra con una gran obra o platicando cómo es que algunos de sus conocidos habían comenzado tal o cual serie o proyecto. Y aunque existen cientos de argumentos que desde siempre han separado abismalmente la experiencia del creador y la del público, es innegable que un artista se construye mientras vive el arte. Aunque Walz no creció dentro de un museo es obvio que sus experiencias vitales se fincaron desde el cerrado entorno de lo artístico.
Durante la primera década del 2000, la obra de Randy dio un salto en el que sin abandonar la idea de organicidad, su trabajo se centró en el análisis más allá de la expresión, la línea se transforma en la estructura volátil de un lenguaje que abarca escenas de su propio acto creativo, imágenes encontradas que se vuelven pasajes de una mística personal, el desplaye de una retórica que apunta hacia la aseveración de la aprehensión del mundo como imagen. Fotografías, objetos y palabras sirven para aseverar la idea del dibujo como un contenedor-generador que no discrimina en relaciones anecdóticas, vitales y conceptuales, y que para ello se expresa en varios planos a la vez.
En una de las piezas que produce en este periodo aparece un dibujo con la frase Los objetos están más cerca de lo que aparentan, señalando quizá con esto que el aspecto con el que las cosas aparecen en el mundo es un constructo de nuestra asimilación. Los objetos se originan y viven en nosotros, la realidad exterior es el reino de lo aparente. Estamos ante una obra que se expresa materializándose como poesía y develando su esencia sin la necesidad de pasar una fase interpretativa. La delgada línea entre la vida y el arte se desvanece.
Los objetos Randy
Hacia el final de su vida, Walz había trabajado como artista por periodos intermitentes, en ocasiones su atención y energía se centraba en la academia o en otras actividades. Entre muchas otras cosas, algo que aprendí en la convivencia diaria con Randy, es que las cosas son lo que son y que los verbos imperfectos son una pérdida de tiempo para quienes siempre están ocupados haciendo el día a día. Particularmente disfruté mucho su última exposición albergada por la Universidad de Guanajuato, Selección. Escrutinio. Disección. Taxidermia. (2017). Esta serie implicó una labor introspectiva muy fuerte. Aquí vemos el despliegue de una pregunta que puede surgir en la vida de cualquier ser humano: ¿qué dejas y qué te llevas al presente? Es posible que el mundo sea un gran silogismo, pero también es posible que éste no pueda dividirse en varias certezas, como un todo que no puede conformarse en diferentes partes.
Desde el momento en que Randy comienza la selección de imágenes y cadencias poético-visuales que conforman el cuerpo de la exposición, se denota la idea de que es imposible cancelar por completo cualquier cosa en modo alguno, pues es en la misma acción de cancelar que prevalece el acto anterior. Quizá la memoria humana es una serie de imágenes traslapadas que se recuerdan una a otra formando obtusas redes que aparecen y desaparecen sin dejar de existir. La pintura es un material en el que claramente podemos observar el efecto de la imposibilidad canceladora. En el caso de esta exposición, pintar sobre algo no aniquila lo cubierto, se adhieren.
En el catálogo de la exposición, Walz menciona que para la construcción de estas piezas autobiográficas fue necesario no seguir una lógica visual. Para entrar al nivel de presentación de una imagen que muestre sus cualidades esenciales y no originarias, fue imprescindible el fijar las ideas sin decirlas, anotar sin señalar, acordonar sin restringir. Así como la experiencia del arte se convirtió en parte fundamental de la naturaleza de Randy, la manera en que vivió con esas imágenes conformó su tiempo. La sensación de estar rodeado de un libro abierto en todas sus páginas a la vez fue apabullante todas las veces que visité la exposición. He perdido la cuenta sobre cuántas veces he revisitado esa sensación en mi mente. Y aunque su tiempo haya terminado, he llegado a creer que quizá mi amigo Randy no sucedió, sino que es.
