1. Recolecta semillas. Utiliza semillas que tengas a la mano, puedes usar las de algún jitomate, tomate verde, chiles, pepinos, etc. Separa las semillas, utiliza un colador de malla fina para enjuagarlas y déjalas secar por un par de días en un espacio fresco y sin sol directo.
2. Siembra. Prepara una maceta o bote que tengas a la mano. Lo primero será hacerle huecos en la parte de abajo (para que salga el agua cuando reguemos nuestro semillero). Agrega tierra, luego una o dos semillas y cubre con una ligera capa de tierra de aproximadamente 1 centímetro.
3. Germina. Una vez sembrada la semilla es momento de regar. Asegúrate de que la semilla esté siempre húmeda. Revisa a diario tu semillero y riégalo todos los días hasta que comience a brotar tu plantita. Cuida tu planta, colócala en un espacio con buena iluminación, pero muy poco tiempo de sol directo para que no se queme o se deshidrate.
4. Trasplanta. Cuando tu planta haya alcanzado los 10 cm de altura o tenga dos pares de hojas, es momento de trasplantar. Colócala en una maceta profunda y en un espacio donde le dé mucho sol directo. Deja secar un poco la tierra entre riego y riego para no ahogar tu planta.
5. Cosecha. ¡Una vez que tu planta dé fruto puedes cosechar! Recuerda agregarle abono a tu maceta para que tu planta pueda seguir produciendo más frutos. También es importante leer e investigar sobre diferentes cultivos para conocer las necesidades de cada hortaliza.
Tip: También puedes plantar una papa o camote que estén germinando o ajo y jengibre. Solo toma el trozo que tenga un brote nuevo y colócalo en una maceta profunda con tierra. Cúbrelo con 7-10 cm de tierra y riega todos los días hasta que aparezca un tallo verde.
