Mano a mano, a través del otro, del apoyo, del diálogo, escuchar y hacer equipo, y de la comunidad, es como la sociedad puede encontrar soluciones y unión, y crear la posibilidad de vivir en una sociedad óptima. Este espíritu comunitario es el timón con el que navega Territorios Culturales, un programa del Instituto Cultural de León que tiene como meta permitir y motivar a que sean las personas, los vecinos, las madres y sus hijos, quienes propongan y realicen acciones para mejorar su calidad de vida a partir del arte y la cultura.
Desde 2017, las y los gestores de Territorios Culturales han sido un puente de ida y vuelta entre las políticas públicas del Instituto Cultural de León y las necesidades culturales de las distintas comunidades que son parte de este programa. Un conector que, a través de los años, ha reunido a vecinas para buscar soluciones en sus diferentes colonias por medio de actividades artísticas y culturales que fortalezcan ese tejido que muchas veces se encuentra erosionado; esfuerzos que motivan a compartir experiencias, empatar necesidades y generar acuerdos de mejora entre los habitantes de la zona.
“Recuerdo que hicieron un altar de Día de Muertos al cual me invitó Ceci, me dijo que si quería participar; ya llevé unas veladoras y pues sí me gustó cómo se organizaban y se miraba bonito. Después me invitaron a un coro para mi hija, la llevé ahí a la biblioteca, estando ahí en la primera clase de coro me invitaron a la Comunidad Cultural en la cual podía participar y quedarme”, cuenta Ma. Isabel Rosas Espinoza, integrante de la comunidad de Villas de San Juan.
Así es como dentro de Territorios Culturales habitan distintos proyectos que desde su particularidad abonan a que se cumpla el objetivo principal: Salones de Cultura, Salones de Cultura Comunitarios, Verbenas Culturales y, más recientemente, el Primer Encuentro de Comunidades Culturales, proyectos con la persistente misión de canalizar el esfuerzo diario que hacen todas estas personas.
Precisamente este Encuentro, que se realizó el pasado 28 y 29 de septiembre, fue el reflejo y fruto de 8 años de labor, de salir a las calles a romper paradigmas, de involucrar a la familia, de convencer y demostrar con acciones que desde el arte, la colaboración y los procesos culturales se le puede dar un vuelco positivo a la vida.
“Ser miembro de este proyecto me ha traído momentos muy gratos y grandes amistades. Al estar aquí hemos hecho cosas muy bonitas para nuestra comunidad, eventos que nos dejan un buen sabor de boca al ver la cara de las personas que asisten; el trabajo que se hace en nuestro grupo es más que nada para el bien de nuestra comunidad”, explica Violeta López Becerra, también integrante de Villas de San Juan.
En ese primer encuentro convivieron mujeres, niños, niñas y vecinos de todas estas comunidades que están abrazadas por Territorios Culturales y que son: León I, Villas de San Juan I y II, Villas de la Luz, Los Ángeles, Piletas II, Unidad Obrera, Ribera de la Presa y Cerrito Amarillo.
En el marco de este evento, en el que se reunieron alrededor de un centenar de integrantes de las comunidades culturales, además de las y los distintos gestores, se presentó la publicación de la Guía de Gestión Comunitaria, un documento creado por el equipo de Territorios Culturales que reúne la experiencia acumulada en estos años y que sirve de legado editorial de quienes han puesto pasión y esfuerzo en esta invaluable labor.
Charlas, conferencias, talleres y programación establecida por las y los gestores de Territorios, donde también hubo oportunidad para intercambiar experiencias, para comparar procesos, para poner en voz los retos que han tenido cada una de las y los participantes de estas comunidades; un aprendizaje cercano y auténtico que impulsa los resultados del trabajo comunitario.
Uno de los principales objetivos del Instituto Cultural de León es brindar las herramientas y conocimientos adecuados para que la sociedad organizada sea capaz de gestionar y crear sus propias manifestaciones artísticas, desarrollar aprendizaje a través de talleres, de mesas de diálogo, espacios y momentos que les permitan ejercer sus derechos culturales a plenitud y con ello colaborar para transformar su entorno, encontrar soluciones a problemas sistémicos que afectan a sus colonias y, lo más importante, mejorar su calidad de vida.
“Me llenó, me sentí muy a gusto conmigo misma, entonces ya no dejé de ir, me reunía con mis compañeras, ahora amigas: Ceci, Viole; más que amigas, pues compartimos muchas cosas juntas, alegrías, tristezas, duelos”, comparte Isabel.
Y es que, aunque el resultado de este programa se ve reflejado en la comunidad, individualmente, la transformación es asombrosa y conmovedora. El arte y la cultura demuestran que su sensibilidad permite abrir la mentalidad de las personas, encontrar otras realidades y otras maneras de llevar y manejar su día a día.
El Primer Encuentro de Comunidades Culturales significó una recompensa para estas mujeres que, con todo y sus circunstancias, dedican tiempo y energía para crear comunidades fuertes y comprometidas que construyen nuevos paradigmas.