Aunque no hay un conteo preciso, se dice que solo entre los siglos XV y XVIII cerca de 80 mil mujeres fueron enjuiciadas por brujería, y si el veredicto las culpabilizaba (más del 80% de las veces fue así) procedían a darles muerte de formas tortuosas y humillantes.
En 1474, Heinrich Institor publicó el libro Martillo de las Brujas, que desencadenó de manera legal y sistemática la caza de brujas, literalmente. Institor fue uno de los inquisidores más famosos de la Orden Dominica y debido a ese libro logró propagar su angustia masculina en la que popularizaba la creencia de que la inmoralidad sexual, la perversidad y la herejía eran características intrínsecas de la brujería y, por lo tanto, quien la practicase debería ser exterminado por bien del resto de la humanidad.
Fue así que en aquellos años, a cualquier mujer que transgrediera —o que parecía que transgredía— la norma moral-cultural de la sociedad en la que vivía, podía ser acusada de bruja, y una vez que esto pasaba se enfrentaba al escrutinio y vejación pública, las sometían a una barbaridad de pruebas que convencieran al hombre blanco líder de la moral de que eran mujeres de Dios. Si libraban el juicio, solo vivían el resto de sus días vigiladas y renegadas; si no, lo más común es que las llamas las consumieran hasta morir en alguna plaza pública, y esto era porque se creía que el fuego mataba el cuerpo y el alma diabólica que lo habitaba, y porque hacerlo frente a todo el pueblo era una manera de fomentar el miedo y el ‘respeto’ a la religión.
¿Cuáles podrían ser esas acciones transgresoras? En esos tiempos cosas como ser mujer adulta (en tiempos de la peste bubónica la esperanza de vida era de 45 años) y no vivir en sagrado matrimonio con un hombre o consagrada a Dios, o sea, ser soltera. También tener un oficio con el que pudiera sustentarse (principalmente si estos tenían que ver con herbolaria o los equivalentes de medicina y ciencia en aquel entonces) o frecuentar grupos de mujeres, sobre todo si estos se reunían de noche.
Como puede notarse aquí, mucho de este perseguimiento que se realizó no estaba tan estrechamente relacionado con rituales sangrientos, ni con poderes malignos, ni con monstruos comiendo niños inocentes. Fueron feminicidios sistemáticos, protegidos e incitados por la ley.
A quienes tenemos el privilegio de vivir en ciudades que —aunque siguen en lucha— han avanzado en la igualdad o equidad de género, estas historias de terror tal vez nos parezcan ficticias, pero fueron tan reales que marcaron las constituciones y los contextos sociales de la humanidad y, según cálculos de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, en aproximadamente 50 países estas prácticas continúan hasta la fecha.
Aunque la caza de brujas que se dio en el Renacimiento fue principalmente en Europa y la actual se concentra en países africanos y asiáticos, desafortunadamente también llegó a América Latina con el colonialismo y, aunque en menor escala, aún permanece.
Es así que México no quedó exento de estos problemas patriarcales y pese a que aquí el término bruja no fue acuñado hasta en tiempos más modernos, en nuestras culturas prehispánicas también existían los equivalentes de estas mujeres poderosas que, aunque tenían muchas veces más respeto a los casos antes comentados, sus historias de vida también han estado cargados de estigmas.
Algunas de las más famosas de esas curanderas mexicanas —de tiempos contemporáneos— fueron Bárbara Guerrero, mejor conocida como Pachita, y María Sabina Magdalena García. La primera practicaba un tipo de medicina ‘milagrosa’ guiada por los espíritus de la Gran Tenochtitlán, mientras que la herborista oaxaqueña realizaba, entre muchas cosas, ceremonias de sanaciones espirituales y corporales con hongos y hierbas.
Si bien ambas gozaron del prestigio internacional por sus resultados benéficos en quienes las buscaban para curar algún mal, también fueron estigmatizadas por ciertos grupos que, más allá de dudar de sus métodos, las calumniaban o desprestigiaban.
Sobre estas prácticas que dichas mujeres y muchas más han realizado para encontrar el bienestar integral de la persona —más allá de la salud física-corporal—, Dalia Pérez comenta que “todas las manifestaciones de desequilibrios tienen una raíz mucho más profunda que solamente reducirlo a una enfermedad y una cura”.
Mejor conocida como Dalia Fuega en redes sociales y en distintas colectivas feministas en Guanajuato, es educadora menstrual y acompañante ginecolística, y ha dedicado gran parte de su trayectoria al estudio, rescate y aplicación de la medicina tradicional mexicana y herbolaria. Con estos conocimientos, asegura que “en espacios de creencias antiguas no se reconoce la brujería, sus prácticas están cercanas más a la medicina, a la sexualidad”.
Si bien en los términos brujas y curanderas hay muchas diferencias sustanciales, también existen varias coincidencias como éstas, por algo las brujas europeas fueron estigmatizadas con calderos al fuego, pues era común que sus oficios tuvieran relación con la herbolaria y la cocina y, aunque muchas veces sí era aplicada en acciones místicas, otras simplemente realizaban acciones medicinales que la ciencia aún no se explicaba en ese entonces y se le consideraba magia a sus resultados.
“La magia significa cosas súper diversas para cada persona, en mi práctica personal y de las formas en las que yo acompaño a otras mujeres, la magia es ese algo que cada una tenemos que mueve nuestro corazón, que son las prácticas o los talentos que cada una tiene (...) y por eso me parece que sí es una práctica emancipadora, porque al final como que la magia es simplemente un proceso en el que puedes transformar, transformar ciertas cosas, crear vida, crear proyectos y también acceder a otros planos más allá del sistema, del sistema en el que vivimos”, comentó Dalia.
“Cuando cada una va reconociendo cuál es su magia, cuáles son sus dones, también es salirse de los establecido, de lo establecido de lo que el sistema patriarcal ha pretendido que sea la vida de las mujeres”, o sea, transgredir la norma machista, como hicieron muchas mujeres en los siglos pasados y que las llevó a ganarse la horca.
Es por todo lo anterior que en muchas culturas y reflexiones modernas se consideran a las brujas como las primeras feministas, y por eso no es de sorprender que actualmente colectivas o activistas sobre el tema se autopropien de estos términos.
Entonces, el término ‘bruja’ y muchos otros similares, que se han utilizado para referirse a las mujeres potentadas que se les recrimina por lo que logran o consiguen, no ha cambiado de significado realmente, pero sí el estigma sobre éste. Es así que actualmente agrupaciones, colectivas o activistas en lo individual que buscan terminar con las brechas de género se autonombran brujas o bien, adoptan otras expresiones propias del mundo místico para autodenominarse.
Ejemplo de esto son Las brujas del mar, de Veracruz; Colectiva Brujas del Rincón, de los pueblos del Rincón de Guanajuato (Manuel Doblado y Purísima) o Colectiva Aquelarre Fénix de León.
“El nombre hace referencia al ave que renace de las cenizas, simbolizando la unión y resistencia ante el sistema patriarcal”, comentó Esmeralda, explicando un poco de lo que significa el nombre pero también la hermandad que forma con las otras doce miembras de esta colectiva local.
Esmeralda coincide con Dalia en que la magia o la brujería es una fuerza emancipadora ya que lleva a las mujeres a desafiar las formas de opresión al empoderarse desarrollando sus propias habilidades y capacidades. Es por eso que los ‘aquelarres’ que organiza la colectiva distan de la realización de sacrificios o llamamientos a Satanás, sino que más bien tienen forma de reuniones entre mujeres sororas en las que abordan temas desde legales o psicológicos para su propio crecimiento personal y grupal, pero también forman lazos de amistad con festejos o actividades recreativas, mientras que en fechas importantes como el 8M también dedican las reuniones a organizar su participación en la marcha y otros eventos relacionados.
Este año, la Colectiva Aquelarre Fénix de León —que forma parte de la Red Feminista León— tendrá presencia con una batucada de mujeres, un tendedero de agresores y deudores alimenticios y por su puesto con carteles y sus voces.
Si quieres conocer más del trabajo de Dalia Pérez o formar parte de sus círculos de mujeres puedes seguirla en instagram como @DaliaFuega; o si quieres unirte al Colectivo Aquelarre Fénix, o bien, ser parte de alguna de sus convocatorias para este 8M, las puedes encontrar como @colectiva.aquelarre_fenix.
Referencias:
Serrano, B., Serrano, B., & Serrano, B. (2014, 15 octubre). El feminismo (también) es una historia de brujas. El País. https://elpais.com/smoda/place...
Cabrera, E. (2022, 22 agosto). De las brujas como primeras feministas. elDiario.es. https://www.eldiario.es/cultur...
BBC News Mundo. (2021, 12 septiembre). La salvaje violencia contra las brujas: el antiguo feminicidio que aún sucede en nuestros días. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noti...
Facebook. (s. f.). https://www.facebook.com/profi...
Facebook. (s. f.-b). https://www.facebook.com/bruja...