INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

León, ciudad de rumores y leyendas

Desde el Pentágono hasta los Baños Lucita, conoce las leyendas que han dado forma al imaginario colectivo de León y han dejado su huella en la ciudad.
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Jorge Flores
Aunque pareciera que las leyendas son elementos arcaicos o cuentos de ancianos, en realidad son historias con las que convivimos día con día, relatos que cobran fuerza cuando se comparten y que le dan significado a los misterios que habitan en una ciudad.

Un rumor es una verdad a medias, un ‘algo’ que alguien creyó ver o escuchar, pero, aún sin certeza, fue y contó; si ese rumor es suficientemente creíble se propaga cual incendio, alimentándose del asombro, de la incredulidad, de la curiosidad, del miedo; poco a poco cobra fuerza y, si no se frena, se convierte en algo imposible de comprobar, pero, al mismo tiempo, muy difícil de negar. Esas historias le dan misticismo a las ciudades, dotan los espacios de fantasía, por eso preferimos seguir creyendo a dejar que el escepticismo nos arruine la diversión.

León es una ciudad con historia, sus millones de habitantes se han edificado sobre una basta cantidad de hechos, algunos registrados fehacientemente y otros recordados de forma más subjetiva; y es en ese limbo entre los archivos y lo que la gente dice, que han germinado decenas, cientos de leyendas urbanas en nuestra ciudad, desde las épocas revolucionarias hasta el presente contemporáneo, las calles de esta tierra llevan rumores en el viento que se repiten de boca en boca hasta anidarse en nuestro imaginario.

En este recuento puede que se queden fuera leyendas clásicas de la ciudad, probablemente olvide mencionar las más populares o quizá omita la más interesante, pero el punto es recopilar ciertas historias que han estado ahí, en el discurso informal de los narradores de historias que se personifican en las reuniones de amigos, en el chisme del trabajo, en la plática casual mientras haces fila en el banco… historias que se cuentan en León.

Una de las más recientes y generacionalmente fresca, es la del Pentágono, hoy sepultado bajo los cimientos una gran tienda comercial en Cerro Gordo. Hace 15 años, en ese lugar existía un terreno baldío en el que se escondía una estructura de concreto de forma pentagonal, un espacio abandonado que era explorado por los jóvenes estudiantes de la zona; grafiteado, apestoso, lleno de basura y restos de fogatas, se decía que ahí se practicaban rituales satánicos. La versión ‘oficial’ es que eran unas viejas cisternas ocupadas por vagabundos, pero el rumor que durante un tiempo atraía a curiosos de la ciudad, aseguraba que demoníacos actos ocurrían en el lugar. 

Un poco más al pasado, podemos recordar el Edificio Carranza. Entre la calle Juárez y la avenida Miguel Alemán, frente al Monumento a la Madre, un edificio inconcluso ocupaba el paisaje de la zona. Se cuenta que las varillas con las que se estaba construyendo eran parte del material contaminado con Cobalto 60, en 1984; un accidente que desde Chihuahua expandió su ola radioactiva por todo el país a través de los materiales de construcción que llegaban a los distintos estados, incluido Guanajuato. La obra fue detenida por este motivo, pero desde entonces hasta hace apenas 3 años (fue demolido en abril de 2020), el edificio en obra negra se mantuvo erguido, teóricamente manteniendo su ola radioactiva en la zona, y el rumor de que esa radioactividad produzca efectos en las futuras generaciones es algo que preocupa a más de uno. 

Siguiendo con los edificios en desuso, no podemos dejar de mencionar la famosa Torre Andrade, hoy un activo centro cultural que acoge a una comunidad viva y participativa. Hace algún tiempo éste fue uno de los proyectos de modernización urbana más ambicioso de un León en crecimiento. A finales de la década de los 80, el revolucionario arquitecto Agliberto Llamas inició esta construcción que se adelantaba a su tiempo, lamentablemente, su trágica muerte dejó el proyecto inconcluso y desde entonces nadie más se ha hecho cargo del mismo. Salvó los pocos locales que lograron terminarse, toda la construcción quedó en el abandono, despertando rumores e historias tétricas y escabrosas sobre lo que existe dentro de sus 15 pisos en obra negra. El misterio se encontraba sellado hasta hace un par de años que el proyecto cultural de Torre Andrade le abrió las puertas al público, un espacio donde el arte vive y se multiplica, pero que sigue respirando esa sensación de misterio y suspenso; si la has visitado probablemente sepas de lo que estoy hablando. 

Y para hablar de leyendas e identidad, no puede quedar afuera el platillo típico de la ciudad: La Guacamaya, y es que, si bien todos sabemos cómo se prepara, no existe una declaración oficial, un archivo comprobable de su origen o su autor, y es ahí donde nacen las leyendas en torno a su creación. Unos dicen que nacieron gracias a que un tal Don Deme, vendedor de duros ─chicharrón─ con salsa, tenía unos clientes que acompañaban el duro con bolillo y de vez en cuando con unos tequilas; a uno de ellos se le subió el trago y comenzó a hablar rápido y atropellado. Entre el licor y el picante, alguno de los parranderos le gritó “cállate, pareces Guacamaya” y de ahí en adelante lo demás es historia.

Por otro lado, existe la versión de que en unos campos de fútbol un señor iba cada semana a vender duro con salsa muy picante, algún día, un creativo garnachero decidió hacer la mezcla dentro de un bolillo para bajarle lo picoso, pero, a pesar de la trampa, el picante seguía haciendo efecto y al estar tan enchilado haciendo aspavientos con los manos, decían, parecía el aleteo de una guacamaya y de ahí el sobrenombre del peculiar platillo. Imposible sería saber de puros rumores cuál es el origen real de esta característica torta, pero esa misma falta de certeza le ha dado a la Guacamaya un hálito de leyenda. 

Hay leyendas que nacen debido al abandono y al tiempo de los espacios, ese es el caso de la Gran Plaza y lo que contiene. En 1991, esta plaza se abrió como un símbolo de lujo y modernidad en la ciudad. Treinta años después es un espacio que sigue respirando artificialmente gracias a los cines; pero, durante su auge, no podemos olvidar el famoso Mc Donalds que por un tiempo fue la opción preferida para las fiestas de muchos niños y niñas, y fue también un receptáculo para el rumor y la leyenda, y es que se decía que dentro de su alberca de pelotas había un nido de víboras. Una vez que comenzó a bajar la afluencia en la Plaza, se corrió el rumor que esa sucursal de la famosa tienda de hamburguesas era la única en el mundo que operaba con números rojos.

Por último, recordamos un lugar que, aunque ya no funciona como originalmente lo hacía, de repente abre sus puertas para fines alternativos. Hablamos de los Baños Lucita, a un costado del Parque Hidalgo. Hace más de 100 años estos baños fueron probablemente los más importantes de León, pero el tiempo hizo su trabajo y quedaron obsoletos, se dice que entre sus saunas, la alberca o las regaderas, más de una persona, ente o espectro se ha aparecido, incluso han sido sede de las investigaciones del programa de televisión Extranormal. Aún con toda esa carga espectral, los Baños Lucita han funcionado como escenario para más de una fiesta y encuentro de arte alternativo. 

¿Conocían ustedes estas historias?, ¿qué otras leyendas urbanas conocen de León?

Estas son solo algunas de las leyendas y mitos que recorren las calles de nuestra ciudad, historias que no necesitan un testimonio verificado, nacen del rumor, del relato, de ese placer de ir contando de boca en boca una historia que parece increíble pero que de tanto eco comienza a tomar forma de certeza.

Jorge Flores Jorge Flores

Licenciado en Ciencias de la Comunicación. He trabajado dentro de la narrativa y difusión cultural desde hace más de 10 años, en plataformas digitales, medios tradicionales y proyectos culturales relacionados a la música, literatura y cine. Necio consumidor y creador de productos culturales.