Lo que comenzó hace más de medio siglo con puestos de lámina en la calle Guillermo Prieto, hoy es uno de los sitios más reconocidos en León por la variedad de productos que ofrece, entre ellos la comida, así como por la tradición que representa. Doña Marisela Cabrera recuerda cómo fue que su mamá se hizo del local que hoy atiende y donde ofrece un sabroso menudo con la receta secreta que viene desde su bisabuela.
“Aquí llegó mi mamá, fue la que inició el negocio. Mi mamá trabajaba para una señora. La señora no quiso este local y se lo dejó a ella. (Yo) venía de chiquita, desde que tenía 10 años (...) eran tejabanes en la calle, nada que ver con ahorita; era muy bonita esa tradición de antes, puros localitos con lámina y en la calle, era toda la calle Guillermo Prieto hasta Juárez”.
Todos los días, doña Marisela se levanta desde temprano y se avienta el recorrido desde la León II hasta llegar al Carro Verde para comenzar a guisar el platillo que tanto le ha dado a su familia y, de paso, saciar el hambre de las y los marchantes; eso sí, para que todo quede a punto, nada como acompañar este famoso caldo con unas ricas tortillas hechas a mano, de esas que ya casi no se ven, y preparar el menudo al gusto: con su cebollita, el cilantro, una pizca de chile de árbol ―pa’ que amarre―, el aguacate (pero nada más la mitad porque ya completo es un lujo) y al lado, la bebida de preferencia para desatorar el bocado.
A unos cuantos locales se encuentra la señora María del Carmen Valadez quien, junto con su mamá Felipa y su hija Fernanda, atiende un puesto de comida casera. A la vista saltan las cazuelas de barro donde se dice que todo guiso queda más sabroso, “¡Pásele jóven, qué va a querer”, le dice a un cliente que se acerca a ver los platillos que van desde chiles rellenos, sopa de arroz, frijoles refritos y más.
Carmen platica que fue su mamá quien se hizo del local. “Se lo ofreció una comadre y mi mamá dijo que sí, así fue como se quedó con su puesto”, nos menciona al tiempo que le dice a su hija cuánto cobrar al marchante por su platillo. Y aunque dice que le gustaría que el local pasara a manos de sus hijos, asegura que a ellos eso del comercio como que no es tan de su gusto.
A un lado del puesto de Carmen y junto a las aguas frescas se encuentra Yadira González, quien orgullosa comparte que sus papás son de la generación de los fundadores del Carro Verde y, aunque ellos ya casi no atienden el local, siguen siendo ‘los meros meros’.
Todos los días, Yadira llega desde las 7:30 de la mañana para comenzar a preparar el menú del día, mismo que a diario va variando al menos en tres o cuatro guisados. Como buena comerciante, conoce a los comensales y sabe qué platillos ‘pegan’ más de acuerdo con la temporada.
“Ahorita en tiempo de calor (piden) cosas frescas o algo que no esté tan caliente, como carne de puerco, chiles rellenos, tortas de papa, de carne y en tiempos de frío los caldos de res, de pollo, de espinazo, albóndigas; es variable pero siempre se consume de todo, hay gente para todo”.
Así, su día transcurre entre la preparación de comida, la atención a las y los clientes, y de vez en cuando un rato para descansar. Cuando menos acuerda dan las 6:00 de la tarde y es tiempo de partir a casa.
Al preguntarle por un recuerdo agradable que tenga del Carro Verde, lo primero que menciona es la temporada en que se usaba los miércoles de plaza porque había mucha gente, esto seguido del momento del día que más le gusta “que la gente te diga «¡está muy rico! ¡Muchas gracias por darnos de comer!», creo que es lo más satisfactorio que la gente te puede dar”, menciona.
El pasado 21 de junio el mercado Carro Verde cumplió 52 años, más de cinco décadas surtiendo a las y los leoneses, y siendo fuente de ingresos para muchas familias. Hace unos cinco años, según nos cuenta Yadira, fue remodelado, y no cabe duda que los letreros que se encuentran a lo largo de los pasillos, entre ellos el que versa “Como en casa y sin lavar vajilla”, son una invitación a pasar un rato agradable en familia, con los amigos o solo, y cumplir el dicho “barriga llena, corazón contento”.
Lo mejor es que hay comida para todos los presupuestos, desde aquellos que con poco más de 60 pesos puedes comprar un platillo de chile relleno, spaguetti y verdura cocida, de los cuales los últimos puedes racionar hasta para dos días; o bien, ir por un menudo mediano con su coca y aguacate, y pagar poco más de 100 pesos.
Una vez que ya tienes ‘gasolina’ para el día, puedes pasarte a las demás áreas del mercado y surtir tu mandado, o bien, continuar con las actividades diarias.
Y aunque a ciencia cierta nadie sabe cómo o por qué Carro Verde comenzó a hacerse de renombre por su comida, es un hecho que todo aquel que se diga conocedor de la gastronomía leonesa tiene que llegar a él.