Me encontré perdida,
con los ojos hinchados de tanto llorar
y las manos tratando de mantener en su lugar mi corazón en pedazos;
buscando desesperadamente,
pidiendo a gritos
un amor que decía seguir ahí
pero que había dejado de sentirse cálido.
Y digo “me encontré perdida” porque la que gritaba no era yo
sino un alma que se había entregado tanto al amor
que sin darse cuenta
se había abandonado a sí misma en el intento.
Resulta trágico,
soltarse de sí buscando amor
para al final terminar sin ninguno de los dos;
pero lo cierto es que hay que sentirse perdida
para saberse en el lugar incorrecto
y sostenerse de la valentía para atreverse a salir.
La puerta que antes parecía lejana
ahora se encontraba a unos cuantos pasos
y al cruzarla anduve entre viento y tormentas
antes de poder hallar la calma.
Finalmente me encontré.
Me reencontré con aquella alma que alguna vez estuvo rota,
aún dispuesta a seguir amando;
y en el fondo agradecí haberme perdido
pues entendí que me espera un camino mejor.
