INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

¿Qué ‘algo’ es la gestión en arte?

El Vitrolero
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Rolando Ramos Reyes
La pregunta que tiene como título de este artículo podría parecer obvia. Claro que la gestión cultural es ‘algo’, y es obvio que un gestor cultural tiene un lugar preponderante en la producción y difusión de eventos, así como en la formación y consolidación de públicos en aquello que se ha nombrado como ‘la industria cultural’.

Haciendo una abstracción del fenómeno del arte en la sociedad, si reducimos los flujos de interacción del efecto del arte y la cultura en la sociedad a una visión polarizada y simplista, podríamos hablar de la producción y consumo de productos culturales, donde el lenguaje del marketing hace su aparición para definir su posible esencia. 

En este sentido, toda obra de arte es un producto simbólico y el gestor es el encargado de generar los canales y plataformas para que ese mensaje encarnado en la obra sea consumido por el usuario final, es decir, tú y yo. Si la diferencia entre el deseo y la necesidad fuese tajante y categórica, la definición de la gestión de arte sería sencilla y sus funciones podrían enlistarse, quizá hasta de manera sumatoria, pero las relaciones que los seres humanos establecemos con nuestra realidad pocas veces radican en un plano binómico y llano.

Hace unos días asistí a una charla impartida por un experto en ontología[1], y como suele suceder en este tipo de tertulias, el tema sobre la reducción del conocimiento humano al lenguaje tarde que temprano apareció. Atendiendo a una sólida tradición filosófica, el ponente afirmaba que indefectiblemente, todo pensamiento se estructura y expresa por medio del lenguaje. Si fuese así, ¿todo el conocimiento humano debería poder expresarse con lenguaje? Otra pregunta más que deviene ser la primera: ¿las experiencias que en ocasiones marcan la forma en que cada uno genera su realidad pueden ser expresadas con palabras para ser conocimiento? Si la respuesta de estas preguntas fuese afirmativa, quizá una buena parte de la esencia de lo artístico estaría vetada de la realidad, por ser indecible.

Por ejemplo, una cosa es argumentar que la exposición temporal que actualmente se muestra en el Museo de Arte e Historia de Guanajuato ‘El negro sol de la melancolía’ tiene —entre otras cosas— el objetivo de ampliar el valor simbólico y relacional de algunas de las obras de los tres grandes maestros del muralismo mexicano, y otro asunto es experimentar en carne propia la tensión que existe cuando desarticulas el pedestal en el que la historia ha colocado ciertas imágenes y las puedes ubicar en una situación de mundanidad. El derrocamiento de ese distanciamiento cómodo que nos propicia el tiempo produce una experiencia que afecta desde lo mental hasta lo corporal, como cuando nos enamoramos por segunda o tercera vez, y en un acto de divertimento comenzamos a hacer comparaciones aunque en el fondo sabemos que lo que experimentamos es algo único e inefable y que hemos aprendido algo nuevo sobre nosotros mismos, y eso lo sabemos porque nuestra realidad es otra y la única manera de que esto fuese así es porque distendemos las fronteras de lo que podíamos percibir desde un único en indivisible aquí y ahora.

Así, es difícil hablar de un pensamiento sin palabras, la imposibilidad es plena cuando reflexionamos en el objeto final de un gestor de arte, ya que el conocimiento sensible no se puede medir; ¿cómo entender la estructura en la que el gestor establece sus prioridades y todo el entramado de los mensajes que pretende abordar?, ¿cómo sabemos que hizo un buen trabajo o al menos un trabajo adecuado? Luego está el asunto de la disolución de las artes en casi cualquier práctica discursiva o línea de conocimiento. Esta disociación la encontramos en el mismo círculo del arte: en ocasiones un gestor también es divulgador, curador, administrador, publicista y a veces hasta el productor, inversionista y ayudante en el montaje de eventos.

Una vez le pregunté a un amigo gestor acerca de cuál era su labor y su respuesta me sorprendió, pues me dijo que no era todas las que recién mencioné pero que las incluye. Algo diferente fue la respuesta de un grupo de gestores que conocí una vez en Chiapas, casi todos eran encargados de las casas culturales de los diferentes lugares de donde provenían y les era muy clara su función: preservar las tradiciones y costumbres de su cultura por medio de estrategias nuevas que correspondieran a los intereses de las generaciones más jóvenes sin dejar de honrar a sus mayores. Esa respuesta me hizo cavilar acerca de que si bien el conocimiento sensible no puede ser evaluado, sí se puede notar su huella en la manera en que cada generación absorbe, niega y reinterpreta su cultura o una ajena.

Un gestor de arte tiene como tarea ofrecer al espectador la posibilidad de construir un nuevo bagaje de experiencias para enriquecer su conocimiento, pero ¿qué tipo de experiencias? Hay varias teorías sobre si existe una real diferencia entre los contenidos considerados como entretenimiento y los que radican en la esfera del arte, incluso hay quienes hablan de diferentes estadíos por los que el espectador transita antes de asimilar una experiencia estética. Más allá de estos asuntos, un gestor responsable tiene siempre claro que aquello que va a ofrecer al público escapa de su cotidianidad, además hará un análisis de las posibilidades y cualidades perceptuales promedio de aquellas personas a quienes está dirigido su evento. En buena medida, la labor del gestor es la de suspender el flujo de información del discurrir en la vida diaria y acercarnos a la experiencia de lo singular.

¿Qué ‘algo’ es la gestión en arte? Hacer tangible el fenómeno del arte. Recuperación de narrativas. Construcción de interrogantes. Superación de conceptos prediseñados. Invitar al usuario al reto del conocimiento por desconocimiento. Revalorar, rehacer. Congregar desde la diferencia.



[1] Disciplina filosófica que teoriza acerca de lo posible y las propiedades de la realidad.

Rolando Ramos Reyes Rolando Ramos Reyes

Maestro en Artes por la Universidad de Guanajuato. Profesor e investigador en el área de poesía, artes visuales y estética. Contacto: rolandoramos@ugto.mx