
Recomienda: Jorge Flores
Literatura: Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez
Editorial Anagrama
Ganadora del premio Herralde de Novela en 2019, Nuestra parte de noche se ha convertido en una obra obligada en la nueva literatura latinoamericana. Colocada en el género de terror, su estructura narrativa envuelve en el laberinto de una historia sobre padres e hijos, dolor, pasado y arrepentimiento. En éste, Mariana Enríquez exhibe una Argentina adolorida, personajes agotados y temerosos frente al horror de la vileza humana. En sus heridas encontramos misticismo, esoterismo y crueldad.

Recomienda: Lisette Ahedo
Literatura: Plip y Charly en ¿Te da miedo la oscuridad?, de Jonathan Farr
Fondo de Cultura Económica
En caso de que seas de la ‘tribu’ de madres o padres que tardan horas peleando con los niños para que logren dormir, te recomiendo darte una vuelta por la librería del Fondo de Cultura Económica y le des una oportunidad a Plip y Charly con el cuento ¿Te da miedo la oscuridad? Una historia muy divertida que va a enseñarles a reír de los monstruos y sonidos nocturnos, además conseguirá que mejores involuntariamente tu habilidad de doblaje de voz.
Del escritor e ilustrador inglés Jonathan Farr, Plip y Charly son un par de sus personajes más conocidos, quienes logran conectar con las infancias gracias a su inocencia y espontaneidad. Te sugiero llenarte de paciencia porque seguramente los leerás más de cien veces.

Recomienda: Ruy Muñoz
Literatura: Poemas y antipoemas, de Nicanor Parra
Editorial Cátedra
El segundo libro de Nicanor Parra es la puerta perfecta para inmiscuirse en el género. Nicanor Parra, físico de profesión, desafió las convenciones tradicionales de la poesía con un lenguaje coloquial e irreverente que en lugar de enaltecer lo que la poesía romántica consideraba bello, confrontó la cotidianidad de la vida con sus preocupaciones, sus anhelos, sus obsesiones y sus monstruos. En este libro, el mayor de los Parra (dinastía de artistas en Chile) revolucionó el panorama de la literatura en español de mediados de siglo, despojando de su pedestal de solemnidad a una poesía cansada, haciéndola más accesible para personas que veían la vida de otra manera, que se encontraban en un mundo diferente, convulso y más hostil.