INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

“¡Ah, qué rico tema!” El sonidero es de la calle y la calle del sonidero

La cumbia y el sonidero han invadido las redes sociales, pero antes conquistaron la calle.
/thumbs/39×39/authors/Jorge.png
Jorge Flores
Gracias a las redes, hoy el sonidero leonés se ha vuelto viral; un fenómeno cultural que responde a una necesidad de comunidad.

“Si lo mexicano es naco y lo mexicano es chido, entonces, ¡todo lo naco es chido!”. Aullaba Botellita de Jerez, una consigna que, aunque nació en 1987, ha sido el ideal de la contracultura mexicana desde que terminó la Revolución mexicana. Luchar contra el establishment, sacudirse el esnobismo, la exclusividad y la centralización. La mexicanidad ha tenido muchas formas de apropiarse del arte y la cultura, una de ellas es: El sonidero.

La música tropical y caribeña llegó a México allá por los 20, desde Cuba desembarcó el danzón, la salsa y demás géneros, con los años se sumaron otros países que fueron importando sus ritmos, el calipso Panameño y desde Colombia, la cumbia.

Estos ritmos se volvieron tan populares que en las grandes fiestas de caché, en las reuniones de la clase alta, tocaban las sonoras y no se paraba de bailar salsa y cumbia; desafortunadamente a finales de la década de los 60 y durante los 70 la música caribeña redujo su popularidad, claro que estaba Mike Laure y Rigo Tovar, pero en el grueso de la población la música disco, el regional mexicano y el rock se habían adueñado de la atención. 

Las cumbias y sus colegas pasaron a ocupar otro lugar en la escena mexicana, del estelar se acomodaron en el underground, donde pudieron ser soundtrack de la contracultura. Música para la banda, para el barrio, para la calle. 

Para estas clases sociales era económicamente muy complicado contratar una sonora, así que los xv años, las bodas y las fiestas se amenizaban con un equipo de sonido que tocaba los éxitos del momento. Entonces a alguien se le ocurrió la brillante idea de sacar el equipo de sonido a la calle, bocinas, tornamesa y un disco de la Sonora Matancera, y la fiesta se volvió del barrio, la cultura se hace pública y nace el sonidero

En su texto Los bailes sonideros: identidad y resistencia de los grupos populares mexicanos ante los embates de la modernidad, Darío Blanco Arboleda (2012) indicó sobre el sonidero: «Su popularidad se debe a lo democrático del sonido, a su movilidad y capacidad de armar una fiesta en cualquier lugar, a bajo precio, así como a la disposición de los sonideros de mandar saludos a las bandas, barrios o individuos que asisten al baile. Las cumbias sirven de base musical; son manipuladas acelerándose o rebajándolas. Encima de las cumbias sueltan las presentaciones grabadas del sonido, los intros y los outros, y montan asimismo pedazos de diferentes canciones de moda, creando así los “mega cumbia mixes”»¹.

No hay información verificada sobre dónde nació el sonidero, se sabe que fue en la Ciudad de México en los 60 y que los pioneros fueron el Barrio de Tepito, San Juan Aragón y El Peñón de los Baños, este último conocido popularmente como ‘la Colombia chiquita’ por su genética cumbianchera.

De ahí se generó toda una cultura sonidera, estilos de vestimenta y comportamiento específico, Blanco (2012) explicó: «En esta época a los jóvenes se les comenzaba a catalogar como “chavos banda”, pero en las calles de Neza lo que había era pandillas de cumbiamberos, charangueros o discolocos, y cada una seguía a determinados sonidos».

Técnicamente el sonidero presume ‘poder’, un gran equipo de sonido y un juego de luces espectacular, todo móvil porque la fiesta va a donde se le requiera. Pero si el cuerpo es la espectacularidad, el alma del sonidero es la música, cumbias colombianas, villeras, sonideras, clásicos rebajados, distorsionados y mezclados, todo en medio del eco de una voz distorsionada que ameniza y divierte al respetable. Entre albures, felicitaciones, saludos y chistes, se superpone la voz del sonidero narrador. 

En un baile hay dos tipos de públicos, los que van a gastar la suela y disfrutar de lo exitazos del momento, y los que se agrupan alrededor de la cabina de sonido para disfrutar del show lírico del Dj, y a invadir su mirada con carteles, cartulinas y papelitos con mensajes y saludos. 

Durante más de estos 50 años de sonideros, han ido y venido un sin fin de referentes, desde el mítico Sonido La Changa o los contemporáneos Sonido Gallo Negro, incluso han existido propuestas de tinte experimental y con contenido político como Sonido Changorama, un proyecto liderado por el poeta, catedrático y músico Zaratustra Vázquez, quien falleciera en 2013. 

El sonidero se ha replicado por todo el país, por supuesto que las colonias y barrios de León no han sido la excepción. Los sonideros son toda una cultura en la ciudad, Sonido Killer’s, Sonido Luz de Luna, Sonido la Cumbita, el Salón Buzos, en fin, cientos de nombres que han pasado y por supuesto los que hoy están vigentes. 

Y es que es imposible obviar el nombre de Sonido Pirata y la sensación de redes Medio Metro, ambos originarios de León, personajes que han llevado la popularidad del sonidero a una escala descomunal. 

El sonidero es una expresión colectiva, es el arte en comunidad, la cultura pública representada con un actividad muy específica. En una época en la que el individualismo ha fragmentado a la sociedad, el sonidero genera unión.

Blanco (2012) declaró: «Los grupos populares siempre han bailado y lo han hecho en la calle; no deben olvidarse las posadas, los carnavales y las fiestas religiosas patronales de cada pueblo o barrio. Los sonideros simplemente suman un eslabón más a la muy mexicana tradición del baile popular callejero, a esta cultura del uso colectivo de los espacios públicos. Las inercias generadas por los medios masivos de comunicación y la cultura del consumo conducen a la fragmentación y al individualismo, de tal forma que se han erosionado algunos de los espacios tradicionales de socialización».

Desde Alternativas los invitamos a conocer más acerca de la cultura del sonidero, en Facebook e Instagram pueden encontrar un sinfín de páginas sobre colectivos y movimientos sonideros, ahí pueden consultar sus próximos bailes. El sonidero es un ejemplo de la apropiación del espacio público para la cultura. 

Referencias

¹ Delgado M., Ramírez Cornejo M. (2012). Sonideros en las aceras, véngase a la gozadera de Tumbonaediciones. Recuperado a partir de

http://www.tumbonaediciones.com/descargas/SONIDEROS_EN_LAS_ACERAS-lo.pdf

Rivera Barrón, E. (2009). Los sonideros en México. Antropología. Revista Interdisciplinaria Del INAH, (86), 58–62. Recuperado a partir de https://revistas.inah.gob.mx/index.php/antropologia/article/view/2834

Hernández V. (2023). Sonido Pirata: “El taka, taka, taka que nació en el Guaje”, El Sol de León. Recuperado de: https://www.elsoldeleon.com.mx...

Jorge Flores Jorge Flores

Licenciado en Ciencias de la Comunicación. He trabajado dentro de la narrativa y difusión cultural desde hace más de 10 años, en plataformas digitales, medios tradicionales y proyectos culturales relacionados a la música, literatura y cine. Necio consumidor y creador de productos culturales.