A veces puedes pasar años en busca de tu vocación, a veces te topas con ella a temprana edad y casi sin querer; este fue el caso del maestro Juan José Cercado, para quien la danza folclórica se ha convertido en una forma de vida, misma que gusta de compartir con las nuevas generaciones a través de la docencia.
Apenas tenía cuatro años cuando conoció el baile gracias a una de sus tías, pero desde entonces gusta de practicarlo.
“Mi familia materna, mi mamá, mis tías, ayudaban mucho a las actividades de la parroquia (de la Divina Providencia) y desde muy niño una de mis tías, siendo ya una jovencita, bailaba conmigo; «vente vamos a bailar» (decía), y bailábamos el Jarabe (tapatío) y pues era la sensación”, platica.
Al ver el gusto que tenía por el baile, a los nueve años lo inscribieron a clases en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde permaneció por tres años; en la secundaria, el taller que decidió tomar también fue el de danza folclórica, así que siguió ampliando su conocimiento.
Al salir de la secundaria, la Asociación Nacional de Trabajadores Guadalupanos lo invitó a dar clases de esta disciplina en la casa ubicada en la calle Francisco I. Madero 642, frente al Templo Expiatorio, donde se impartían diversos talleres.
“Tenían clases de teatro, tenían una estudiantina, una rondalla. Había clases de cocina, de corte y confección, y también querían que hubiera clases de danza. Entonces me invitan. Les dije «oye, pero yo no soy maestro, yo tomé unas clases y en la secundaria bailé», «pues lo que nos puedas enseñar»”.
Sería en este lugar donde no sólo formó a la primera agrupación bajo su tutela, el Grupo Folklórico Guadalupano, sino donde conoció a su esposa, Ma. Cruz Adriana Aguado Barba, quien también es bailarina.
“Ahí nos conocimos, en la calle Madero. Ellas (las alumnas) habían tenido creo que 15 días con un maestro que les empezó a dar clase, ya no fue, me conocen a mí (...). Ella era bailarina. Ella estaba en ese grupo y a partir de ahí la conozco, nos hicimos novios, después de algún tiempo nos casamos; ahora tenemos tres hijos ya adultos”, cuenta el maestro.
Pero éste es tan solo uno de los múltiples motivos que lo han llevado a desarrollar un amor profundo a la danza folclórica; otra de las grandes razones es el Ballet Folklórico Masehualistli, agrupación que surge siete años después del término del Grupo Folklórico Guadalupano, y que cuenta ya con más de tres décadas de trayectoria.
Fue el 17 de julio de 1984 cuando nace Masehualistli, desde entonces ha formado a generaciones de bailarinas y bailarines. El maestro platica, con un gran entusiasmo, cómo fue que eligieron ese nombre con tanto significado para el ballet.
“Masehualistli es una palabra náhuatl que quiere decir bailar, danzar, pero no tanto por gusto, sino por penitencia, una actividad que se hacía para alabar a los dioses. Y eran tan seleccionados los bailarines que se dedicaban a esa disciplina que incluso, dice Motolinia en sus crónicas, el que cometía un error en una danza podía ser sacrificado (...). Menciona que era más bailar con el corazón y con la cabeza que con los pies”. Y, aunque las primeras investigaciones llevaron a que la escritura correcta era con s, tiempo después dieron con una corrección al ser con c; pero el ballet ya era bastante conocido así que decidieron dejarlo como estaba, haciendo de éste un nombre único, para un ballet único.
Desde que inició el grupo, el maestro Juan Cercado se ha entregado a él por completo, a éste se sumó su esposa y una de sus hijas, dando continuidad a ese legado en formación. Consciente de que ser parte de un ballet folclórico puede ser costoso, busca la forma de apoyar a todos sus integrantes y así, desde el diseño hasta la creación de vestuarios, regularmente, corren por cuenta de la dirección del grupo.
“Cuando yo era niño batallaba mucho por cuestión de economía para que me incluyeran en los cuadros porque teníamos que comprar nuestro propio vestuario y la economía no estaba como para eso. Entonces, cuando tuvimos la oportunidad de tener una economía un poquito desahogada y promoviendo el grupo y haciendo rifas, primero, y ahora de nuestra economía, todo el vestuario es propio del ballet, lo único que compra cada bailarín son sus cosas muy personales”, menciona.
Y siguiendo con esa línea es que el ballet no cobra por funciones que se realizan dentro de actividades sin fines de lucro, solo es necesario el traslado, el alimento y el hospedaje (cuando así se requiera); esto lo hacen porque la danza es su pasión, además de su gusto por difundir la cultura mexicana a partir del baile.
A lo largo de más de tres décadas de formación, Masehualistli se ha presentado en casi todos los municipios de Guanajuato, además de Estados Unidos, pero el maestro espera que pronto puedan tener más participaciones internacionales que les permitan dar a conocer la cultura mexicana, pues si algo tiene claro es su amor por nuestro país, por la riqueza de sus raíces y justo eso fue lo que lo motivó a hacer de la danza folclórica un estilo de vida, ese hobbie que lo ha acompañado durante toda su vida.
“Se conoce a México por medio de sus bailes, por medio de sus danzas, por medio de su comida, por medio de sus tradiciones y costumbres”, señala.
Aún recuerda ese momento en que supo que quería dedicar gran parte de su vida al folclor mexicano, ese instante que lo cambió todo.
“Llegó en el momento en que yo era bailarín (...) me pusieron en un cuadro que me costó mucho trabajo sacar los pasos, pero cuando me vi en el escenario me sentía otra persona. Dije: yo creo que esto es lo que voy a hacer siempre porque me hace sentir yo”. Ese cuadro era uno de la región de Sotavento, Veracruz.
Y aunque hace varios años de ese instante, con él deja en claro que uno de sus momentos favoritos es el montar una coreografía y, si bien es consciente que con algunos cuadros los movimientos son precisos y ya están marcados, en otras opta por ‘jugar’ con las diversas opciones de pasos.
“Llevo ya una idea cuando empiezo a trabajar un cuadro, llevo ya una idea de qué quiero hacer, cuál va a ser la base, si van a ser círculos, filas, diagonales o va a ser cualquier figura”.
Al cuestionarlo sobre si tiene un cuadro favorito de la gran diversidad que representa la cultura mexicana, él lo tiene claro “a mí en lo particular me gustan más las danzas, más que el baile regional”.
Pero, sin duda, lo que le gusta aún más, es transmitir el conocimiento y el amor por la cultura nacional; es todo lo que implica la danza folclórica porque para él “la danza es mi pasión, es mi vida”.
Por ello, el retiro no es una opción para el maestro Juan Cercado. Luego de más de 60 años de trayectoria, sigue bailando, sigue dando clases (ahora a los nietos y bisnietos de sus primeros alumnos), sigue colaborando con la asociación que lo invitó a impartir el taller y aún está enamorado del baile y agradecido con él por todo lo que le ha dado, él simplemente…
“Quisiera tener todavía toda la fuerza, toda la salud para seguir activo por muchos años. Yo quiero morir bailando, yo les digo: «yo quiero morir bailando»”.
Y con suerte, para las próximas generaciones de bailarinas y bailarines, eso será dentro de muchos, muchos años más.