INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Aquí también sucede el arte (y siempre ha sucedido). Una mirada glocal desde León

El ensayo ganador del tercer lugar del concurso de ensayo académico Juan García Ponce, reflexiona sobre que tanto el arte es local o global
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Yvonne Dorantes Subías
Introducción: ¿Dónde empieza el arte? ¿Aquí o en todas partes? Creo que me he pasado más tiempo en mis estudios en este campo teniendo crisis existenciales gracias a mis materias teóricas que produciendo obras. Y lo digo como alguien que siempre está creando.

Esto antes me parecía una maldición, pero ahora, me parece una herramienta. Hay preguntas imposibles que más allá de estancarme en mi quehacer artístico, me provocan tanta incertidumbre que intentar resolverlas (sea posible o no) terminan por ayudar en mi formación como artista, por descubrir pieza por pieza mi identidad, o por abrirme la mente cada vez más. 

Una de estas dudas, que sigo sin tener la certeza de poder resolver, es: ¿dónde sucede el arte? O pensado aún más específicamente, ¿qué tanto de lo que hacemos como artistas pertenece a lo local y qué tanto a lo global? 

El concepto de “glocalidad” intenta resolver esta tensión proponiendo que ambas dimensiones no se excluyan, sino que coexistan. Sin embargo, esta relación se vuelve más clara (y más impactante) cuando se experimenta directamente. 

A partir de mis experiencias visitando dos exposiciones en la ciudad de León, este ensayo pretende reflexionar sobre como lo local no es un espacio aislado ni reducido, sino una red viva y activa que forma y transforma artistas, modifica la percepción del entorno, y de manera inevitable dialoga con lo global.

Desarrollo

De profesor a alumno (y viceversa)  
Una de las experiencias que me vienen a la mente cuando pienso en lo local como método de diálogo con lo global, fue aquella que tuve el año pasado visitando la exposición “14,610 pasos hasta aquí” (2025) en celebración de los 40 años de la ESAV. Para mi grata sorpresa, conforme avanza por la exposición, me di cuenta de que reconocí muchísimos de los nombres de los artistas/docentes que tenían obras presentes en dicha muestra. No uno o dos. Varios. 

Bastantes. Profesores que tuve en la secundaria, en la preparatoria, e incluso ahora en la universidad. Otros que conozco de eventos, de talleres, de “ah, sí, su nombre me suena”. Y de otra capa más profunda: algunos, incluso, fueron alumnos de profesores que también son o han sido mis profesores. Alumnos de los que o fui o soy alumna. En ese momento, lo que estaba viendo dejó de ser únicamente una exposición y se convirtió más en una especie de árbol genealógico, no de una manera romantizada y exagerada, sino de un modo más estructural, como una red. Visto fríamente, tiene sentido. La comunidad artística de León no es infinita, es natural que en ella existan cruces, repeticiones y coincidencias. Pero experimentarlo así, hace que cambie la percepción. Porque ya no son sólo nombres en una ficha técnica, ya no son sólo “artistas locales”, sino que se convierten en un complejo sistema de formación en el que cada persona ocupa varios roles indispensables a lo largo del tiempo; estudiante, docente, colega, referente.

Lo interesante es que esta red no es lineal, ni circular, sino que como un árbol genealógico, tiene muchas vertientes, ramas y raíces. Un estudiante no solamente recibe conocimiento, eventualmente lo transforma y lo devuelve o lo expande a la misma estructura, ya sea como artista, como docente, o como referente para nuevas generaciones. Es así como la producción artística local ya no está limitada únicamente a la creación de obra, incluye también la enseñanza y formación, la expansión y la transmisión de experiencias. Todo esto, por local que sea, crece tanto con el tiempo que se desborda a otros lugares, a otras realidades más y más lejanas.
 
Esta red no es abstracta, es visible, rastreable, casi es tangible. 

Es la red de personas que directa o indirectamente han influido en mi formación. Al formar parte de ella, quién sabe a quiénes estaré influenciando yo misma en el futuro.

Pensar en esta red como algo un “árbol genealógico” implica reconocer que las ideas, intereses y hasta ciertas formas de ver, pensar y crear arte no surgen de manera aislada. Se construyen a partir de influencias acumuladas, de diálogos constantes y de espacios que muchas veces no somos ni siquiera plenamente conscientes de estar habitando. Y ahí es cuando lo local deja de verse pequeño.


La distancia de lo cercano
Otra exposición, con otro tipo de impacto, también local: “4, 5 O más”, presentada este año en la Galería Jesús Gallardo. Esta visita llegó en un momento curioso, pues la visité después de haber tenido varias oportunidades de visitar muestras nacionales que reunían artistas internacionales, o muestras en otro país que reunían arte ajeno a mi entorno. Siempre me han gustado ese tipo de exposiciones, las que traen artistas, obras y realidades a las que normalmente no tendría acceso, pero esta exposición hizo algo distinto.

En lugar de llevarme lejos, me regresó. Las obras no hablaban de lugares lejanos, sino de la ciudad y los alrededores que habito cotidianamente. Calles que he recorrido, lugares que reconozco, o que al menos sé que están ahí, aún si no les había puesto mucha atención.
 
Y eso cambia por completo mi experiencia, porque pasa de ser una observación distante a ser una confrontación cercana. No estaba viendo “otro lugar”, estaba viendo el mío, pero filtrado, interpretado y señalado. Vuelve a lo local un espacio increíblemente más infinito, cuando uno se da cuenta de que en un espacio tan propio en realidad contiene realidades interminables, que hay decenas de artistas que estuvieron aquí mucho tiempo antes o al mismo tiempo que en el que existimos ahora, que han caminado por las mismas calles, explorado los mismos rincones y visto el mismo horizonte, y aun así, cada uno lo ve con una mirada distinta. 

Y este se vuelve más infinito aún, cuando se piensa en todos los artistas, todos los nuevos integrantes, docentes, creadores, referentes que en el futuro seguirán añadiéndose a este sistema que bien podría nunca dejar de crecer. 

Miembros de esta red que estuvieron aquí décadas antes que yo, y los nuevos miembros que vendrán mucho después de que ya no me encuentre aquí, todos somos parte de un sistema en el que el arte local y todo cuanto lo rodea terminan no solamente documentando el espacio, producen también nuevas formas de habitarlo y de percibirlo. 

Todo esto, al final, deja de ser una cuestión que se enfoca en entender lo ajeno, y se vuelve en el reto de reinterpretar y volver a percibir lo propio. Considero que esto se vuelve mucho más exigente porque nos obliga a cuestionar y notar aquello que siempre hemos dado por sentado.

Todo está conectado (lo queramos o no)
Ambas experiencias, aunque distintas en su aproximación, coinciden en un punto fundamental; evidenciar que la práctica artística se construye en un constante ir y venir de escalas. Ente lo que se aprende aquí y termina por llegar allá, entre lo familiar y lo desconocido, lo que se reconoce y lo que se descubre. 

No se trata de una elección definitiva o permanente entre lo local y lo global, pues este sistema es y siempre ha sido un viaje continuo en el que ambas dimensiones se alimentan mutuamente. 

Lo que todo el tiempo nos ha parecido cercano e imperceptible, está en realidad entrelazado por influencias que vienen desde lejos, y lo que creemos distante a veces tiene su origen en las entrañas de lo familiar.

De esta manera, lo local y lo global funcionan no necesariamente como dos categorías opuestas, sino como miradas, formas y perspectivas distintas desde las cuales podemos aproximarnos al arte. Por un lado, una nos sirve para ampliar el panorama, la otra, para introducirnos y profundizar en el contexto inmediato, pero en el entorno actual, están ambas tan entrelazadas que la línea entre lo local y lo global se ve cada vez más invadidas la una por la otra. No son límites, sino partes de un mismo proceso que siempre se encuentra en constante transformación, que se enredan, transforman, reflejan y entrecruzan entre ellas de manera constante en el entorno contemporáneo.


Conclusión: Lo local no es el límite, lo global no es el infinito
Si algo me ha quedado claro después de estas experiencias, es que lo local no es un espacio reducido, ni un paso previo antes de llegar al otro lado. Es más bien el lugar donde todo comienza a tomar forma, y a donde llegan ideas desde muy lejos al mismo tiempo. 

Las redes de formación, la comunidad, los colectivos, las relaciones y conexiones entre artistas, son una estructura tan compleja, tan propia y tan universal simultáneamente, que tal vez la respuesta no es si debemos pensar global o local, sino comenzar a reconocer que ya hacemos ambas cosas, incluso sin darnos cuenta. 

Por: Labradorita Ansiosa



Referencias

  • Escuela de Artes Visuales Antonio Segoviano. (2025). 14,610 pasos hasta aquí [Exposición]. 
  • Instituto Cultural de León. (2026). 4, 5 o más: Una vista aérea a más de 1220 km² [Exposición]. 

  

Yvonne Dorantes Subías Yvonne Dorantes Subías

Ganadora del tercer lugar del concurso de ensayo académico Juan García Ponce con seudónimo Labradorita Ansiosa