INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Definir lo invisible: el techo de cristal

Prejuicios, barreras y obstáculos que condicionan el crecimiento laboral, social y cultural de las mujeres. Definamos este concepto.
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Tania Pérez
Creer que si no lo vemos no existe es un gran —inmenso— error al trabajar por la construcción de sociedades más justas y equitativas. Desde esta premisa parte el acuñamiento del término «techo de cristal».

¿Tienes hijos o planeas tenerlos pronto?, ¿cuidas de alguien en tu hogar?, ¿tu pareja te permite viajar?, son algunas preguntas que suelen hacérseles a las mujeres al candidatearse para una vacante o un ascenso, pero no así a los hombres. Aunque estas interrogantes no califican sus conocimientos, habilidades o trayectoria profesional, sino su vida personal y aunque, en teoría, no deberían ser un factor en estos ejercicios de validación de profesionistas, siguen siendo temas decisivos.

En 1978 se acuñó el término «techo de cristal» durante una reunión informal, pero fue hasta 1986 que se popularizó gracias a su masificación en los medios de comunicación. La mente detrás del término fue la escritora y consultora laboral Marilyn Loden quien, platicando con otras profesionistas en su área, detectó que había un estancamiento generalizado en mandos medios (si es que llegaban hasta allí), sin importar qué industria o sector económico representaran.

A la pregunta de «¿por qué?» surgieron respuestas que poco se relacionaron con su experiencia o capacidades laborales, sino más bien por creencias socioculturales que mantenían al hombre como “líder nato” en el imaginario colectivo y a la mujer como “ser sensible”, pese a que las credenciales o recomendaciones dijeran lo contrario. La percepción suele pesar más que la realidad. 

Es entonces que a estas barreras culturales e invisibles que impiden avanzar a las mujeres en el plano laboral/profesional se les conoce como «techo de cristal». Y si bien es cierto que en las últimas décadas se ha avanzado mucho en la equidad y paridad de género, estos límites intangibles siguen existiendo debido al refuerzo de sesgos en la vida cotidiana. 

Por ejemplo, hace apenas un año, México votó por la primera presidenta de la República y esto podría indicarnos que las cúpulas de poder ahora son accesibles para todas pero, si volteamos hacia el grueso de la población, la mayoría de las mujeres en edad laboral están inmersas en trabajos mal pagados o precarizados. 

Según la más reciente publicación del Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO), todavía existe una diferencia notable entre los ingresos económicos de hombres y mujeres conforme a su desarrollo profesional. Por ejemplo, de las 10 carreras mejor pagadas en el país, cinco están lideradas por hombres y ninguna por mujeres; de las 10 carreras peor pagadas, seis concentran más mujeres que hombres y solo una tiene más hombres que mujeres; mientras que de las carreras con mayor porcentaje de informalidad (que no perciben prestaciones, seguros o apoyos sociales para trabajadores), en tres hay mayoría de mujeres y en ninguna mayoría de hombres (1.cuadro comparativo). 

 

1.

Carreras mejor pagadas 
Carreras peor pagadas 
Carreras con mayor porcentaje de informalidad 
Planes multidisciplinarios o generales del campo de innovación en tecnologías de la información y la comunicación
Orientación e intervención educativa
Terapia y rehabilitación
Medicina general
Industria de la alimentación
Música
Administración pública
Trabajo y atención social
Producción y explotación agrícola y ganadera
Ciencias políticas
Formación docente en educación básica nivel preescolar
Diseño industrial, de moda e interiores
Construcción e ingeniería civil
Terapia y rehabilitación
Literatura
Electrónica, automatización y aplicaciones de la mecánica eléctrica
Criminología y criminalística
Gastronomía y servicios de alimentos
Arquitectura y urbanismo
Formación docente en educación básica nivel primaria
Veterinaria
Mecánica y profesiones afines al trabajo metálico
Diseño curricular y pedagogía
Nutrición
Desarrollo de software (innovación)
Nutrición
Industria de la alimentación
Derecho
Deportes
Estomatología y odontología general


Y aunque muchos podrán tomar como punto de vista para un debate el que “en estos tiempos son ellas quienes eligen qué estudiar o a qué dedicarse”, también deben ser conscientes de que esas decisiones vienen marcadas por prejuicios y juicios sociales sobre: ¿para qué somos buenas según nuestro entorno?, ¿dónde voy a sufrir menos acoso o menos infravaloración?, ¿qué empleos podrían ofrecer un horario flexible para poder mantener el cuidado del hogar? Porque sí, sigue sin ser equitativo entre hombres y mujeres. 

Ahora, echemos un vistazo a algunos datos oficiales: 

  • Por ley, el hombre cuenta con cinco días de licencia por paternidad y a la mujer se le conceden 84, ¿a quién orillan a hacerse cargo de la crianza?
  • La primera universidad en México abrió sus puertas en 1551, pero el primer título para una mujer se dio hasta 1886, lo que otorga a los hombres profesionistas más de 300 años de ventaja, al menos en representatividad en muchos sectores. Hecho que permea en la percepción social. 
  • En 1954 se presentó la primera candidata a un puesto federal, aunque las elecciones se realizan en México desde 1824 (también con sus asegunes ya que fueron en tiempos prerrevolucionarios). ¡Eso fue hace menos de 100 años!  

Como reflexión personal, cuando los clichés y las desventajas hacia las mujeres han sido marcadas de manera sistémica por siglos, la meritocracia y el “echarle ganas” no ajustan para romper todos los techos de cristal que, aunque cada vez más lejanos, aún existen.  

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Referencias.

Marilyn Loden, la mujer que inventó la expresión “techo de cristal”. (2017, diciembre 13). BBC. https://www.bbc.com/mundo/noti...

IMCO. (s/f). Compara Carreras - Las 10 más. Org.mx. Recuperado el 16 de febrero de 2026, de https://comparacarreras.imco.o...

Flores de Nieve, Revista de estudiantes y profesores de español. (s/f). Unam.Mx. Recuperado el 16 de febrero de 2026, de https://floresdenieve.cepe.una...


Tania Pérez Tania Pérez

Noctámbula, melómana, cinéfila, lectora y escritora; todo a medias. También soy comunicóloga con especialidad en periodismo de arte y cultura, por el programa PRENDE.