INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Disidencias estéticas

El discurso de la moda declara y genera reflexiones disidentes
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Tania Pérez
El outfit comunica. Esto lo saben bien las y los activistas de diversas causas que portan accesorios arcoiris, pañuelos morados o incluso usan la falta de ropa como símbolo. Por ello muchos movimientos sociales de ruptura se han identificado desde sus atuendos, algunos incluso llegan a marcar tendencia, lo que nos lleva a preguntarnos ¿pueden coexistir la moda y la disidencia?

El vestir es un proceso de preparación del cuerpo para presentarnos ante un mundo social y este ritual no inicia en la recámara mientras nos abrochamos el pantalón sino desde la selección de compra de ropa de un aparador u otro, o bien, todo lo contrario, puede comenzar con la creación de prendas propias o caza de piezas en armarios o bazares que oferten algo que —según nosotros— la industria de la moda no haya preseleccionado. 

Y, aunque según Gilles Lipovetsky la moda como tal no es inherente al ser humano, este negocio multimillonario se ha encargado de posicionar constructos sociales que imponen estándares estéticos de los cuerpos y lo que estos portan pues según el estudio Vestir desde la disidencia: resistencia y visibilidad desde la experiencia de tres activistas peruanxs, histórica y primitivamente la vestimenta se ha usado sí para cubrir y protegernos, pero también para resaltar la belleza y en tiempos modernos ésta también nos es impuesta.  

Si bien el filósofo Helmut Hungerland tenía mucha razón al decir que “las normas de juicio estético son relativas a las diferentes culturas”, es innegable que con esta globalización existen grandes estándares que adoptamos y aceptamos —a veces de manera inconsciente— que nos marcan solo ciertos estilos para vestir y descalifica lo que esté fuera de estos, pero a lo largo de la sociedad moderna han existido movimientos que buscan romper con esas reglas de belleza estandarizadas desde los medios de comunicación y los centros comerciales. 

“Pensemos en las diferentes subculturas que se dan dentro de nuestra propia sociedad, usualmente conceptualizadas a través de mecanismos de extrañamiento con la consecuente aplicación sobre ellas de plantillas y juicios de valores que no siempre les son propios. Así ocurrió por ejemplo con las diferentes interpretaciones operadas en los movimientos hippy y punk, que de bestias negras de la normatividad burguesa pasaron a canon estético e inspiración para firmas de producción y gestión de moda como Chanel o Armani”, escribe Agustín Fernández Mallo en su libro Teoría general de la basura (cultura, apropiación y complejidad)

Alexander McQueen, Jeremy Scott, Gucci, Junya Watanabe FW17/ BCN Cool Hunter

Con esta apropiación industrial de las expresiones disconformes a través de los atuendos es imposible no preguntarse ¿hasta qué punto y cuánta repetición del elemento disidente se vuelve moda?, ¿es posible hablar de tendencias disidentes o es demasiado paradójico?

Cruz de Amenábar dice que “la moda —el estilo en el vestir— no es solamente un fenómeno fútil y frívolo; es también un signo del dinamismo de aquellas sociedades en ruptura con la tradición”. O sea que es normal que la indumentaria cambie y se transforme pero de qué forma lo hace. Si bien existen hitos como en el ejemplo de Fernández Mallo en los que se pueden distinguir momentos claros y personajes claves que posicionaron la ruptura estética, también es válido preguntarse si ¿la disidencia siempre debe darse desde el quiebre claro y necesita aparentar agresividad?

Existen también otras transgresiones a los estándares de la industria de la moda que se inmiscuyen poco a poco en el imaginario colectivo de las sociedades que no buscan romper de un golpe una tendencia sino que tienen la finalidad de conculcar las propuestas de apariencia a través del cambio de valores sociales. 

Un ejemplo moderno de esto, en una visión binaria —que al mismo tiempo busca derrocar esta dura dualidad—, es el abandono del uso del brasier en las mujeres y la manicura en los hombres. 

Con muchos de los discursos feministas que han surgido en conversaciones mainstream en últimos tiempos, el brasier se ha categorizado como una prenda opresiva por lo que muchas marcas y estilos buscan ahora marcar la naturalidad de los senos sin un sostén que estandarice o amolde el cuerpo de las mujeres. Esto no quiere decir que todas las empresas manufactureras de brasieres estén desapareciendo de un día para el otro, grandes marcas internacionales de ropa íntima como Oysho o Aeri se han ido adaptando al deseo de las nuevas generaciones a no usar varillas o copas preformadas, a producir más diseños de bralettes que de brasieres, o ninguno de los dos e irse por comercializar más bien pezoneras o cintas adhesivas, mientras que en las calles, las teorías y las marchas se refuerza el discurso en que podría no usarse nada. 

Harry Styles

Por otro lado, durante años el uso de cosméticos y cuidado personal se pensaba casi en exclusiva para las mujeres, con sus excepciones en hombres en caso de quienes pisan escenarios o se dedicaban a la farándula. Actualmente es muy común que hombres héteros usen las uñas pintadas y no precisamente de negro porque van a un festival de metal sino con diseños, acrílico o gel, e incluso la manicura completa.

Si a esta apropiación de ‘rituales femeninos’ le sumamos los cada vez más productos de belleza para hombre que van desde jabones o cremas que rayan en temas de salud, hasta maquillajes, geles antiarrugas, lociones y aceites para barba y bigote, así como líneas completas de skin care ‘para ellos’, —como Le Domaine que recientemente sacó Brad Pitt, uno de los galanes más aclamados a nivel mundial y símbolo de la masculinidad por películas como el Club de la pelea— es posible notar que los límites de una dualidad de perfecta marcada por el género binario y cuerpos hegemónicos se desdibuja poco a poco, cambiando al mismo paso que cambian los valores sociales. 

Sin dudas, el rol de la indumentaria desde lo individual y colectivo, hacia lo individual y colectivo, es y seguirá siendo un proceso de comunicación entre los seres humanos, porque ya sea con pequeños detalles como brillos y shellac en manos de un hombre o el

uso de una playera con un mensaje literal donde se lea “We should all be feminist”, la vestimenta es una herramienta para expresar, de manera tácita o explícita, mensajes que reivindiquen identidades y éstas pueden ser disidentes. 

Referencias

Vestir desde la disidencia: resistencia y visibilidad desde la experiencia de tres activistas peruanxs. Bustamante Almonte, Fabiola; Ferrer Pizarro, Raisa. Lima, Perú 2019.

Teoría general de la basura (cultura, apropiación y complejidad). Fernández Mallo, Agustín. Barcelona, España, 2018. 

La definición de arte. Eco, Humberto. Milano, Italia, 1970. 

Tania Pérez Tania Pérez

Noctámbula, melómana, cinéfila, lectora y escritora; todo a medias. También soy comunicóloga con especialidad en periodismo de arte y cultura, por el programa PRENDE.