INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

El cine, las lenguas y sus cifras

Entre cifras las lenguas resisten: el frágil rastro del cine originario en estadísticas.
/assets/images/placeholder.png
Miguel Domínguez
En los Anuarios Estadísticos del Cine Mexicano del IMCINE —el documento estadístico más relevante de nuestra cinematografía—, si buscas las palabras «indígena», «lenguas», «comunitario», «afrodescendiente», «originarios» o «pueblos», del Anuario 2010 (el primero en publicarse) al 2016, la presencia de estos temas es nula.

Así es, al buscar este compendio de palabras, el documento te dirige principalmente a películas, instituciones, festivales o cineclubes que las contienen en sus nombres; a lo más, se hace mención de los comedores comunitarios como espacios de operación para antiguas plataformas digitales de exhibición o de las autoridades comunitarias como gestores y  facilitadores para proyectos estimulados.

En el Anuario 2017, la única anotación del tema es en un breve párrafo que menciona el “(...) Estímulo Gabriel García Márquez para la Creación Cinematográfica en México y Centroamérica, destinado a fomentar el cine documental desde el punto de vista de los pueblos originarios y la población afrodescendiente de la región”. (IMCINE, 2017). No es hasta el Anuario 2018, año de transición sexenial y mismo en que se crea el ECAMC (Estímulo a la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes), que reconoce en su presentación “lo que falta: salir en búsqueda de los no realizadores y los no públicos, de los mexicanos que todavía no han entrado a la estadística y que deberían tomar un lugar en la escena del cine nacional. Solo así se llegará a comprender más ampliamente nuestra actividad y podremos ver y escuchar las historias variadas que nos representan y que se cuentan desde la enorme diversidad de culturas y lenguas que nos enriquecen”. (IMCINE, 2018).

Alineado al discurso gubernamental de prestar más atención a la diversidad cultural en México, el Anuario 2019 aumenta drásticamente la información categorizada bajo estos temas, logrando finalmente —tras diez anuarios— hacer estadística con él: 

Hubo 14 largometrajes con temática indígena, bajo los criterios de locación, que la historia se centre en comunidades o pueblos originarios, que haya diálogos en una lengua originaria o que el realizador sea oriundo de una comunidad indígena. (...) En las producciones registradas con temática indígena se encontraron diálogos en las lenguas originarias maya, rarámuri, teenek, mazateco y zapoteco. (IMCINE, 2019). 

También aparecen por primera vez los números de audiencias indígenas ¡por estado! En el Anuario 2020, a pesar del terrible golpe sufrido por la pandemia de COVID —sin mencionar que fue el año en que se crea el Focine como respuesta del IMCINE a las desapariciones del Fidecine y Foprocine—, se registraron 20 películas bajo el criterio de Temática indígena o afrodescendiente (un aumento del 30% con relación a 2019). En estas películas se encontraron diálogos en “zapoteco (dixazà), purépecha (p’urhépecha), náhuatl, tsotsil (bats’i k’op), zoque (otetzame), ayapaneco (numte oote), maya (maayatꞋaan), mixe (ayuujk), wounaan (woun meu) y emberá”. (IMCINE, 2020).

Para el Anuario 2021 no solo vuelve a aumentar la cantidad de producciones originarias y afrodescendientes (de 20 pasamos a 31, otro aumento de más del 30%), sino que por primera vez se desglosa (y con una muy bonita gráfica de queso) el porcentaje de películas donde se habla cada una de las lenguas registradas, siendo la maya (25%) y la tsotsil (19%) las más presentes, seguidas por el tseltal y el zapoteco (13%), y después el zoque, otomí, purépecha, matlazinca y tarahumara (6%). Son números muy a brochazo que, desafortunadamente, no especifican las cintas en que cada una de estas lenguas hace presencia, ni de qué manera o en qué cantidad. El ECAMC también vuelve a aparecer tras ausentarse por dos anuarios, aportando los números de su apoyo al cine nacional y, en específico, al cine comunitario: 3% de los largometrajes registrados para apoyos públicos en 2021 están asociados al ECAMC; en ese 3% se encuentra el 42% del total de cine comunitario que aplicó para estímulos.

Aquellos números, en voz baja, dejan en claro el pequeñísimo porcentaje que acapara el cine comunitario. Y, sin embargo, el Anuario 2021 demuestra un claro acrecentar no sólo de los números, sino de la capacidad y herramientas para ver e interpretar los cines originarios y afrodescendientes en términos de números. La tendencia, tristemente, encontró su cúspide ese año.

Aunque los siguientes anuarios presentan un aumento en la variedad de lenguas habladas en la pantalla de cine, el número de largometrajes originarios y afrodescendientes baja: en 2022, de 31 películas pasamos a 29, y en 2023 de 29 a 22. Estos datos ahora están ubicados bajo el índice Pueblos originarios y comunidades afrodescendientes, en el que, a pesar de la caída de largometrajes producidos, hay un mayor desglose de lenguas en la gráfica: en 2022 aparecen la mam, kiché, kakchikel, queqchi, ñhañhu, chuj, yokot’an, ayoreo, la mayoría cubriendo de 4 a 8% de presencia cinematográfica dentro del cine originario.

En 2023 apreciamos el huichol, chontal, cucapá, kiliwa, kumiai, ku’hal, paipai y totonaco, bajo porcentajes similares. Pero en 2024, de repente, la gráfica desaparece. Esto es seguramente el resultado de que en 2024 sólo se registraron 9 películas bajo la categoría de Cine originario y afrodescendiente (una caída de más del 60% con respecto a las 22 de 2023). En los dos breves párrafos que resumen la producción originaria se menciona al mixteco, maya, mazateco, tlahuica y zapoteco. El párrafo ni se digna a mencionar las 9 películas: aplican la “entre estas” y se quedan tan solo en 7, que en los años anteriores ya de por sí daba la sensación de quedar corto al no mencionar el nombre de todas las películas ni las lenguas habladas en ellas, pero hasta esas ausencias eran menos deprimentes que las del Anuario 2024. 

Por otro lado, el ECAMC queda atorado como estímulo de películas “en producción”, siendo además el estímulo con menor porcentaje de apoyo (13%, seguido por el 25% de Eficine). En 2023, ese porcentaje de apoyo del 13% baja a un 4%, aún para películas “en desarrollo”. Y en 2024, tan solo se adjunta la información de contacto del ECAMC, a pesar de que sí hubo películas terminadas y hasta estrenadas en 2024 con su apoyo, como Chicharras, de Luna Marán, o La Raya, de Yolanda Cruz. Esta drástica transformación en la calidad de los datos parece alinearse nuevamente con un año electoral. También es verdad que 2023 parece ser el año en que la ‘cruda’ de la pandemia finalmente pegó: la industria nacional pasó de 259 largometrajes en 2021, a 258 en 2022, y 234 en 2023. En 2024 se mantiene estable con 235 películas, pero, por alguna razón, el cine comunitario sufre su estrepitosa caída (en términos tanto de producción como de recabados estadísticos), para la cual, al menos en el anuario, no hay un sustento cualitativo detrás de.

Es lo agridulce del saber: que la ausencia hace presencia. Queda esperar al Anuario 2025 para que la imagen continúe agrandando.

Miguel Domínguez Miguel Domínguez

 Nací en Lázaro Cárdenas, pero llevo 7 años siendo leonés. Escribo sobre cine a pesar de espantarme con Shrek cuando era niño (¿o debido a eso?). Mención honorífica del Sexto Concurso de Crítica Cinematográfica del Festival Internacional de Cine de Los Cabos. El tomate es mi comida favorita.