INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

En el espacio nadie te escucha gritar

El horror del que no te puedes esconder, la inmensidad del espacio y las historias que el universo tiene para aterrarnos.
/thumbs/39×39/authors/Jorge.png
Jorge Flores
El abismo al que nos asomamos al mirar al espacio esconde una infinidad de terrores, algunos conocidos a los que podemos prepararnos, otros que aún no tienen nombre pero ya nos hemos imaginado: ¿a qué le tememos cuando estamos fuera de casa?

Desde hace décadas, el ser humano explora el espacio con entusiasmo; un horizonte de infinitas posibilidades, un infinito en el que se esconden grandes descubrimientos y en lo desconocido, habita el terror. Miedos que no tienen nombre, que ni siquiera somos capaces de imaginar. 

Entre esos nuevos motivos para temer hay algunos más cercanos, conocidos y de los cuales el ser humano ha investigado y se ha preparado, pero existen otros que solo se pueden prever desde la imaginación, siendo la ciencia ficción una herramienta para visualizarlos. 

Con respecto a esos terrores que se pueden previsualizar desde el conocimiento y las experiencias reales, la NASA se ha encargado de analizar y preparar estrategias de entrenamiento para que nuestros exploradores espaciales estén preparados allá, donde la ayuda no llega. 

Programas como las Operaciones de misión en ambientes extremos de la NASA (NEEMO, por sus siglas en inglés) o el Programa de Investigación Humana —también de la NASA— han colaborado para clasificar, en cinco categorías principales, los peligros que enfrentan los astronautas. Estas áreas denominadas RIDGE (Radiación, Aislamiento, Distancia de la Tierra, Gravedad y Ambientes) no son riesgos aislados sino que están interrelacionados y un peligro puede exacerbar los efectos de otro en el cuerpo humano.

La radiación espacial es un riesgo invisible para el ojo humano, que, además del peligro cancerígeno que representa, daña severamente el sistema nervioso central lo que puede alterar funciones cognitivas. El aislamiento, que se presenta ante la infinidad espacial y se combina con el confinamiento de no poder salir de la nave, puede generar pérdida de sueño y desincronización circadiana. 

En el espacio no puedes llamar a una ambulancia o pedir una grúa, la planificación debe incluir cómo van a sobrevivir estos viajeros ante una avería a millones de kilómetros de la Tierra. Cada planeta tiene una fuerza gravitacional distinta, lo que compromete el comportamiento del ser humano y cómo el cuerpo se adapta para trabajar durante años bajo esos cambios. Por último, los ambientes, tanto los hostiles que se puedan encontrar en los distintos planetas o satélites como los cerrados a los que se enfrentarán al viajar años y años dentro de una nave espacial. 

Si bien estos terrores se comprometen con la realidad y con escenarios de alta probabilidad, la imaginación humana ha creado muchísimos otros escenarios en los que el espacio se presenta con una amenaza aterradora.

En la literatura tenemos como gran ejemplo La guerra de los mundos, de H.G. Wells, publicada en 1898, una novela que ha sido adaptada en infinidad de versiones pero que destaca por escandalizar a los radioescuchas norteamericanos que pensaron que era la transmisión real de una invasión extraterrestre, cuando Orson Welles decidió leerla en un programa de radio en 1938. La amenaza Andrómeda, escrita en 1969 por Michael Crichton, también nos trae el terror a casa, pero no como una colonización, sino por una infección derivada de un patógeno extraterrestre. 

En cuanto a los miedos que suceden allá en el espacio, el canadiense Peter Watts escribió en el 2006 Blindsight, una historia sobre una tripulación que explora una señal extraterrestre y descubre una especie con la cual combate en el espacio, todo esto mezclado con la presencia de una raza vampira que habita en la Tierra. Mientras que en 2011, Daniel Abraham y Ty Franck, bajo el seudónimo de James S. A. Corey, escribieron El despertar Leviatán, primera entrega de la saga The Expanse, un universo distópico sobre colonización espacial que transporta los vicios humanos al exterior de nuestra atmósfera. 

La tensión, la oscuridad, la claustrofobia, asfixia, silencio, elementos que están en el espacio y que son ingredientes codiciados por el cine de terror, y es ahí donde nuestros más grandes miedos han cobrado corporalidad y se transformaron en pesadillas. 

En el cine, la primer parada siempre tendrá que ser Ridley Scott y Alien: el octavo pasajero, de 1979, una película que, además de continuar su legado con nuevas adaptaciones o versiones, edificó lo que sería toda una línea narrativa de un género que se centra en amenazas alienígenas cubiertas con dilemas morales propios del ser humano. Cercano al estilo, otra gran película es Horizonte Final (1997), dirigida por Paul W.S. Anderson, que llevó las casas embrujadas a una nave espacial; al final no sabemos si en el espacio también hay fantasmas.

En el marco de la exploración espacial y las criaturas que ahí amenazan, podríamos listar cientos de películas, pero existe otro ángulo que también aterra, incluso un poco más: las abducciones e invasiones alienígenas. Películas como Communion (Philippe Mora, 1989), Fuego en el cielo (Roberto Lieberman, 1993) o El cuarto contacto (Olatunde Osunsanmi, 2009) toman historias verídicas de personas que supuestamente fueron abducidas y las llevan a dramatizaciones aterradoras: el uso de grabaciones, metraje encontrado y diversos recursos audiovisuales hacen de estas obras, piezas espeluznantes que en muchas ocasiones no necesitan de un monstruo que escupe ácido para llenarnos de miedo. 

Aunque no es cine, otro ejemplo de obras que utilizan el espacio y sus secretos para erizarse la piel, es Dead Space, un videojuego de terror espacial que, desde su salida en 2008, se convirtió en una experiencia inmersiva que ahondó en esos miedos y qué es lo que sentiríamos al estar frente a ellos. 

El terror está ahí, latente en el inmenso mar de estrellas que significa el espacio, ya sea en la literatura, en el cine, en análisis científicos, existe algo que desconocemos. La carrera espacial cada vez nos acerca más a viajes turísticos o a contactar a otras formas de vida, pero olvidamos que en lo desconocido es donde habitan nuestros miedos. 

Jorge Flores Jorge Flores

Licenciado en Ciencias de la Comunicación. He trabajado dentro de la narrativa y difusión cultural desde hace más de 10 años, en plataformas digitales, medios tradicionales y proyectos culturales relacionados a la música, literatura y cine. Necio consumidor y creador de productos culturales.