Para llegar al punto en el que se convirtieron en el referente de exportación de programas de televisión tenemos que remitirnos mucho, pero mucho más atrás; al surgimiento del melodrama como género, ese en donde afloran y se exageran las emociones y los sentimientos.
Luego daremos un gran salto hasta la llegada de las radionovelas, que se convirtieron en el punto de reunión familiar en torno a un aparato de transmisión. Y, aunque parezca inverosímil, gran parte del contenido que se transmitía (incluida la hora y el día) era definido por las agencias publicitarias.
Dentro del rubro de las radionovelas, las nacionales tenían un estilo único que les llevó a incluir a músicos, cantantes, actores, locutores y técnicos especialistas en efectos de sonido; eran todo un fenómeno y, en gran medida, se remitía a que algunas de ellas estaban enfocadas en ‘acompañar’ a las amas de casa mientras hacían las ‘labores del hogar’, ya que no implicaban un distractor para realizar las actividades diarias.
Pero, a mediados de 1949, llegó la televisión a México y surgieron los primeros canales. En 1950 se transmitió el primer programa de televisión y a partir de entonces se comenzó a trabajar en la producción de contenidos nacionales para la llamada pantalla chica.
Rómulo O’Farril comienza la transmisión de la señal por el Canal 4, bajo las siglas XHTV, pero es hasta el 31 de agosto de 1949 cuando se inaugura el Canal; al día siguiente se transmitiría el IV Informe de Gobierno del entonces presidente Miguel Alemán Valdez.
Algunos meses después aparece Canal 2, con las siglas XEW – TV, bajo el manejo de Emilio Azcárraga Vidaurreta. (...) En 1952, Guillermo González Camarena, quien había inventado la televisión cromática basada en tres colores: Rojo, verde y azul, lanzó su propio Canal de televisión, Canal 5, con las siglas XGGC. De esta forma —y para la primera mitad del siglo XX— México había consolidado su oferta televisiva a partir de la señal de tres canales.1
Entre la radionovela y las telenovelas surgió un género del que pocos saben: el teleteatro, que consolidó la oferta de entretenimiento en la barra televisiva y en la que, consecutivamente, participaron también actores y actrices de la Época de Oro del Cine Mexicano.
Una vez consolidada la oferta de televisión, no sólo como medio de difusión sino también de entretenimiento, Rafael Bernal y García Pimentel propuso (sic) llevar el teatro a la televisión, a partir de una obra semanal. Así, XHTV – Canal 4, transmitió una historia escrita por él mismo, llamada La carta, con una duración de 20 minutos, dando inicio a la transmisión de diversos teleteatros.2
Estelarizada por una antagónica Silvia Derbez, junto con Francisco Jambrina, Dalia Íñiguez, Alicia Montoya y Héctor Gómez, y bajo la dirección de Rafael Banquells, el 9 de junio de 1958 se estrenó en el Canal 4 Senda prohibida, la primera telenovela mexicana. Se emitía a las 19:30 horas, tenía una duración de 30 minutos y era en blanco y negro. (Desde entonces ha tenido varios remakes y se ha adaptado al cine).
Este paso a un nuevo estilo de producción se dio, en parte, gracias a los avances tecnológicos; ya que, derivado del surgimiento del videotape, se podían grabar los capítulos. Cabe destacar que, una vez más y al igual que en las radionovelas, las agencias publicitarias tenían un gran poder sobre la programación de este formato, pues su financiamiento era indispensable.
Con el tiempo, las propias televisoras comenzaron a tener un mayor auge y los papeles se invirtieron, ahora eran éstas las que vendían el tiempo ‘al aire’ a las agencias publicitarias. Pero, el auge de exportación de las telenovelas fue a finales de los 70, con Los ricos también lloran, protagonizada por Verónica Castro y Rogelio Guerra y que, además, se estrenó en más de cien países y fue doblada a 25 idiomas.
Su momento de éxito más emblemático sería seguramente su transmisión en la Federación de Estados Independientes post- soviéticos en 1992, cuando la soap opera de 249 episodios batió récords de rating, con una audiencia reportada en 100, 150 e incluso 200 millones de personas.3
Y, a partir de entonces, comenzó el boom de producciones de telenovelas que ya no sólo eran vistas por la audiencia mexicana —principalmente femenina—, también llegó a países lejanos, y se convirtieron en éxito rotundo, dotando de fama internacional a sus protagonistas.
En las décadas siguientes, la telenovela se ha ido afianzando como formato global. Se calcula que Televisa, el principal productor de telenovelas mexicano, logró, solo en 2002, ciento cincuenta y tres millones de dólares de retorno en ventas internacionales de telenovelas (Havens, 2006, p. 53). Una parte de esos recursos tenían que ver con la popularidad del género en los mercados de Europa del Este. En 1999 ya suponían el 40% de las exportaciones de telenovelas, y se calcula que más de doscientos títulos se habían vendido en los años precedentes a países como Rusia, Hungría, Polonia, Bulgaria o la República Checa (Medina y Barron, 2011, p. 130).4
De acuerdo con el Centro Virtual Cervantes, la investigadora argentina Nora Mazzoti analizó, en 2004, cuáles habían sido las 10 telenovelas exhibidas en un mayor número de países. De ellas, ocho eran títulos en español y solo dos estaban en portugués. Este es parte del listado resultado de su investigación:
1. Kassandra (RCTV, 1992-1993) [en portugués] = Más de 121 países
2. Los ricos también lloran (Canal de las Estrellas,1979-1980) = más de 100
3. Esmeralda (Canal de las Estrellas, 1997) =100
3. Rosalinda (Canal de las Estrellas, 1999) =100
4. Café con aroma de mujer (RCN, 1994-1995)= 77
5. María Mercedes (Canal de las Estrellas, 1992-1993) = 70
5. Marimar (Canal de las Estrellas, 1994) = 70
5. María la del barrio (Canal de las Estrellas, 1995-1996) = 70
La época de los dos mil también significó una buena inversión en producciones originales y también en adaptaciones de otros países, como Rebelde, cuya versión original es argentina o Atrévete a soñar, también originalmente de este país sudamericano.
Si bien las telenovelas mexicanas fueron el furor en muchísimos países e inspiración para formatos de otras naciones —como las producciones turcas —, también hay otros formatos que sobresalieron, entre ellos Siempre en domingo, que se convirtió, por décadas, en el parteaguas de la carrera de muchos, pero muchos artistas de la música en español.
Mención aparte está El chavo del 8, un programa que permeó en todo Latinoamérica, convirtiéndose en un referente de la televisión mexicana. Basta con poner un vago ejemplo como lo es el festejo del exfutbolista Sebastián Chamagol González, quien cada que anotaba homenajeaba a Roberto Gómez Bolaños con su clásico personaje de El chavo.
Desde su primer episodio emitido el 20 de junio de 1971, el Chavo del 8: un producto audiovisual que supo traspasar fronteras y que destaca en el imaginario colectivo de los latinoamericanos cuando se habla de México.5
El programa comenzó a transmitirse en el canal 8, de ahí el mote de El chavo del 8, pero posteriormente pasó a Televisa, donde alcanzó su mayor nivel de popularidad (en los 70) al ser exportado, incluso, más allá de Latinoamérica.
Pero el Chavo no solo conquistó a los telespectadores de su continente. Pronto atravesó el océano y empezó a aparecer en la televisión portuguesa, denominado Chaves; en la italiana, conocido como Cecco della botte; en la TF1 francesa, llamado Clés, en la china y en la japonesa.6
El ingenio nacional no solo fue visible en los formatos de programas de televisión, sino también en la conocida como Laff Box o caja de risas. ¿Alguna vez has escuchado risas de fondo cuando ves una sitcom, sobre todo en décadas pasadas? Pues sí, esas risas provenían de una ‘caja’ inventada por un mexicano.
Charles Douglass nació en Guadalajara, Jalisco el 02 de enero de 1910. Hijo de norteamericanos, su padre era ingeniero eléctrico en Guadalajara, pero cuando Charles tenía 2 años, su familia fue reubicada a Nevada.
Estudió Ingeniería eléctrica y empezó su carrera como ingeniero de sonido en CBS Radio, en Los Ángeles (…) donde era director técnico de varios shows de televisión en vivo en los años 50. Fue ahí cuando se dio cuenta de las inconsistencias en la risa del público y en 1953 creó la Audience Response Duplicator (...) pero todo mundo la llamaba como Laff box o caja de risa. (...) Una máquina de aproximadamente 90 centímetros de alto, con forma de archivero bastante pesada y cuyos botones parecían de máquina de escribir. La Laff box pronto se convirtió en la máquina más misteriosa de todo Hollywood.7
Así es, esas risas que tú, tus papás o abuelos escuchaban de fondo en las series estadounidenses surgieron de la mente de un mexicano, sí, aunque sólo haya vivido dos años en el país.
Porque el ingenio nacional en la televisión no sólo está presente en la creación de la televisión a color, también a través de los formatos de programas y de la ‘caja de risas’.
Referencias
1 Guerra, S. (2019). Orígenes, desarrollo y actualidad de la telenovela mexicana. Télos. https://doi.org/10.36390/telos211.09
2 Ídem
3 Hibridación, P. C. (s/f). Híbridos, glocalizados y hecho en México: influencias extranjeras en la programación televisiva mexicana desde los cincuentas. Unam.mx. Recuperado el 31 de octubre de 2025, de https://biblat.unam.mx/hevila/Globalmediajournalenespanol/2004/vol1/no2/1.pdf?utm
4 Cervantes, C. C. V. (s/f). CVC. Nuevo nuevo mundo. 03 Las series en español en el escenario global: Modelos de internacionalización en el mercado de la televisión. Instituto Cervantes. Recuperado el 31 de octubre de 2025, de https://cvc.cervantes.es/artes/cine/nuevo_mundo/03_escenario_global.htm?
5 Vacas, C. (2023, junio 20). El Chavo del 8, un símbolo de la televisión latinoamericana. National geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/chavo-8-serie-television-latinoamerica_19754
6 Ídem
7 EP19: ¿Por qué las comedias tienen risas de fondo? (s/f). Sindicato de Inexpertos. Spotify. Recuperado el 31 de octubre de 2025, de https://open.spotify.com/episo...