El registro más antiguo que se tiene en la ciudad sobre el uso de la técnica para la preparación de alfeñiques es de 1830, hace casi dos siglos. Es una receta que tiene que ver con los otomíes y sus descendientes originarios del Estado de México y de Michoacán.
A principios de 1900 comenzaron a colocarse puestos de dulces no industrializados y que se vendían únicamente en ocasiones especiales, como la fruta cristalizada o jalea de membrillo. Los alfeñiques aparecieron en estos puestos en 1920, frente al Palacio Municipal y las primeras figuras hechas eran un señor o una señora elegante, una familia, niños... todos en versión calavera.
Éstas tienen que ver con el hecho de cómo se recuerda a los muertos, mediante el simbolismo de la calavera, que representa el tránsito a un mundo alterno. En ellos se representan oficios (los alfeñiques están trabajando —en su versión calavera siguen con vida—). Este ícono de la calavera, que se populariza tras la muerte de Posadas, aparece en diferentes etapas y no tiene que explicarse, se entiende por sí mismo.
Hay alfeñiques que son muy representativos de la ciudad porque se remiten a los dos oficios más tradicionales: la curtiduría y el calzado. Actividades cuyos orígenes locales datan del siglo XVII, a pocos años de que León fuera fundado como una Villa y no fue hasta el siglo XX que se consolida como una industria.
La noche del 31 de octubre de 1929, luego de que se quemara el Mercado Hidalgo, conocido como El Parián, se movieron los puestos al Jardín de la Industria (actual Plaza de los Fundadores), de ahí pasó por largos años de tránsito (90 años) en diferentes locaciones.
“Esa vendimia (Feria del Alfeñique) va a estar a principios del 20 enfrente de Palacio y se va a mover luego, cuando se quema el Mercado Hidalgo, y se convierte en el Jardín de la Industria en el 31 (1931) (...) ahí estuvieron los alfeñiques por 30 años. Cuando desaparece esa plaza para dar paso a la primera Plaza de los Fundadores, los van a recorrer a la Josefa Ortiz de Domínguez, luego a la Comonfort, luego los van a echar a la Reforma, luego a la calle de Perulito o la Rivera, luego a la Miguel Alemán, luego a la Leona Vicario y van a regresar a la Plaza de los Fundadores. Todo esto que estoy contando pasa en 90 años” Luis Alegre, cronista de la ciudad.
Ya durante los años 60 y 70 irrumpe el Halloween en la ciudad y en los alfeñiques comienzan a observarse figuras como brujitas y brujitos, fantasmas, vampiros... que impactan en nuestra cultura y en nuestra forma de llevar a cabo nuestro festejo.
Ya en la Plaza de los Fundadores, el Municipio decide agrupar a todos los que venden productos que recrean estas tradiciones, buscando garantizar que se les dé el espacio, el respeto y la oportunidad de vender y que realmente se genere una derrama económica que puedan aprovechar.
El gran acierto fue haber ido perfeccionando la manera en que se organizan los comerciantes y se montan los puestos, es impecable en el sentido del orden y acceso. Hasta la fecha, los comerciantes de alfeñiques gozan del espacio para difundir y disfrutar de estos productos.
Actualmente, lo que comenzó con figuras de señoras y señores catrines, cambió hasta haber computadoras y IPhone; pueden verse jugando fútbol o videojuegos, lo que refleja cómo la figura del alfeñique, a diferencia de otras costumbres, no solo se mantiene viva, sino que ha evolucionado y sigue siendo un reflejo propio del tiempo en que se vive.
Referencias
Andrade G. (2020) Así inicia la industria de la curtiduría en León. Milenio. Revisado en: https://www.milenio.com/politica/comunidad/curtiduria-en-leon-inicios-de-la-industria