Es en este último concepto donde recae principalmente el Congreso Internacional de Educación Artística para el Desarrollo Humano; es aquí donde la reflexión —puesta en común de experiencias, casos de éxito y referencias— de la mano de metodologías pedagógicas renovadas como lo son los círculos de diálogo, en donde los principales autores tienen un contacto directo con los participantes, convierten esta fracción del evento en un seminario apuntalado con preguntas dirigidas a los textos evaluados o analizados propuestos por los ponentes. Así, podemos concluir la pertinencia de colocarle a la educación artística un escalafón de referencia para el quehacer del Instituto Cultural de León; para dar cuerpo y forma a ello está el Congreso como un elemento trascendente, especialmente en la renovación constante de nuestro aparato académico.
Trascender de la teoría a la práctica ha traído consigo esfuerzos puntuales que articulan el discurso, entre ellos está la vinculación con la Universidad de Guanajuato, aliado imprescindible para el desarrollo de cinco licenciaturas en nuestros espacios, cuatro en nuestra Escuela de Música y una más en la Escuela de Artes Visuales, procurando que, una buena parte del Centro Histórico de la ciudad sea un macro Campus Artístico-Universitario. Para que esto ocurra, la infraestructura cultural es un derrotero inherente pues es aquí donde sucede todo. Para ello, la puesta a punto de nuestros recintos, más la incorporación de nuevos centros culturales como el Centro Cultural Plaza de Gallos o el Centro Cultural Altamirano, son testimonio de la relevancia mencionada.
Todos estos componentes tienen un elemento rotular, un elemento que concentra, que aglutina, que procesa y que pone al servicio de la otredad competencias académicas colectivas compartidas por especialistas, por creadores y creadoras: Nuestro Congreso Internacional de Educación Artística para el Desarrollo Humano. Aquí, desde hace casi seis años se ha planteado una suerte de plataforma vivencial, experimental, lúdico-creativa que permite, a través de la trayectoria y de la experiencia participativa, poner en común el aprendizaje de todos los participantes ya sea en las conferencias magistrales, en los talleres o en las mesas de diálogo.
Esto trae consigo la oportunidad de generar un efecto multiplicador, porque el beneficio, la aportación propia del Congreso no recae únicamente en aquellos que asisten y participan en vivo o, a últimos tiempos, de forma remota a través de las plataformas del ICL y del propio encuentro, sino que afecta también a todos los niños, niñas y jóvenes que en sus clases o talleres encontrarán formas refrescantes, renovadas y con tendencias educativas vigentes que acompañen a nuestros educandos en nuevas maneras de afrontar los derroteros de la educación artística.
A través de curadurías específicas por ciclo, el Congreso ha logrado poner en común temas en líneas vigentes para quienes han participado en él. Inclusión, visualización de la otredad, construcción de ciudadanía, arte y cultura, y resiliencia han sido los agentes de programación en todas nuestras ediciones. Compartiendo prácticas vivas con alrededor de mil personas, entre gestores, docentes, talleristas y, sobre todo y lo más importante, estos casi mil agentes han podido diseminar las competencias adquiridas en más de 80 mil beneficiarias y beneficiarios indirectos.
Estamos convencidos de que éste es uno de los caminos más arduos, pero con más elementos para afianzar su permanencia y su continua regeneración para procurar atender siempre con las metodologías apropiadas a nuestras niñas, niños y jóvenes.