INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

La garnacha futbolera

El deporte no sólo se consume con la vista y el oído, también con el sentido del gusto que se deleita desde las gradas con las opciones deambulantes.
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María Luisa Vargas San José
Pan y circo, decían los romanos. Ese era el combo que ayudaba a tener contenta y en paz a la gente de todo su imperio; pero es que, quien no ha ido a un partidazo de fútbol no sabe la catarsis que provoca la energía de la pasión colectiva y la fuerza de la identificación comunitaria, transcultural, transclasista, transversal y horizontal que te funde con miles de individuos para formar un solo corazón, un solo grito en el Azteca, una vibración del rugido de La Fiera, en una chiva más del Rebaño Sagrado o en otro engrane de La Máquina. Ahora comprendo por qué los comentaristas llegan a niveles de poesía al verter sus palabras en un micrófono y transportarnos al estadio con todo y sofá.

Los estadios actuales son verdaderas maravillas de la ingeniería capaces de dejar entrar y salir ordenadamente a miles de fanáticos, o bien, contenerlos. Aunque a veces, enardecidos, se desbordan. Para la cantidad de encuentros deportivos que suceden día a día en el mundo, la verdad es que la idea griega del estadio multitudinario ordenado sigue funcionando y sigue siendo una de sus grandes aportaciones a la civilización, cuando nos portamos civilizados, por supuesto.

Las luchas de gladiadores, las competencias atléticas, las carreras de caballos y el juego de pelota mesoamericano se realizaban en espacios como el Coliseo, el Estadio Olímpico, el Hipódromo o recintos de juegos de pelota; edificios que han inspirado el diseño de los estadios modernos.

Los romanos, que todo lo hacían en grande, construyeron una gran cantidad de circos, anfiteatros, estadios y coliseos. El más tremendo, claro está, fue el Coliseo. Este súper estadio de planta ovalada en realidad se llamó El Anfiteatro Flavio de Roma. Comenzó a construirse en el 79 d.C. por el emperador Vespaciano, pero fue completado por su hijo y sucesor, Tito, quien ofreció los juegos más espectaculares jamás vistos en la ciudad: los juegos gladiatorios, que inauguraron el lugar ante unos 65 mil espectadores, sentados y comiendo, claro, porque en Roma si algo se hace bien es comer. 

Y es que, en el estadio se come desde siempre y, según la cultura y época histórica, las garnachas han sido muchas y muy variadas:  

Desde enero de 2021, un equipo de arqueólogos del Parque Arqueológico del Coliseo ha estado llevando a cabo, en el área sur del monumento, trabajos de limpieza que abarcan alrededor de 70 metros de los antiguos desagües y alcantarillas que recorren el edificio. Durante estas excavaciones los investigadores han encontrado restos de diversos tipos de alimentos que fueron consumidos por espectadores, así como huesos de algunos de los animales que participaron en estos espectáculos, además de monedas de bronce y una de oro.

Estos restos nos dan una idea de las comidas que constituían unas saludables garnachas para los espectadores: higos, uvas, melones, aceitunas, melocotones, cerezas, ciruelas, avellanas, nueces y piñones, así como otros restos de comida de total dieta mediterránea.

Del otro lado del mundo estaba el juego de pelota, justas ancestrales mitad deporte y mitad ritual sagrado, inquietantemente parecido al fútbol mexicano de hoy en día… El juego de pelota: 

Tuvo su origen milenario en un juego cuyo objetivo era mantener la pelota (que podría representar al Sol) en juego, si ésta caía se consideraba una mala señal. Después se añadieron los característicos aros de piedra que convirtieron el juego en una competición entre equipos que conseguían tantos metiendo la pelota en el aro o simplemente tocándolo. El ganador recibía la protección de los dioses.2 

La verdad no tengo idea si en estos juegos había comida, pero conociéndonos, no me cuesta trabajo imaginar que seguro pasaban vendedores de tamales con su bolsita para el cambio amarrada a la cintura, gritando y chiflando entre las gradas. Ni quién me desmienta.

Actualmente, seguimos construyendo estadios para estar juntos, muy juntos, viendo a nuestros equipos —de los deportes que sean— jugándose el todo por el todo.

La catedral del fútbol brasileño y uno de los estadios míticos del mundo es el Maracaná, en Río de Janeiro. Inaugurado para el Mundial de 1950, tiene capacidad para 78 mil personas. Aunque en esa final se registró la mayor asistencia en la historia, alrededor de 200 mil espectadores vieron perder a la selección anfitriona ante Uruguay en una dolorosa paliza conocida como El maracanazo

En México también tenemos estadios grandes y emblemáticos, por mencionar algunos: el Azteca —actual Banorte— (81 mil espectadores); el Olímpico Universitario (62 mil 700); el Jalisco (56 mil 713); el BBVA, un gigante de acero en Monterrey (53 mil 500) y nuestro Nou Camp, con capacidad para 33 mil 943 espectadores y sede de los mundiales de 1970 y 1986. 

Eso sí, no importa qué tan grande o pequeño sea el recinto, lo que definitivamente es un hecho, es que en el estadio se come. Si no, ¡qué chiste! 

Por ejemplo, en el cono sur, tierra de los mejores cortes de carne, en el estadio se vive la pasión con el alma y la boca llena pues: 

El chori (chorizo), hamburguesa, bondiola (lomito), pancho (un hot-dog simple), garrapiñada (cacahuate o frutos secos garapiñados igual que los nuestros) y el maní (cacahuates) son opciones de lo que uno puede ingerir antes, durante o después de un partido de fútbol. Es imposible no encontrar algún puesto de esta índole camino al estadio como también lo es que no se te haga agua la boca a medida que el humo, producto de la cocción de la bondiola, penetre tus orificios nasales y provoque la necesidad imperiosa de devorar dicha carne de cerdo cual depredador. Quizás no sea el hambre el motivo para caer en la tentación sino el bendito ritual ya incorporado.

En otros lados y deportes también se come, según la personalidad, la tradición e intensidad del pueblo y del partido. En el rugby o tenis no es común encontrar venta de comida como la que hemos descrito, pero hay casos en los que el deporte es acompañado por un plato característico, como son las frutillas (fresas) con crema en Wimbledon; bento de arroz, verduras, carne o pollo y pescado japonés para ver el sumo; un bitterballen, albondiguillas empanizadas y crujientes en Ámsterdam, para un partido de hockey; o vada pav, un buñuelito de papa, frito y servido en un bollito con chutney y chiles en la India, cuando hay juego de críquet.

En Europa también se rinde culto a la comida en las canchas de fútbol y así, podemos encontrar desde un pretzel en Alemania, pasando por bocadillos de jamón en España, palitos de pan bañados en sésamo en Chipre hasta el capuccino con bocaditos en Malta o el pastel relleno de pasta de almendra en Suecia. Sin duda, la comida forma parte del folclore futbolero lleve la bandera que lleve. 

Para este artículo hice una deliciosa investigación de campo y me lancé acompañada por mi tribu— al Nou Camp a ver ganar a La Fiera. Durante dos horas me dediqué a comer con los ojos todo lo que desfiló ante mis narices e hice una lista de estas suculentas garnachas de estadio: las que probamos, las que nos sorprendieron y las que nos hicieron felices. 

Refrescos y aguas frescas; cerveza clara y bien helada; micheladas, que no pueden faltar. Fiera-dogs; tortas La Alemana; churritos, tostitos, doritos, rancheritos y toda la compañía; banderillas coreanas con panko; nieve de mango con chamoy, de pica fresa, de nuez y beso de ángel. Hamburguesas, Icee, la típica charola con chicles, gomitas, muéganos, palomitas, pulparindos… Pizza madre (de masa madre, quiero pensar) y papas con catsup. Pero lo más chic y genial fueron los vasos de fresas con chocolate y pistache, o sea ¡fresas a la Dubai! (sólo me faltaron las guacamayas, pero seguro no las vi).

Entre todos podríamos hacer una lista interminable de garnachas de los estadios de México, pero para ver a todo color lo que se mastica en cada estadio mexicano, nada como la docuserie de Fox Sport  Hambre de gol, que es una cosa como para hacerte agua la boca.4 

Garnacha y buena porra, no se necesita nada más. Si nuestro equipo gana, entonces estamos en el cielo, si pierde, bueno, pues las penas con pan se sienten menos. 

Y tú, ¿qué cositas deliciosas te vas a preparar para ver el Mundial frente al televisor?.


Referencias

1. (S/f). Com.es. Recuperado el 14 de mayo de 2026, de https://historia.nationalgeogr...

2. (S/f-b). Com.es. Recuperado el 14 de mayo de 2026, de https://historia.nationalgeogr...

3. fcastelnovo. (2018, diciembre 5). Comidas de cancha ¿Qué se come en los estadios? La Pluma Digital. https://periodismodeportiv52.w...é-se-come-en-los-estadios

4. (S/f-c). Recuperado el 14 de mayo de 2026, de http://ttps://www.hambredegol....

Del Coliseo al Maracaná. Fútbol y mucho más, los grandes estadios deportivos antiguos y modernos. Historia del arte Antigua Roma Grecia AntiguaÀlex SalaPeriodista especializado en Arte e Historia del Arte. Actualizado a 15 de junio de 2024