La lengua es un ente viviente; cambia constantemente a partir del contexto en que se desarrollan sus hablantes o señantes y, al ser parte esencial en la comunicación, es natural que ésta también evolucione y que incluso surjan nuevos sistemas para comunicarnos.
En los últimos 25 años, la forma de crear mensajes se ha modificado de manera significativa y si bien podría estar ampliamente relacionado con el desarrollo tecnológico, lo cierto es que los emojis, stickers, GIF y más ya son parte de nuestro día a día al escribir, así como usar frases y abreviaturas que son del dominio público gracias a su viralización en redes sociales.
Pero, antes de que llegarán estas nuevas plataformas y que los celulares se convirtieran en un aparato de uso personal y cotidiano, era común pasar horas al teléfono (fijo) hablando con los amigos, la familia, la pareja… El servicio postal aún era socorrido y los medios de comunicación eran la herramienta más popular para estar enterados del acontecer.
Ya en el 2000 comenzaría a popularizarse el uso de las computadoras y el Internet. Quizá uno de los primeros cambios significativos lo podemos encontrar en el servicio de mensajería, inicialmente con el correo electrónico, pues ya que no tenías que esperar días en obtener una respuesta, bastaban horas o minutos para dar continuidad a la comunicación.
Posteriormente llegó el Messenger, con sus famosos zumbidos —ampliamente utilizados cuando tu interlocutor te ignoraba—, los SMS, Facebook y sus mensajes privados y, de pronto, fue el momento de las apps con WhatsApp y Telegram, que agilizaron los procesos de comunicación. Las llamadas telefónicas pasaron a segundo plano y dieron paso a las videollamadas, primero por Skype y después desde la comodidad de tu celular, y con la pandemia, fue indispensable aprender rápidamente el uso de plataformas como Zoom y Teams.
Todo esto en tan solo un cuarto de siglo y con base en la tecnología, pero en este mismo periodo de tiempo también han ocurrido fenómenos lingüísticos que son dignos de profundos análisis.
Comencemos, por ejemplo, con la popularización de los signos de puntuación usados en conjunto para crear un emoji, palabra que tiene su origen en el japonés y está compuesta por «e», que significa imagen, y «moji», que es caracter, signo de escritura.
Estos han evolucionado gráficamente y se han convertido en elementos de uso común para expresar aquello que queda ‘corto’ con palabras; son un complemento de uso global que, incluso en su universalidad, cobran diferentes significados acorde a la sociedad, grupo generacional y entorno en que son usados.
Agnese Sampietro, profesora de español de la Universidad Jaume I (UJI) e investigadora de la misma institución, señala que es difícil encontrar funciones de los emojis que se puedan considerar universales y que es importante cómo se presentan estos símbolos a los encuestados. De manera descontextualizada es normal que haya interpretaciones distintas, pero si se da algo de contexto, quizá pueda ayudar, detalla la lingüista, que cuenta con varios estudios sobre el tema. Sampietro hace hincapié, además, en que las diferencias al identificar los emojis no son necesariamente un signo de malentendidos o trabas en la comunicación.1
Y más allá de cuestionarnos temas básicos como ¿cuál es el esquema correcto de su uso?, es decir, ¿van antes o después de una oración?, ¿antes o después de los signos de puntuación? o ¿si inicio mi párrafo con un emoji, es como empezar con una mayúscula y debo seguir con minúsculas? Es evidenciar también cómo nuestra forma de crear mensajes escritos ha cambiado tanto en solo unos años.
Otro ejemplo de cambios en la comunicación está en los GIF, que incluso ya en 2025 son considerados como anticuados o pasados de moda, ahora son los stickers los que son utilizados para dar un toque extra a las conversaciones.
Stickers que, en su mayoría, surgen de momentos virales capturados y usados a partir del contexto en que nacieron y que, en muchas ocasiones, representan con mayor énfasis —y regularmente sarcasmo— aquello que se piensa o se siente.
Pero no solo ha cambiado la comunicación en cuanto al rubro de la escritura, nuestra forma de hablar también se ha modificado e, incluso diría, ha desdibujado fronteras a partir de la globalidad, adoptando extranjerismos.
«Y la queso…», «me da amsiedad», «stalkear» y «random» son ejemplo de esto, pero también hay nuevas variantes lingüísticas que se han popularizado, entre ellas el acortar y unir palabras «yastás» o utilizar abreviaturas en lugar de decir toda la oración «GPI» en vez de gracias por invitar.
De igual forma, un tema que ha causado mucha controversia en los últimos años es el lenguaje inclusivo, que se ha presentado de diversas maneras: con el uso de la e, la x, el arroba o de los artículos femenino y masculino al mismo tiempo. Y, lejos de establecer qué es lo correcto o lo incorrecto, es necesario apoyarnos en las y los lingüistas para comprender el fenómeno que vivimos y, por qué no, establecer las bases de los ajustes necesarios a aplicar a la lengua, porque recordemos que, como ente viviente, ésta muta de acuerdo con su contexto y, definitivamente, hoy más que nunca, estamos en una evolución constante.
Referencias
1 Castaño, I. S., Castaño, I. S., & Castaño, I. S. (2024, 7 marzo). Los emojis no son un lenguaje universal: género, edad y cultura influyen en su interpretación. El País. https://elpais.com/tecnologia/...
Garavito, K. (2023, 30 octubre). Este es el origen de los emojis y los más usados - Blog y Podcast Uniagustiniano. Blog y Podcast Uniagustiniano. https://blog.uniagustiniana.ed....
(S/f). Rae.es. Recuperado el 19 de diciembre de 2024, de https://dle.rae.es/