INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

La materia del color

Científicos y artistas han dedicado su tiempo para estudiar lo que es el color. Recorre la historia de estos hallazgos.
/thumbs/39×39/authors/1636733300_Ruy.png
Ruy Muñoz
A inicios de 1666, un joven científico se encerró en una habitación oscura durante los tiempos más duros de la peste en Inglaterra. A través de un orificio en la pared dejó entrar un rayo de luz que atravesó un prisma triangular de vidrio que había adquirido recientemente y observó la refracción de la luz. Su investigación, que más tarde vio la luz con el título de Opticks (Óptica), describe minuciosamente el comportamiento de la luz y el color, y es uno de los trabajos más importantes de quien ahora es conocido como Sir Isaac Newton.

Pero el estudio de la luz (y por ende del color) ha sido recurrente en la historia de la ciencia y el arte. Algunos de los primeros tratados de los que se tienen registro provienen de la antigua Grecia; hoy en día, la Óptica —rama de la Física— se encarga del estudio de la luz, mientras que organismos como la Comisión Internacional de la Iluminación, fundada en 1913, establecen estándares internacionales sobre luz y color.

Actualmente, sabemos que, cuando la luz interactúa con un objeto es absorbida, reflejada, transmitida, dispersada y refractada simultáneamente. Y cada objeto tiene características que se relacionan de distintas maneras con la luz; es decir, mientras unos la absorben más y la convierten en calor, otros la reflejan y, algunos más, incluso la dejan pasar, aunque nunca de manera intacta. El color puede definirse, a grandísimos rasgos, como la luz reflejada. 

Pero no lo hace de manera uniforme. Un objeto que nos parece de un color sólido puede estar reflejando distintas ondas de luz al mismo tiempo, pero no es hasta que esa luz llega a nuestros ojos que nuestro cerebro la interpreta como color a través de un complejísimo sistema celular. Es entonces que una manzana que refleja muchas longitudes de onda puede ser percibida como roja, verde, etc. 

Cada longitud de onda que contiene la luz se mide en nanómetros (millonésimas de milímetro), por lo que el cuerpo humano es incapaz de percibirlas todas; apenas una pequeña región del espectro electromagnético (entre 380 y 700 nanómetros aproximadamente, en la que percibimos los violetas, azules, verdes, amarillos, naranjas y rojos) es accesible a nuestra mirada. Las longitudes de onda fuera de ese rango han sido reconocidas poco a poco utilizando diferentes instrumentos de medición y tienen múltiples aplicaciones. A las longitudes más cortas que el violeta les llamamos ultravioleta, rayos X o rayos gamma, y para longitudes más largas que el rojo conocemos el infrarrojo, las microondas y las ondas de radio. Más allá de estos rangos, el espectro electromagnético continúa extendiéndose, sin que exista un límite fundamental conocido.

Ahora sabemos, entonces, que el color no es una característica exclusiva de los objetos, sino un fenómeno perceptual de la luz. Ya que lo experimentamos a través del sistema nervioso, también podemos afirmar que es resultado de una relación interpretativa, y es aquí donde la historia discurre paralelamente en el arte. 

Es en el Renacimiento donde comenzamos a encontrar vestigios de tratados con cierta formalidad sobre el color. Leonardo da Vinci, por ejemplo, escribió profusamente sobre la relación luz/sombra, la percepción atmosférica, el contraste y el color (Tratado de la pintura, obra póstuma). En el siglo xviii, Moses Harris propuso la idea de los colores primitivos, supuesta fuente de todos los colores en la naturaleza (Sistema natural de colores). A inicios del siglo xix, Mary Gartside publicó tratados sobre el color en la acuarela, en donde abordó cómo los colores se modifican entre sí; por su parte, William Turner estudió intensamente las teorías del color accesibles en su época y teorizó sobre la conversión del color en luz y sombra, sistematizando las decisiones que los artistas ya tomaban; además, elaboró sus propios diagramas de colores basados en la publicación de Harris. En tanto, el pintor alemán Philipp Otto Runge, inspirado en los avances científicos de la época, publicó La esfera de color (Farbenkugel), donde organizó los colores tridimensionalmente alrededor de un ecuador y con polos blancos y negros. 

Johann Wolfgang von Goethe (científico y artista) publicó Teoría de los colores (1810), una obra que reunía sus estudios empíricos no sólo sobre la física del color, sino también sobre sus efectos en la vida y el estado de ánimo, sentando un importante precedente de lo que ahora llamamos psicología del color.

A partir de entonces, los ‘artistas visuales’ (como les podemos llamar ahora) no escatimaron en teorías sobre el color, usándolo como herramienta de representación pero también como un modo para expresar ideas abstractas. Cada nueva corriente artística propuso fuertes reflexiones más allá de la técnica, cuya descripción agotaría el espacio de este artículo. El límite en ese momento era la tecnología que se usaba para crear cada pigmento.

Son los artistas quienes, para hablar del color, describieron sus tres propiedades esenciales: el tono o matiz, que identifica la familia cromática; la saturación, que describe su vividez y, por último, la luminosidad, que indica qué tan claro u oscuro lo percibimos.

Poco después de que Goethe publicara su teoría del color en Alemania, el francés Joseph Nicéphore Niépce usó una cámara oscura para captar –a través de un orificio y durante horas– la luz de la calle que veía desde el tercer piso de su casa de campo. La proyección quedó plasmada en una placa de peltre recubierta con betún de Judea (material de origen mineral que se endurece con la luz), cambiando para siempre la forma en que apreciamos la luz. La fotografía nació entonces como el instrumento perfecto para ‘capturar’ la luz, un método que fue considerado infalible hasta hace relativamente poco tiempo.

La fotografía nació como un proceso químico monocromático sobre un soporte fotosensible. Algunos fotógrafos tempranos incorporaron cristales de haluros de plata sensibles a la luz y, con el tiempo, el color llegó con la intervención manual de las fotografías en blanco y negro. En la segunda mitad del siglo xix, una misma escena podía fotografiarse a través de distintos filtros de color y las imágenes resultantes eran superpuestas mediante proyección simultánea. Con relativa rapidez, se entendió que no era necesario capturar todas las longitudes de onda, es decir, bastaban algunos canales de color para dar la sensación de tener una fotografía colorida. Con el tiempo, la película fotográfica en color incorporó varias capas de emulsión superpuestas, sensibles a diferentes regiones del espectro.

Con la llegada de las pantallas, el universo del color explotó. Si bien el espectro visible es prácticamente continuo, nuestro sistema visual lo comprime a través de tres clases de células cónicas fotosensibles. Al comparar la respuesta de estos tres tipos de conos, nuestro cerebro construye la experiencia del color; un principio que permitió reproducir artificialmente una enorme variedad de colores mediante la combinación de unas cuantas fuentes de luz. 

Nuestra visión hace posible que produzcamos una enorme variedad de sensaciones cromáticas combinando tres fuentes primarias. Podemos ver en el celular los girasoles amarillos de Van Gogh sin una luz amarilla como tal. Las pantallas emiten una luz que es roja, verde o azul (RGB, por sus siglas en inglés), para crear combinaciones que ‘engañen’ a nuestro sistema para que percibamos un color (fenómeno denominado metamerismo).

Podemos entonces reconocer dos grandes sistemas de reproducción de color: los que se basan en pigmentos, que tienen mezcla sustractiva (sumados los colores la luz se absorbe y obtendríamos, teóricamente, negro), y los que usan la luz artificial como fuente, que tienen una mezcla aditiva (al sumar los colores se ilumina hasta llegar al blanco). Los colores pigmento se usan, por ejemplo, en los sistemas de impresión, y los colores luz en pantallas, diferencia que puedes experimentar si lees este artículo impreso o en el sitio web.

En los procesos de impresión las limitaciones son grandes, pero cambiantes. Mientras que el offset —gran sobreviviente de los sistemas antiguos— comúnmente usa la cuatricromía CMYK (cian, magenta, amarillo y negro), los sistemas más modernos (impresoras digitales) pueden usar varias tintas que se combinan para ampliar considerablemente la cantidad de tonos reproducibles, pero su gama sigue siendo limitada. A pesar de lo que se cree, los colores luz y su sistema RGB tampoco son capaces de reproducir todos los colores visibles, pues el tono/matiz de los colores primarios también puede cambiar y eso altera todas las combinaciones.

Las culturas del mundo han encontrado diferentes colores para representar de forma precisa su cosmovisión. El Ejército de las Tres Garantías que puso fin a la guerra de independencia de México abanderó con el verde, blanco y rojo a los que hoy le seguimos guardando respeto; la playera con la que Messi conquistó el mundo del fútbol tenía que ser azul y blanco. Suponemos que el naranja puede motivar el hambre o que el azul incentiva la quietud porque asumimos que los colores son capaces de afectarnos a niveles físicos, por eso las marcas hacen esfuerzos comerciales por apropiarse del color, como el rojo Coca-Cola o la publicación anual de un Color del Año por Pantone, que pretende señalar hacia dónde se dirigen las tendencias. El color es una pieza fundamental de nuestra comunicación que nos atraviesa sin pronunciar palabras.

Mientras recorremos el mundo con una cámara cada vez más completa en nuestro bolsillo, nos enfrentamos a retos que ni siquiera hacemos conscientes: pasamos de una fotografía de color a grises en un segundo sin entender realmente lo que implica. Y aunque los avances tecnológicos nos han resuelto gran cantidad de problemas y han respondido muchas de las preguntas que antes nos intrigaban, la luz continúa planteando interrogantes a la comunidad científica: hoy podemos describir y predecir su comportamiento con gran precisión, aunque las teorías que lo hacen posible todavía dejan abiertas preguntas fundamentales sobre qué nos dicen, ontológicamente, acerca de la realidad. Lo que podemos afirmar después de este recorrido a través de la historia del color, es que la fascinación que nos causa su estudio, su registro, su expresividad y su uso, nos hermana y nos mantiene al hilo en un universo de inabarcable colorida belleza. 

Ruy Muñoz Ruy Muñoz

Diseñador (tipo)gráfico y fotógrafo. Colecciono cámaras antiguas, recolecto aforismos de series y películas, y compro más libros de los que leo.