INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

La mezclilla y su versatilidad histórica

Todos la hemos usado al menos una vez en la vida, pero, ¿conoces toda la historia que hay detrás de la mezclilla, incluso como símbolo de protesta? Esto es parte de lo que encontrarás en el siguiente artículo.
/thumbs/39×39/authors/Silvia.png
Silvia Palacios
Te invito a hacer un ejercicio en tu próxima salida a la tienda de la esquina o la parada del camión. Cuenta cuántas personas portan alguna prenda de mezclilla, quizás la cantidad pueda sorprenderte.

Y es que, muchas veces lo que está a simple vista pasa desapercibido pero contiene más historia de la que nos imaginamos, tal como lo es este textil de algodón (a veces con un poco de poliéster o elastano) que, mediante líneas en diagonal, dan fuerza a la tela.

La mezclilla es claramente un fenómeno de alcance global. No solo está presente en todos los países del mundo, sino que, en muchos de ellos, se ha convertido en la prenda de uso cotidiano más común. Al preparar este artículo, contabilizamos la proporción de personas que vestían pantalones de mezclilla azul entre las primeras cien que pasaban por calles seleccionadas al azar en ciudades como Estambul, Londres, Río de Janeiro, Manila, Seúl y San Francisco. Este porcentaje osciló entre el 34% y el 68%, lo que sugiere que, en un futuro cercano, en cualquier momento dado, más de la mitad de la población mundial estará usando este único tipo de tejido.1

Así lo mencionan Daniel Miller y Sophie Woodward en su Manifiesto para el estudio de la mezclilla (Manifesto for a study of denim), donde además destacan cómo, a pesar de ser una tela ‘global’, por decirlo de alguna forma, tiene implícitos diversos procesos sociales como la construcción de identidad, de género, las clases sociales, la relación entre el cuerpo y la vestimenta, entre otros. 

Todo esto, a la par de que no tiene un mismo significado, ya que, mientras para unos puede ser comodidad o informalidad, para otros es practicidad, libertad o profesionalismo.

Sí, así es, una cosa que pareciera tan irrelevante en el día a día, puede ser todo un caso de estudio antropológico. En el caso de la mezclilla, su figura (especialmente a partir de los jeans) también lleva una connotación sociocultural importante, es decir, en lo colectivo también ha encontrado su historia siendo, en múltiples ocasiones, símbolo de protesta. 

Pero para llegar a este punto comencemos por su historia. La mezclilla surgió en los siglos XVII y XVIII en la ciudad Nimes, ubicada al sur de Francia, y era conocida como «serge de Nîmes», con el tiempo el nombre se fue acotando hasta denim:

serge = sarga (tipo de tejido con ligamento diagonal)
de Nîmes = de Nimes (ciudad al sur de Francia)

Palabra que aparece en el Diccionario de Oxford bajo este contexto, desde 1864.

Debido a la rudeza del material, gracias a su tejido en diagonal, la mezclilla comenzó a popularizarse entre la clase obrera y, antes de los pantalones, su principal uso era en overoles. 

Pero, como en toda historia, siempre aparece una figura que ve fortuna en algo que los demás ignoran; en este caso fue Levi Strauss, un hombre de Baviera quien en 1853 se trasladó a San Francisco, durante la Fiebre del oro, y abrió su negocio de ropa, botas y otros pequeños artículos. Pronto se percató que muchos obreros mineros requerían ropa que aguantara las largas jornadas y condiciones para obtener oro. 

En 1872, Levi se alió con el sastre Jacob Davis y juntos crearon y patentaron ropa de trabajo remachada (con el objetivo de reforzarla), fabricada con lienzo marrón de algodón y tela vaquera original azul.

El 20 de mayo de 1873, el Registro de Marcas y Patentes de los EE.UU. otorga la patente núm. 139.121 a Levi Strauss & Co. y Jacob Davis por su invento. Así es como nacieron los vaqueros o "blue jeans", inicialmente denominados “XX”.2

Fue así que los inicios de la mezclilla fueron con el objetivo de ser resistente a los largos días de trabajo de la clase obrera. 

De ahí, daremos un gran salto hasta 1953, cuando se estrenó la película The wild one con Marlon Brando, quien, quizá sin quererlo, hizo de los jeans, una prenda de rebeldía. 

Después de la Segunda Guerra Mundial, la mezclilla dejó atrás el paisaje del Viejo Oeste y dio el salto a las grandes ciudades, como quedó inmortalizado en la película The Wild One (1953).

En ella, Marlon Brando interpreta a Johnny Strabler, el líder de una pandilla de motociclistas problemáticos, quien viste unos jeans azules combinados con una chamarra de cuero negra y botas negras de piel.

—Oye, Johnny, ¿contra qué te estás rebelando? —le pregunta alguien.

Él responde: — Contra lo que sea.3

Poco después, en la década de los 60, el uso de la mezclilla comenzó a cobrar un sentido de rebeldía diferente, mucho más dirigido hacia el activismo y lucha de derechos, principalmente en Estados Unidos, tal como lo menciona Brandon Tensley en su artículo  How Denim Became a Political Symbol of the 1960s .

Activistas afroamericanos vistieron jeans y overoles para evidenciar que la segregación racial y la pobreza de la población negra eran problemas que debían atenderse. «Fue necesaria la Marcha sobre Washington encabezada por Martin Luther King Jr. para que la mezclilla adquiriera popularidad», escribe la historiadora del arte Caroline A. Jones. «Fue ahí donde se fotografió a activistas por los derechos civiles usando overoles de mezclilla azul, propios de los aparceros pobres, para poner de manifiesto lo poco que se había avanzado desde el periodo de la Reconstrucción».

Posteriormente, personas blancas que apoyaban el movimiento por los derechos civiles siguieron ese ejemplo. Como señala la escritora de moda Zoey Washington: «Las y los jóvenes activistas, en particular quienes integraban el Comité Coordinador Estudiantil No Violento (Student Nonviolent Coordinating Committee), utilizaron la mezclilla como un elemento que igualaba a hombres y mujeres y como un símbolo de identidad que trascendía las diferencias de clase social».4

Y, aunque se ven lejanos aquellos años de revoluciones y manifestaciones, quizás solo es que solemos estar tan centrados en nuestro pequeño entorno que nos olvidamos del ambiente global donde constantemente se libran batallas y causas por las que alzar la voz; pero donde la mezclilla también ha estado ahí. 

Tal es el caso de Bielorrusia, país que, desde 1994, ha sido gobernado (tras su surgimiento tras la caída de la Unión Soviética tres años antes) por el presidente Alexander Lukashenko, quien es conocido como el último dictador de Europa y quien se mantiene en el poder mediante la represión y ataques contra la sociedad. 

Durante los primeros años de los dosmiles, la ciudadanía bielorrusa comenzó a alzar la voz contra la censura y la libertad de prensa. Fue justo durante una manifestación ocurrida en septiembre de 2005 que la mezclilla se convirtió, nuevamente, en símbolo de lucha. 

Simpatizantes del partido democrático de Bielorrusia se habían reunido para protestar después de que su líder, Dmitri Pavilchenko, desapareciera y se presumiera que había sido detenido por las autoridades.

En un intento por silenciar a los manifestantes, la policía antidisturbios que se encontraba en el lugar confiscó las banderas rojas y blancas del partido democrático. Después de que le confiscaran su bandera, el manifestante Nikita Sasim, integrante del grupo de activistas juveniles Zubr, creó un nuevo símbolo para la oposición: amarró su camisa de mezclilla a un palo y la ondeó como si fuera una bandera. La mezclilla rápidamente se convirtió en un símbolo de la oposición.5

Aunque, desafortunadamente estas manifestaciones no han tenido resolución positiva, aún demuestra cómo parte de nuestro día a día puede transformarse en un símbolo de todo un país.

Pero, pese a que gran parte de su huella en el mundo ha sido en pro de causas sociales, la versatilidad de la tela también ha sido reclamada en otros sectores, como el de la moda. Uno de los primeros en ver ese potencial fue Yves Saint Laurent, quien el 26 de septiembre de 1966 abrió exitosamente su primera boutique ready- to-wear  (listo para usar), en donde había diversas prendas de denim, pero con el paso del tiempo, más diseñadores sumaron el textil a la alta costura.

Los diseñadores de moda comenzaron a experimentar con el denim durante la década de 1970, pero para finales del siglo XX, la mezclilla ya se había convertido en un auténtico artículo de lujo. En la exposición, un par de jeans de Tom Ford para Gucci, pertenecientes a la colección primavera de 1999 y adornados con elaboradas plumas —cuyo precio de venta superaba los 3,000 dólares—, se exhibía junto a otros diseños de mezclilla de lujo de creadores como Roberto Cavalli, Jean Paul Gaultier y Fendi, quienes contribuyeron a consolidar el denim como un elemento habitual de la alta moda a principios de la década de 2000.6

Poco a poco la mezclilla se fue insertando en el cotidiano social mundial hasta convertirse en un must de prendas a tener en el guardarropa, ya sea en jeans, faldas, shorts, chamarras, vestidos y un enorme etcétera.

Y, aunque podría parecer un poco contradictorio, dentro de la moda los pantalones han optado diversos diseños, uno de ellos fue el rasgado a propósito para dar una nueva tendencia y dejando de lado, por completo, que su uso principal surgió, precisamente, gracias a su resistencia. 

Así, la próxima vez que acudas a tu tienda de ropa favorita y veas una prenda de mezclilla ya conoces un poco más de ella y su rol en la historia mundial, que no es cualquier cosa. 


Referencias.

  1. Miller, D. and Woodward, S. (2007), Manifesto for a study of denim*. Social Anthropology, 15: 335-351. https://doi.org/10.1111/j.0964-0282.2007.00024.x 
  2. Levi’s® Site. (s/f). Levi.com. Recuperado el 11 de agosto de 2026, de https://prod.lalc.levi.com/sit...
  3. (S/f). Smithsonianmag.com. Recuperado el 11 de agosto de 2026, de https://www.smithsonianmag.com...
  4. Ídem. 
  5. Denim Revolution. (s/f). Tactics4change.org. Recuperado el 11 de agosto de 2026, de https://www.tactics4change.org...
  6. Denim: Fashion’s frontier. (s/f). Google Arts & Culture. Recuperado el 11 de agosto de 2026, de https://artsandculture.google....

Silvia Palacios Silvia Palacios

Comunicadora de formación. Ha trabajado en prensa escrita para formatos impreso y web. Actualmente se desarrolla en Comunicación Social. Foodie (por no decir de buen diente), viajera, melómana y entusiasta de la ortografía.