La música forma parte de la humanidad desde tiempos ancestrales y ha cumplido diferentes funciones en lo colectivo y lo individual. Poco a poco y con ayuda de diferentes ciencias se han comprobado los beneficios que el sonido y la música pueden tener en el ser en distintos niveles, ya sean participativos: si sólo la escuchamos o si se aprende algún instrumento; o en áreas como la motriz, la emocional, la cognitiva, la social y la espiritual.
Como menciona en su propuesta pedagógica Edgar Willems, pionero de la educación musical, los elementos básicos de la música (melodía, armonía y ritmo) pueden encontrar, enfrentar y complementar las áreas básicas del ser humano (motricidad, emotividad y cognición). En el ritmo se coloca el movimiento y la vida física del ser humano. En la melodía están la emotividad y el sentimiento. En la armonía se apela a la vida intelectual y cognitiva. Entonces, la melodía contiene al ritmo y la armonía contiene a la melodía y al ritmo a la vez, formando la unidad de la música, al igual que la vida física, la emotiva y el intelecto forman parte de la unidad de la vida.
Con estas características, la música se presenta como una valiosa herramienta para el desenvolvimiento cognitivo, motriz y emocional del infante. Además, según Josefa Lacárcel, en su libro Psicología de la música y educación musical este infante va desarrollando diferentes características auditivas conforme su crecimiento.
De igual manera, según la página virtual hospitalprivado.com, el juego es un medio importante por el cual se posibilita la actividad neuronal, la motricidad, la socialización y la emocionalidad; y con esto, los juguetes y actividades lúdicas son herramientas claves para que se propicie la estimulación de aprendizaje, desarrollo motriz grueso y fino, el control muscular, el manejo de emociones, la creatividad, entre otras. Poco a poco, el juego y los juguetes toman lugar como metodologías y recursos de aprendizaje. Sin embargo, todos estos beneficios y posibilidades están sujetos a la selección y uso correcto del juguete, donde hay que considerar desde que sean adecuados a la edad, el funcionamiento y los riesgos, concientizar el mensaje o valores que pueden transmitir, el nivel de interacción que implican, entre varias más.
Para ejemplificar la conexión entre el uso de los juguetes y el desarrollo sonoro en las y los niños, se presentan a continuación diferentes juguetes recomendados por la Guíainfantil.com y su incidencia en las características del desarrollo auditivo-musical que expone Josefa Lacárcel.
En los primeros meses de vida se recomiendan juguetes que ayuden al bebé a descubrir su cuerpo, las texturas y colores. Auditivamente, el bebé reacciona a cambios de localización y cualidades del sonido, puede llamar la atención con golpes a distintos objetos y explora su fonación que va desembocando en una especie de canto distinguiéndose del lenguaje verbal. Así, las sonajas, los móviles y los mordedores van amalgamándose a la sensorialidad en desarrollo.
Cerca del año, el bebé empieza a reconocer objetos y las voces de quienes le rodean. Así, también comienza a familiarizarse con melodías y pueden aparecer pequeños fragmentos melódicos con alguna sílaba de fácil pronunciamiento o una “lalación” acompañada con algunas palmas a manera de ritmo. Por lo que los muñecos, juguetes sonoros y canciones son importantes.
Hacia los dos años empieza a reconocer su entorno y las propiedades de los objetos, así que los juguetes para apilar y dibujar dan soporte al desarrollo. En tanto, aparecen cantos espontáneos y repetitivos que juegan con la tesitura de la voz.
A los tres y cuatro años hay curiosidad por situaciones familiares por lo que hay capacidad para representaciones gráficas del entorno visual y auditivo; les es más fácil llevar el ritmo del habla y las marchas. Por lo que los cubos, teléfonos y muñecos vienen bien.
Para los cinco y seis años hay preguntas, muchos juegos con amistades y mejoría en aprender canciones, ya que hay más memoria y entonación, además de que crece la capacidad para representar simbólicamente los sonidos y puede seguir el pulso y el ritmo con palmas en canciones sencillas. Aquí los cuentos, marionetas, pizarrones y muñecos articulados son una herramienta útil.
Entre los 6 y 12 años comienza el interés por actividades más complicadas. Auditivamente hay madurez para comprender melodías y apreciación musical. Es necesario que el ritmo se desarrolle a partir de la experiencia corporal, por lo que los juegos manuales, experimentos y deportes pueden apoyar en el desarrollo.
Como puede apreciarse, la relación entre los intereses en la infancia conforme la edad, los juguetes y el desarrollo auditivo-musical pueden ir de la mano. Aunque también, según Healthychildren.org hay distintas categorías de juguetes de acuerdo con su función, por lo que también se pueden encontrar relaciones entre el uso y el propósito de actividades musicales.
Juguetes de simulación como animales, muñecas y figuras de acción pueden ayudar a las y los niños a imitar emociones y situaciones cotidianas por medio de cuentos e historias. Las canciones infantiles acercan a esas emociones logrando un mayor enganche de interés con la ayuda del ritmo y la melodía.
Juguetes de manipulación y habilidades de motricidad fina como los rompecabezas, bloques y moldes pueden fomentar habilidades motoras delicadas, el lenguaje y el desarrollo cerebral. Dentro de los juegos infantiles se encuentran los ‘juegos de dedos’ que son movimientos de motricidad usando los dedos individualmente o en diferentes combinaciones y secuencias y que utilizan el ritmo del lenguaje en versos y rimas que los acompañan. De nueva cuenta el ritmo aparece como refuerzo al movimiento y la palabra.
Juguetes para el arte como crayolas, plastilina y libros para colorear apoyan en el desarrollo de la creatividad. Cuando en la infancia se aprenden canciones, la memoria y la imitación forman parte importante del proceso, posteriormente, estos procesos brindan elementos para jugar y experimentar, dando lugar a pequeñas improvisaciones que son sinónimos de creación.
Juguetes para las habilidades motrices gruesas como las pelotas, triciclos y juguetes para jalar fomentan el desarrollo físico, la interacción y el seguimiento de reglas. A la par, se encuentran los juegos musicales como las rondas, que usan melodías, letras, pausas y ritmos para seguir las dinámicas del juego en equipo.
Cuando se acerca a las y los niños a clases de iniciación musical, se les acerca también a ideas pedagógicas que se han desarrollado desde hace más de 70 años con autores como Dalcroze, Orff, Kodaly, Willems, entre otros; que buscan el desarrollo del ser musical a través de los juegos, los juguetes, los utensilios diarios, las percusiones sencillas, la atención auditiva, el movimiento, la socialización, el lenguaje y la música tradicional. Y es que ese mundo del que se goza en la infancia sigue estando presente en la esencia del arte sonoro. Porque, para quienes hacen música, el instrumento es un juguete en el que perciben, imitan, experimentan, juegan, expresan, disfrutan y crean.
Referencias:
Diaz, M. Giráldez, A. (2007): Aportaciones teóricas y metodológicas a la educación musical. Barcelona: Graó.
Esteban, E. (19 de octubre de 2020): Juguetes para cada edad del niño. Guíainfantil.com. Recuperado el 12 de febrero de 2022. https://www.guiainfantil.com/2...
Healtychildren.org (5 de enero 2022): Consejos para comprar juguetes para bebés y niños pequeños: se explica el informe de la AAP. https://www.healthychildren.or...
Hospitalprivado.com (14 de agosto de 2020): El juego y los juguetes, su importancia en la niñez. https://hospitalprivado.com.ar....
Lacárcel, J. (2001): Psicología de la música y educación musical. Madrid: A. Machado libros.
