Para fines del presente artículo, es necesario entender que la música es tan natural en el ser humano como lo es el lenguaje oral; es una actividad innata. La mayoría de las personas pueden seguir un ritmo o entonar una melodía de manera intuitiva; por ejemplo, el acto de cantar es una de las primeras herramientas que las madres utilizan para comunicarse con sus bebés, y en el ámbito educativo se usa ampliamente durante los primeros años de educación básica como una herramienta para el aprendizaje y la comunicación.
A diferencia del lenguaje, la música no necesita ser racionalizada para ser comprendida, aunque tiene un componente subjetivo que implica que su interpretación y significado pueden variar según el contexto de cada persona y, pese a que en el sentido estricto no podemos afirmar sea un lenguaje universal, sí puede ser entendida y apreciada por diferentes culturas y civilizaciones aunque no compartan el mismo idioma. La música tiene la capacidad de trascender las barreras lingüísticas.
Además, es un medio de expresión personal y colectiva a través de la cual las personas pueden compartir sus experiencias, emociones y pensamientos; es un medio que sirve para capturar y transmitir sentimientos profundos e ideas complejas sin la necesidad de describirlas con palabras.
La música como transmisora de información
Históricamente, las sociedades han utilizado la música como un medio de comunicación oral. Antes de la invención de la escritura, una de las aplicaciones más comunes de la música era la de transmitir información y conocimiento, preservando así la memoria colectiva. Ejemplo de esto es lo que ocurría en la Edad Media cuando los trovadores contaban historias en las cortes a través del canto y la poesía, mientras que los juglares viajaban de pueblo en pueblo llevando historias, noticias, mitos, hazañas y eventos históricos. Aunque diferente, este fenómeno ha persistido con los cantos religiosos usados para evangelizar e incluso, con géneros como los corridos y otros, que cumplen una función similar.
Por medio de la música también podemos identificar valores, costumbres y diferentes aspectos de una sociedad; la música refleja la identidad de una comunidad y puede transmitir un mensaje profundo sin la necesidad de palabras. Los ritmos, melodías y arreglos musicales nos transportan a diferentes momentos históricos y culturales, permitiéndonos entender y experimentar una parte de la vida de otras personas y comunidades.
Es importante destacar que la música sigue cumpliendo un papel relevante como transmisora de información ya que por medio de ésta, sobre todo la popular ─(por su alcance y difusión) en sus diferentes géneros que pueden ser contemporáneos a nosotros o no, pero que siguen vigentes─, se pueden transmitir y abordar temas sociales, personales o políticos. En este sentido, las letras de las canciones se convierten en portadoras de historias y opiniones que pueden generar un impacto significativo y decir mucho a las generaciones futuras, de lo que somos ahora.
La oralidad sin palabras
La oralidad en la música no se limita solo a las letras de las canciones, también se manifiesta mediante la interpretación musical; por ejemplo, géneros como el jazz o el blues tienen su base en la improvisación y en la capacidad de los músicos para comunicarse entre ellos ─con sentido─ a través de sus instrumentos. Otro ejemplo es la música polifónica, donde varias líneas melódicas se entrelazan para generar piezas musicales que conforman música compleja con una textura y profundidad que transmite mucho.
Cualquier género musical de carácter solo instrumental puede comunicar emociones o llevarnos a diferentes estados de ánimo. Esto lo podemos distinguir fácilmente en la música compuesta para películas o videojuegos, ya que en muchas ocasiones el tono de las escenas (es decir, si son felices, tristes o tensas) se transmite al espectador con la música antes que con los diálogos, y este mensaje sin palabras generalmente es entendido fácilmente por los receptores.
En la música sin palabras, el mensaje que se transmite y recibe es subjetivo y está determinado por el contexto de quien la escucha, aún así es innegable su poder de comunicar.
Conclusiones
Es interesante cómo cualquier persona puede hablar de música y entenderla ─en su sentido subjetivo─ sin necesidad de saber leer una partitura o interpretar un instrumento musical. Por eso el tema música y oralidad nos permite abarcar una amplia variedad de temas en los que se entrelazan la música, el lenguaje y la comunicación.
Para las personas que estudian música todo esto toma sentido y queda corto, ya que el proceso de aprender y escribir música es complejo. Interpretar un instrumento musical o escribir una pieza musical no es sencillo, ni viene únicamente de la inspiración, es una preparación que requiere años de estudio y, en parte, es equiparable con el de escribir y leer, la diferencia es que la lengua materna llega a nosotros de una manera más intuitiva y desde el día en que nacemos; aprendemos a hablar porque escuchamos las palabras a nuestro alrededor y vienen a nosotros con facilidad. Cuando un niño o niña comienza a hablar, muchas veces no lo hace correctamente, pero se toma con naturalidad pues es parte de su proceso de aprendizaje, posteriormente llegará la enseñanza formal de la lengua escrita y oral a través de la educación básica y superior.
En música, el aprendizaje es generalmente en otro orden y el margen de error es muy reducido, lo que lo hace más complejo.
Con todo esto quiero decir que la música es un lenguaje innato en los humanos, que la generalidad es que somos seres que conectan con los sonidos, mismos que podemos interpretar y disfrutar sin importar si eres músico profesional, estudiante de música o si jamás la has estudiado. Así que no debemos perder de vista la capacidad que tenemos para disfrutarla y utilizarla para transmitir lo que no podemos decir con palabras.
La música es una herramienta poderosa y la que generemos, difundamos y escuchemos ampliamente el día de hoy, será la que le cuente a las generaciones venideras quiénes somos.
