INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

La tragedia de ayer y hoy

La tragedia alimenta el arte, con dolor y sufrimiento también llega la inspiración.
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Tania Pérez
Dice el dicho mexicano que “todo tiene solución menos la muerte” y justo ésta suele ser la causante del dolor que marca una tragedia, pero el quid de todo no está en la muerte por sí misma sino en el cómo, y esas libertades narrativas (de ficciones o realidades) es lo que ha alimentado al arte desde tiempos inmemoriales.

La tragedia, un dolor imprevisible; un cambio sustancial y trascendental; un error con consecuencias irresolubles y catastróficas; un pretexto artístico para usar el sufrimiento como recurso y centro para la realización de obras. 

Es un término que se ha explorado desde siglos atrás y su definición está en constante evolución al seguir presente en discusiones entre filósofos, filólogos, artistas e historiadores. Una de las reflexiones más populares sobre la pregunta de qué es la tragedia y por qué es tan representada en el arte, nos la regaló Friedrich Nietzsche a finales del siglo xix con la publicación de su libro Die Geburt der Tragödie aus dem Geiste der Musik (El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música). 

Inspirado explícitamente por la obra de sus compatriotas Arthur Schopenhauer y Richard Wagner, en esta publicación el filósofo alemán explora los términos apolíneo y dionisiaco, que en una reducción muy simplista representan, respectivamente, el lado racional y el lado pasional del ser humano. 

Ambos términos surgen de los dioses griegos Apolo y Dionisio, el primero es el dios de las artes, la verdad y la luz, mientras que el segundo es, para los griegos, la deidad del vino, el desenfreno y el placer. Es así que lo apolíneo representa la organización y los límites, la construcción del ser humano en control; en tanto, lo dionisiaco tiene que ver con el caos, la intemperancia conducida por las tentaciones carnales y la destrucción. Contrapartes de la humanidad, pero intrínsecas en ésta. 

Con la contraposición de ambos términos, otra vez, de una manera muy simplista, se podría decir que provocan la tensión entre el pensamiento lógico y los impulsos. Un comportamiento y disfrute de lo cotidiano con dejos de arrebatos y pasiones que con el tiempo zurcen la historia de una sociedad que termina plasmándose en las artes. 

Aunque la reflexión de Nietzsche alcanzó gran popularidad en la filosofía contemporánea, no fue el primero en abordar La tragedia en el arte con miras a definirla. En la antigua Grecia, ya Aristóteles hablaba de ella como la imitación de la realidad en expresiones bellas, o sea, marcadas por características estéticas y que provocan, a través de los personajes, un fin catártico. 

Muchas de estas expresiones se realizaron por medio de la literatura y el teatro, contando y propagando por esos medios historias bélicas, míticas y heróicas con personajes humanos, semihumanos, semidioses y dioses. Los principales exponentes de aquellos tiempos fueron los poetas trágicos Eurípides, Esquilo y Sófocles, éste último quien nos dejó algunas de las tragedias más famosas y replicadas como la del rey Edipo, quien mata a su padre y desposa a su madre; Electra, la sed de venganza la lleva a matar a su madre y su amante y, Filoctetes, quien fuera abandonado en un isla por 10 años para después convertirse en uno de los héroes de la guerra de Troya, por mencionar algunas. 

Con el paso de los años, las preocupaciones y problemas, tanto individuales como sociales, tanto físicas como morales han ido cambiando, así como las formas expresivas. Si bien en los tiempos de la Grecia antigua las tragedias se narraban a manera de poemas, la narrativa de la dramaturgia ha ido evolucionando y la historia del arte nos ha dejado grandes tragedias contadas de distintas formas como lo hizo en el siglo xvi William Shakespeare con La excelente y lamentable tragedia de Romeo y Julieta; Bodas de sangre del español ​​Federico García Lorca; la canción Last Kiss de Wayne Cochran (covereada en los sesentas por J. Frank Wilson y los Cavaliers y en los noventas por Pearl Jam); o como lo hizo en tiempos recientes, en 2018 para ser exactos, Paweł Pawlikowski en el cine con su película Zimna wojna (Guerra Fría)

Hasta aquí hemos tomado a la tragedia como tema de las creaciones artísticas pero no necesariamente como inspiración para la creación artística que, aunque una no descarta a la otra, no son en esencia lo mismo. 

La tragedia vivida en carne propia por el mismo artista también ha sido punto de inspiración para muchos creadores. Entre los ejemplos mexicanos más famosos está la pintora Frida Kahlo que, entre accidentes, padeceres físicos, dramas románticos y complejidades sociopolíticas, sus obras representan un especie de liberación emocional. 

Un ejemplo similar en el que el artista plasma tragedias personales enmarcadas en un contexto de tragedias geopolíticas, se puede mencionar La canción de nosotros del uruguayo Eduardo Galeano, quien navega entre la narrativa novelada, formas periodísticas y toques de poesía para contar su experiencia del exilio. En estas páginas escribió sobre la vida, la paz y el amor que perdió mientras su país se deshacía bajo una dictadura.  

Como una especie de catarsis sobre la violenta y salvaje lucha en pro de los derechos humanos que se vivía en Nueva York en los años 30, es que Abel Meeropol escribió el poema Strange fruit que poco después fue popularizado por la pianista y cantante Billie Holiday, y utilizado como un himno para los grupos antiracistas y en contra de la segregación racial, ya que sus pocos versos describen los linchamientos públicos de los que eran víctimas las y los afroamericanos en el sur de Estados Unidos. 

Aquí hay una fruta para que la arranquen los cuervos

para que la lluvia la tome, para que el viento la chupe

para que el sol la descomponga, para que los árboles la suelten. 

Aquí hay una cosecha extraña y amarga.

Como otro ejemplo de que las formas y canales cambian pero la esencia de la tragedia en arte se mantiene podemos mencionar también el surgimiento de un género dancístico entregado al lamento y el sufrimiento. Aunque en tiempos aristotélicos la danza se ligó principalmente a celebraciones y ritos festivos, fue a raíz de una tragedia nacional que la danza butoh nació en Japón en la década de los 50, posterior a los horrores que la isla nipona vivió en la Segunda Guerra Mundial. 

Actualmente, con el cine integrado también a las bellas artes y el aprovechamiento de la fotografía como disciplina artística seguramente seguiremos encontrando ejemplos de canales narrativas y formas de contar aquellas experiencias humanas que superan el drama y son desgracias irreversibles, verdaderas tragedias que convertidas en arte logran tocar la belleza. 

Tania Pérez Tania Pérez

Noctámbula, melómana, cinéfila, lectora y escritora; todo a medias. También soy comunicóloga con especialidad en periodismo de arte y cultura, por el programa PRENDE.