INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Sin necesidad de traducciones.

Arte, resistencia y memoria en voces originarias.
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Tania Pérez
En la actualidad, es innegable la influencia de las comunidades originarias en las expresiones artísticas y culturales, aun así, no es lo mismo hablar de estos pueblos que hablar en lenguas madres —aunque estas acciones están íntimamente relacionadas—.

Es decir, aunque ambos ejercicios tienen el mismo objetivo de preservar y difundir culturas indígenas, no es lo mismo una novela que describe los paisajes y pasajes tarahumaras, que un poema en rarámuri raicha.

En términos capitalistas, es mucho más vendible y consumible el Popol Vuh en español que en k'iche', su lengua original, pero, por suerte, muchos artistas actuales preponderan la divulgación del patrimonio y el orgullo de sus tradiciones antes que la popularidad, y es gracias a ellas y ellos que tenemos novelas, rock, reggae, poesías y películas de muchos géneros en lenguas originarias.

Por ejemplo, desde hace algunas décadas se popularizó el hip hop en México y, a través del rap, esta subcultura fue fácilmente apropiada por comunidades indígenas. Así nacieron proyectos como Juchirap, un colectivo de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, fundado por Cosijopi Ruiz, el cual busca difundir las creencias, lengua, tradiciones y costumbres de la cultura zapoteca a través de rimas improvisadas en español y zapoteco. 

Otros exponentes de este género en lenguas madre son Juan Sant (Puebla), que rima en totonaco; César Antúnez Ortiz (Oaxaca), mejor conocido como Mixe Represent y quien busca preservar la lengua ayuuk, o Roxana Sarahí Romero Monrroy (Sonora), más famosa por su nombre artístico Zara Monroy, activista de la llamada Nación Comcaác y rapera en lengua cmiique Iitom. 

Si bien todas y todos ellos (y muchos más) tienen en común la influencia del hip hop en sus carreras artísticas, también comparten ideales de rescate, preservación y difusión de las culturas originarias en las que nacieron y crecieron. Este activismo lo realizan no solo con sus composiciones e improvisaciones musicales, también a través de acciones académicas o lucha por la resistencia al colonialismo, la denuncia de los abusos y el racismo, así como la promoción de la identidad cultural y cosmovisión que les caracteriza. 

Mucho de este movimiento ha sido documentado en publicaciones editoriales como ¡El Hip Hop lo sigue reventando todo!, coordinado por Adriana Guadalupe Dávila, o Creación musical en lenguas originarias, proyecto dirigido por José Antonio Flores y Nicolás Hernández; también ha sido fuertemente apoyado por agrupaciones consolidadas como Mente Negra Creations, productora detrás del documental Rap Originario. Música e Identidades en Movimiento

Hablando aún de música, en México existen otros ejemplos que no pertenecen al universo del hip hop, como Azalea Báalam (Yucatán), cantante de pop y compositora en náhuatl, maya y español.

En el otro extremo podemos mencionar a la agrupación sonorense Hamac Caziim (Fuego divino), pionera del rock indígena fundada en 1995 que contó con la venia del Consejo de Ancianos del pueblo Comca’ac, porque ellos no irían en contra de su comunidad si su propósito principal es dar a conocer su cosmovisión, historia y tradiciones.

Cambiando de arte, en el cine también existen producciones cuyos guiones están construidos en lenguas madres en su totalidad o en su mayoría. Algunos ejemplos famosos son las películas dirigidas por Mel Gibson: Apocalypto  (maya) y La Pasión de Cristo (arameo, latín y hebrero). 

Representando a Colombia, el matrimonio entre Cristina Gallego y Ciro Guerra ha dejado filmes como Pájaros de verano y El abrazo de la serpiente. El primero (en wayuu y español) narra el inicio del narcotráfico en la Guajira colombiana visto desde la perspectiva de una familia wayuu, en éste se explora el choque entre las ricas tradiciones y el honor, y la ambición desmedida que trajo la ‘bonanza marimbera’; mientras que el segundo filme cuenta la épica historia del primer contacto entre Karamakate, un chamán amazónico y último sobreviviente de su tribu, y dos científicos. Juntos recorren el Amazonas en busca de una planta sagrada y, debido a la nacionalidad de los personajes, durante la película se escuchan diálogos en español, portugués, alemán, latín y varias lenguas indígenas amazónicas como el cubeo, wanano, tikuna y huitoto. 

Un ejemplo similar, pero desde Guatemala, es el cine de Jayro Bustamante. En 2015 estrenó Ixcanul, que, salvo por unos diálogos muy contados, está en maya kaqchikel. En ésta, cuenta la vida de una joven trabajadora de una finca cafetalera ubicada en la ladera de un volcán activo, quien busca rebelarse contra los usos y costumbres de su familia —y su comunidad—, pero su postura se complica cuando sale de ese entorno y conoce el ‘mundo moderno’ por una emergencia médica. 

De este mismo director encontramos La Llorona, una película que encaja perfecto en el horror folclórico. Con este filme basado en la leyenda homónima, Bustamante retrata la faceta más cruel y sangrienta de su país al mostrar un genocidio donde, pese a los juicios realizados, las víctimas no alcanzan justicia. Los diálogos se desarrollan tanto en español como en lenguas mayas al ser protagonizada por una familia de clase alta y por Alma, una ama de llaves de origen indígena que preserva su lengua pese a la convivencia de la caótica y racista urbanización. 

Referente a las letras, en la literatura mexicana encontramos muchos ejemplos de autores que por décadas se han dedicado a impulsar sus lenguas nativas, principalmente en el género de la poesía. Entre ellos están nombres como Irma Pineda (Oaxaca), representante del zapoteco; Natalio Hernández (Veracruz), promotor cultural y ensayista en náhuatl; Macedonio Carballo (Veracruz), quien también realiza trabajo de periodismo en náhuatl, o Briceida Cuevas (Campeche), que ha publicado en maya los libros Je' bix k'in y Ti’ u billil in nook’, solo por mencionar algunos. 

Y si bien todas y todos ellos han hecho un gran trabajo de defensa y promoción desde sus trincheras, muchas veces estos esfuerzos se ven ensombrecidos en sistemas que no les favorecen, por ello es que en el caso de literatura en lenguas originarias vale la pena resaltar el nombre de Nadia López García, recién nombrada Coordinadora Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, INBAL. 

Aunque es joven, Nadia cuenta con una sólida trayectoria como escritora, poeta, pedagoga y tallerista. Tiene varios libros publicados y poemas traducidos al inglés, francés, árabe, catalán, hindi, bengalí, italiano, alemán, griego y chino. Es originaria de la Mixteca Alta de Oaxaca, por lo que gran parte de su trabajo lo ha realizado en Tu'un Savi, lengua mixteca, y ha dedicado buena parte de su carrera a la resistencia lingüística. Por ello, su llegada a un puesto de ese nivel en el INBAL marca una nueva etapa de valores dentro del sistema cultural de México y abre la esperanza no solo a la creación, sino también a la promoción de cada vez más producciones literarias y académicas en y sobre las lenguas originarias.

Tania Pérez Tania Pérez

Noctámbula, melómana, cinéfila, lectora y escritora; todo a medias. También soy comunicóloga con especialidad en periodismo de arte y cultura, por el programa PRENDE.