Que levante la mano quien se imaginó alguna vez que detrás de la icónica frase de Doña Florinda —durante los años de transmisión de El Chavo del 8—: “¿No gusta pasar a tomar una tacita de café?” había algo más que invitación a solo compartir una bebida. Y es que era claro que el café sólo era el pretexto para otra cosa… para realizar una interacción social como la que puede suceder durante un desayuno en familia, en la sobremesa con los amigos o en una primera cita romántica. Lo importante no es la bebida en sí, sino la interrelación que se teje alrededor de ésta.
Para muchas culturas, sobre todo occidentales, el café es actualmente parte de varios rituales personales y sociales. Este abordaje lo estudió y explicó ampliamente el teórico inglés Anthony Giddens en sus esfuerzos por describir el término imaginación sociológica (la capacidad del investigador de ver su propia vida cotidiana como algo nuevo).
Para lograr su cometido, Giddens ejemplificó con algo que llamó sociología del café, que dividió en cuatro puntos principales para su divulgación y entendimiento:
1. Valor simbólico
2. Utilización como droga
3. Relaciones sociales y económicas
4. Desarrollo social y económico anterior1
“Primero café luego existo” es una frase que puede verse impresa en una taza o la descripción perfecta de quien tiene como rito matutino prepararse su primer café del día antes de cualquier otra actividad y, si no sucede así, la intranquilidad mental puede aquejarle todo el día. Este es un ejemplo del valor simbólico del que hablaba Giddens, incluso si el gusto adquirido por tomar café en la mañana fue debido a sus propiedades psicoactivas porque, aunque en países como el nuestro este grano es legal y ampliamente aceptado, es considerado una droga.
Por otro lado, el tercer punto es el que hace referencia a relaciones de poder, de sistemas económicos, políticos y ambientales, entre comunidades y naciones, y aunque es un tema realmente complejo, cambiante y fascinante, hablemos mejor del último de los enfoques de Giddens, el que tiene que ver más con la vinculación cercana, personal y humana alrededor del café.
Si bien a partir del siglo xix este grano se popularizó a nivel global, tiene su origen en África, por lo que son los países del Viejo Continente quienes mantienen vivas las tradiciones más antiguas en las que tiene un lugar primordial.
En Etiopía, por ejemplo, se considera una falta de respeto para la familia entera negarse a beber café cuando se realiza la invitación. Este país africano es considerado la cuna del café y cuenta con una de las ceremonias más formales y ritualizadas en torno a esta bebida, tanto que para consumirlo se debe destinar el tiempo necesario para realizar el tueste, el molido y la infusión, así como el estado anímico de tomar tres tazas de café negro.
Esta ceremonia, además de reunir a todos los invitados a ser partícipes de la preparación que guía normalmente la matriarca del grupo, se sirve en tres tiempos: la primera taza se conoce como Abol, la segunda como Tona y a la última se le llama Baraka. Que en español podrían traducirse como primera, segunda y bendiciones, algo da a notar la importancia de cumplir con el ritual completo que puede llevarse algunas horas.
Y aunque los tiempos modernos y la globalización han cambiado algunas tradiciones y actualmente una buena taza de café etiope también puede tomarse en la cocina de una casa, en una cafetería en el centro de la capital o en hoteles de lujo, a gusto de las y los turistas, el ritual completo permanece en las fechas importantes para el país o en las celebraciones familiares.
Este ritual puede compararse con lo que pasa en Japón pero con las ceremonias de té o en el sur de México pero en torno al tejate, que si bien hoy en día puede comprarse en casi cualquier tianguis o mercado de Oaxaca, este brebaje preparado con cacao, maíz y pixtle se sigue considerando como una bebida ceremonial por las comunidades originarias de la zona.
En todos estos casos es innegable que la bebida en sí tiene un valor simbólico para quien la prepara y la consume, pero también en todos los ejemplos es obvio que el ritual conlleva el acercamiento y vinculación humana, y esta última característica se mantiene en los apresurados y gaseosos tiempos.
Los nuevos rituales cafeteros del siglo veintiuno se presentan más con cara de recorridos por cafetales en medio de la sierra como plan de viaje vacacional, o sea, turismo de café; como talleres tipo coffee & draw (café y dibujo) o como catas de café para probar, aprender y diferenciar sobre tipos de grano, de tueste y métodos de extracción, así como la preparación y disfrute del arte latte. Aunque estas prácticas son aún un tanto pacíficas y contemplativas en comparación a las ‘nuevas propuestas’ conocidas como coffee parties.
Por un lado están las fiestas de café que hacen alusión y sarcasmo a las fiestas de té, mismas que son asociadas a la población conservadora y burguesa. Por lo que, cambiando la bebida pero usando el mismo término, personas consideradas progresistas se reúnen para realizar intercambios de ideas sobre temas relevantes de política, economía, sociología, etc. Si bien este término de coffee party se acuñó recientemente para este tipo de reuniones, el modelo no es nada nuevo, falta dar una breve repasada a la historia del icónico Café La Habana de Ciudad de México para reconocer personajes importantes de la política y la literatura teniendo pláticas candentes sobre sus temas de interés.
Pero también existen ahora otro tipo de fiestas de café. En el capítulo ‘Café Disco’, de la serie The Office, hacen una muy buena parodia de lo que son éstas, donde la música electrónica se apodera de espacios diurnos y usualmente tranquilos para convertirlos en una fiesta. Las también conocidas como coffee raves replican las dinámicas; música y ambientes de estas juergas pero en sedes como cafeterías, terrazas o panaderías, y la bebida que se mueve en las barras y manos de las y los asistentes son tazas o vasos de cartón con cafés dejando al alcohol, normalmente, fuera de la ecuación.
Soluble o de alta calidad; con o sin azúcar; frío, caliente o frappé; en casa o en una barra de especialidad; el café ha sido y sigue siendo un pretexto para la creación y fortalecimientos de relaciones sociales y un maridaje perfecto para el chisme.
Referencias
1(S/f). Ula.ve. Recuperado el 17 de febrero de 2025, de http://www.ula.ve/ciencias-jur...
(S/f-b). Unesco.org. Recuperado el 17 de febrero de 2025, de https://courier.unesco.org/es/...
Scolari, C. A. (2021, agosto 13). Adiós sociedad líquida. Bienvenida sociedad gaseosa. Hipermediaciones. https://hipermediaciones.com/2...
Color, A. B. C. (2010, marzo 13). El “Coffee Party” versus “Tea Party”. ABC Color. https://www.abc.com.py/edicion...