Desde el pasto que pisan solo algunos privilegiados hasta los letreros que indican la ubicación del estadio. Desde las guasanas con limón que se venden en las inmediaciones de este recinto hasta las playeras que se portan con un orgullo sin igual. Mares verdes de gente vestida igual es señal del inicio de un ritual comunitario.

Éste es también el color más natural de toda la gama. Destaca en las ciudades, como planta que crece entre placas de cemento, porque rompe como el ruido visual para dar un poco de tranquilidad, de inspiración para una respiración pausada y consciente.

Entre más se aleja la visión del centro de la ciudad y se dirige a las periferias, más verde es el porcentaje del paisaje. Cerros llenos de follaje destacan a lo largo y alto de las “afueras” de la ciudad. Pero también hacia el interior de algunos espacios protegidos y dedicados a la vida verduzca.

El color más presente en todos los espacios naturales -que cada vez son más en la ciudad-. En las hojas del huizache, en las pieles de anfibios y reptiles que pasan desapercibidos, en las alas y patas de insectos que contrastan por sus tonos vibrantes, o bien en las aguas estancadas de presas o estanques