Desde sus inicios como pequeños intercambios de productos locales, los bazares han florecido en una vibrante escena donde el arte, la música y la comunidad se entrelazan, modificando, en parte, la manera en que los leoneses viven la cultura, ya sea por la posibilidad de consumir local, el rencuentro con amigos o por el gusto de descubrir ‘joyitas’.
Pero… ¿cómo inician los bazares en la ciudad?
Derivado de la pandemia de covid- 19 cambiaron muchos hábitos en la sociedad e incluso incentivó a la reflexión colectiva, a repensar las maneras en que consumimos y lo que tenemos, de ahí que surgieran nuevas formas de compartir los saberes de cada persona y sacarles provecho para comercializarlos.
“Las personas que no podían salir a trabajar lo hacían en casa o comenzaron a emprender y lo vendían en Instagram. De ahí inicia la tendencia de bazares, que eran de productos naturistas, impresión con DFT o cosas con sublimado, porque eran productos manufacturados”, refiere Orlando Yepa, cofundador de Néctar.
Paulatinamente, la economía encontró un espacio para regularse donde los bazares que conocían el modelo de negocio sobrevivieron a la pandemia. Posteriormente, estos lugares se caracterizaron por apropiar lo vintage y lo retro, junto al consumo continuo de redes sociales y las tendencias por comprar ropa de segunda. Se generó un menor estigma por parte de los jóvenes hacia estos productos creando incluso una cultura juvenil alrededor de los mismos: ir a ‘encontrar joyitas’.
“Yo creo que es como una gran ola nacional y mundial de consumir lo local, sobre todo de valorar, porque estábamos comprando lo de afuera, nuestra lana se está yendo a todo lo que viene de otros lugares… entonces pienso que en la medida de consumir ‘al de al lado’, beneficias a tu comunidad, menciona Irazú Páramo, encargada de Programas Especiales en la Dirección de Desarrollo Artístico del Instituto Cultural de León.
Con el paso del tiempo, la juventud se apropió del formato bazar, siendo los mayores consumidores y comerciantes en muchas ocasiones; en ellos habita el talento y creatividad que se convierte en el arte que ofertan y nuevas propuestas de consumo. Los jóvenes construyen los bazares y los bazares construyen a los jóvenes.
“También lo veo en los jóvenes, tienen más apertura… yo sí creo que las nuevas generaciones son más libres y que eso va a beneficiar a nuestro entorno. Es bonito hablar de cómo la cultura y la diversidad enriquece nuestra ciudad”, añade Irazú Páramo.
Muchos de estos proyectos tienen un espacio que merece ser difundido por la trascendencia e impacto cultural que generan en los jóvenes artistas de la ciudad, Alter Ego, por ejemplo, es un tianguis de diseño y arte emergente que ocurre dentro del Festival Internacional de Arte Contemporáneo, del Instituto Cultural de León, el cual da lugar para el talento de alrededor de 70 creativos vinculados al ámbito del diseño; una propuesta que llega desde la Institución y que ofrece un espacio para el consumo local.
“Me parece que desde la parte institucional somos muy afortunados en contar con un programa y acercamiento… los artistas confían en una institución que promueve y que intenta también acercarse a este sector artístico desde las formas más amigables posibles. Nosotros solamente hacemos como un vínculo, un acercamiento que afortunadamente aceptan”, refiere Páramo.

Otro ejemplo es Sonopic, un espacio gratuito y punto de encuentro que busca conectar a músicos, bandas e ilustradores talentosos, así como la oportunidad de tomar talleres con artistas con experiencia en el rubro.
“Sonopic es una fecha muy anunciada, traemos bandas y sí es un impacto muy fuerte porque muchos proyectos nuevos, que están haciendo música e ilustración, alientan a muchas personas a ir porque es gratis, y cualquier persona de cualquier estrato social puede ir”, declara Yepa.


La máquina de los dibujos, caseta que llega a espacios públicos, con la intención de que la gente se lleve un retrato hecho al instante, es un proyecto que invita al diálogo con artistas e ilustradores.


“A veces pensamos que una pintura, una escultura, un proyecto creativo son ajenos a nosotros y en realidad tienen que ser lo más cercanos posible a nuestro consumo…”, añade Páramo.
El bazar se proyecta a futuro y se convierte en un lugar para hacer visible el lado artístico que siempre ha existido en la ciudad y acercarnos a chicos y grandes de maneras más amigables, donde la juventud es la pieza clave para su transformación; ellos son los que vienen a revolucionar el panorama cultural, reinventando la libertad y diversidad que cabe dentro del arte, dentro de un sticker, dentro de una taza.
Y como consumidores tenemos la tarea de reconocer la trascendencia del trabajo que produce quien está ‘a mi lado’, quien es joven y quien es leonés.
El arte en nuestro andar cotidiano: el arte como una fiesta.