Ante la llegada del año 2000, los rumores del fin del mundo se esparcieron amenazadoramente. Esta fecha tan representativa se aproximó ondeando una bandera que asustó a algunos, mientras que otros la tomaron como una señal de oportunidad, de nuevos inicios; al final, el mundo no se acabó pero sí se transformó.
En perspectiva, el 2000 no parece tan lejano, decirlo suena incluso a presente, a una fecha contemporánea, pero la realidad es que en 25 años pasa una vida, durante ese tiempo ―sin notarlo tal vez― hemos dado el brinco a una nueva época.
Al iniciar el milenio, la población de León apenas rebasaba el millón de habitantes (1 millón 134 mil 342) de acuerdo con cifras del Instituto de Planeación Estadística y Geografía de Guanajuato (IPLANEG). Para el 2023, la cifra se incrementó casi un 50 por ciento, a 1 millón 768 mil 753 leoneses.
Nuevos fraccionamientos y complejos de vivienda, más centros comerciales, escuelas, hospitales, más familias, más autos, más ciclovías, otro tipo de movilidad, gastronomía de barrio y cosmopolita, eventos tradicionales y espectáculos internacionales; la ciudad se desarrolló y culturalmente, así como la forma en que la vivimos, también tuvo una metamorfosis.
Hoy, la ciudad tiene cinco equipos compitiendo en la más alta categoría de sus disciplinas, pero en el 2000 ir al Domingo Santana para disfrutar del béisbol no era un espectáculo multitudinario, no había siquiera un equipo profesional a quien apoyar. Ni las Abejas, ni Lechugueros, ni Titánicos; en el Domo de la Feria no había ‘básquet’, pero lo que sí te podías encontrar eran las transmisiones de la AAA con el Hijo del Perro Aguayo, Los Vipers, Latin Lover y el talento local encabezado por Bobby Lee Jr., la lucha libre en ese tiempo era un espectáculo concurrido y exigido por la afición del Bajío.
Eso sí, la Fiera aún no sufría su último descenso, aquel que lo dejó en la división inferior durante 10 años, y entonces, en el Invierno del 2000, podías ir al Nou Camp para ver los clásicos contra el Atlético Celaya o el Irapuato; además, el Malecón aún tenía la vista del histórico estadio de La Martinica.
Recorrer la ciudad exigía una dinámica distinta, no había pagobús, mucho menos oruga, las ciclovías no eran tantas y, por otro lado, el tráfico de automóviles era evidentemente menor. Incluso, por las distancias, no era tan descabellado caminar de un punto a otro. Hoy los tiempos de traslado han aumentado, las aglomeraciones, una consecuencia directa del crecimiento y el desarrollo de una ciudad.
En aquellos años la frase “vamos a la Madero” no tenía una connotación festiva, en esa zona no había vida nocturna ni una nutrida oferta cultural o gastronómica, el Expiatorio y su plaza no estaban terminadas. El fin de semana ibas al Centro con tu familia, a misa y a desayunar en los portales; entre semana los objetivos eran las mercerías, bisuterías e importadoras, por supuesto los mercados eternamente populares y los tianguis de temporada, ya sea para Navidad, Día de Muertos o para celebrar la Independencia.
El Centro de Convenciones recientemente había dejado su lugar para la llegada del Poliforum, un proyecto que consolidaba este polígono como un espacio de turismo de negocios, cultural y de entretenimiento que evolucionó hasta lo que tenemos hoy en día.
La Feria Estatal de León ya era considerada como una de las más importantes del país, decorada por juegos, pirotecnia y espectáculos tradicionales, así como los huaraches y las gorditas; aún no existía el Centro de Espectáculos, la Velaria o el Foro del Lago, ni las presentaciones internacionales que hoy asombran y convocan a público de todo México.
A finales de los 90, el cine era un atractivo popular. En aquel entonces existían espacios como el Conjunto Estrella, en donde el Cinema Estrella (ya en sus últimos suspiros) compartía espacio con el famoso bar Lalos’n Charlie’s, la Comercial Mexicana, la Librería Cristal y uno de los varios Videocentros que había en la ciudad, espacios que representaban una práctica hoy extinta sobre el consumo cinematográfico en el hogar.
Lo que antes era ir a uno de estos sitios para alquilar una película hoy ha sido sustituido por el tiempo que pasas eligiendo tu próxima serie sentado en tu sillón, con sus considerables diferencias. Para quien no le tocó ir a rentar una película, esto significaba una decisión trascendental porque si llegabas a elegir mal, tendrías que vivir con esa decisión varios días, semanas incluso, hasta regresar la película y tener una nueva oportunidad.
Esta experiencia venía con una serie de dinámicas que hoy solo viven en el recuerdo: el ducho cinéfilo dependiente que te recomendaba lo mejor de acuerdo con tus necesidades, el ríspido debate entre tus hermanos, amigos o padres para decidir entre los gustos de cada uno y, por supuesto, la responsabilidad de regresar la película a tiempo (y rebobinada), primero, para no generar recargos y luego, para mantener el favor de los empleados del videoclub.
Siguiendo con el cine, otro lugar para pasar el día era la Gran Plaza, hoy un espacio a punto de sucumbir. En aquel entonces era un centro comercial saludable y muy atractivo, más allá del cine, se incluían las fiestas infantiles en Mc Donald’s, la oferta comercial de sus diversas tiendas de ropas y regalos, juegos infantiles con pantallas táctiles, el Vips que tenía sección para comprar libros y regalos, y las maquinitas de Ninja y Playtime.
Hoy ‘nomás’ el recuerdo queda, 25 años de una ciudad que se quedó sin los Helados Bing, las hamburguesas de Mardavis, Los Figus, el Bar Vegas; un tiempo en el que hemos visto aparecer y desaparecer proyectos y espacios que nos dieron recuerdos de identidad como ciudad, el auge y caída de la Plaza Venecia, el Cocktail Bar, el Monaghan, el White Rabbit, La Placita Campestre, el JC Penny y mucho más.
Todo eso se ha ido pero a cambio nos queda una ciudad evolucionada, con sus traspiés y sus retos por solucionar, pero con opciones multiplicadas en todos los aspectos, hoy tenemos el Forum Cultural, la Plaza de Gallos, muchísimos centros comerciales en las distintas zonas del municipio, la comida tradicional sigue presente en los barrios y mercados, el Centro Histórico revivió y hoy es una zona que a cualquier hora y cualquier día de la semana nos ofrece actividades y experiencias.
Así pasaron los primeros 25 años de un nuevo milenio que al desarrollo de la ciudad le ha pintado buena cara. Culturalmente el crecimiento de la ciudad es evidente, por supuesto que le duelen varias cosas y que las oportunidades para mejorar están ahí llamando a la puerta, pero si echamos una mirada al pasado, este primer cuarto del siglo XXI le ha venido bien a León.
Referencias.
(s.f.). https://iplaneg.guanajuato.gob.mx/indicadores/tablero508m
Monroy, B. (2019, 29 de agosto). FUE EL CONJUNTO ESTRELLA UN MONUMENTAL CENTRO COMERCIAL. heraldoleon.mx. https://www.heraldoleon.mx/fue-el-conjunto-estrella-un-monumental-centro-comercial/
Lugares en León Guanajuato que son recordados con melancolía. (2022, mayo). tertuliapodcast.mx. https://tertuliapodcast.mx/por...